Abril 20, 2009...0:01

Traducir a Salinger

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Por Martín Cristal

Si para traducir a Shakespeare —uno solo de sus versos— los problemas eran, además del sentido, las exigencias poéticas (cadencia, distribución de acentos, métrica…), en la prosa el problema se presenta cuando el autor aprovecha un juego de palabras en el idioma original justo en el meollo del relato, lo que afecta a la narración completa. Para ejemplificar esto, tomo algunos casos de los célebres Nueve cuentos de J. D. Salinger. Consulto la edición traducida por Elena Rius (Edhasa, 2007).

1. “El tío Wiggily en Connecticut”

Uno de mis favoritos. Dos amigas conversan y beben mientras una de ellas recuerda a un hombre que conoció antes de casarse. Eloise le cuenta a Mary Jane que aquél era un hombre muy divertido, y le da un ejemplo:


Una vez —dijo— me caí. Acostumbraba esperarlo en la parada del autobús, frente a la cantina del regimiento, y una vez llegó tarde, cuando el autobús ya se iba. Empezamos a correr y yo me caí y me hice daño en un tobillo. Dijo: “¡Pobre tío Wiggily!”. Llamó “tío Wiggily” a mi tobillo. ¡Qué simpático era!

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“Once,” she said, “I fell down. I used to wait for him at the bus stop, right outside the PX, and he showed up late once, just as the bus was pulling out. We started to run for it, and I fell and twisted my ankle. He said, ‘Poor Uncle Wiggily.’ He meant my ankle. Poor old Uncle Wiggily, he called it. . . God, he was nice.”

¿Cuál fue el chiste, qué lo hizo “divertido”? Sin saber ni un poquito de inglés, es imposible de captar y, sabiendo algo, todavía es difícil, porque consiste en dos juegos de palabras.

1. El primero, la similitud, en inglés, de la pronunciación de ankle (“tobillo”) y uncle (“tío”). En lugar de decirle a Eloise “¡Pobre tobillo…!”, aquel hombre divertido —Walt Glass— le dijo: “¡Pobre tío…!”.

2. ¿Cómo supo Eloise que él le decía “tío” y no “tobillo”? Porque le dijo “Poor old Uncle Wiggily”, y eso es lo segundo que hay que saber: el “Tío Wiggily” es el título de una colección popular de cuentos infantiles, cuyo protagonista es un conejo, Uncle Wiggily Longears (“el tío Wiggily Orejaslargas”).

El cuento puede leerse igual sin entender del todo el chiste y asumiendo que aquello fue “divertido” para Eloise aunque para nosotros no lo sea tanto: supongo que por eso la traductora prefiere no intercalar una nota al pie, que podría romper la magia del relato. Sin embargo, no hay que olvidar que aquella evocación de una felicidad que pudo haber sido y no fue, y que contrasta con el presente chato y sin sentido de Eloise, sí es central para el cuento, tanto que “el tío Wiggily” aparece en el título.

unclewiggily

2. “En el bote”

Este cuento comienza así:


Eran un poco más de las cuatro de la tarde de un veranillo de San Martín.
_______

It was a little after four o’clock on an Indian Summer afternoon.

Para un lector español o del hemisferio norte puede que esta referencia sea clara, pero yo, que vivo en Argentina, tuve que averiguar qué era eso de “veranillo de San Martín”. El original en inglés dice indian summer (literalmente “verano indio”) que es la forma en que se designan esos calorcitos a finales del otoño, el último estertor de sol antes de la llegada del invierno. Ahora bien: el día de San Martín es en noviembre, es decir, un mes antes de terminar el otoño… en el hemisferio norte. La traductora optó por esa expresión que aquí al sur no nos dice nada, y eso nos recuerda el viejo problema de los localismos. Hoy la mayoría de los libros se traducen en España, y nos toca padecerlo a los latinoamericanos (en otras épocas la cosa estuvo más repartida, aunque hubo quien se quejó de que la primera traducción del Ulises de Joyce al castellano, realizada por Salas Subirat en Buenos Aires, contenía demasiados porteñismos o argentinismos). Incluso el diminutivo “veranillo” resulta extraño para nosotros.

Quizás no haya otras opciones mejores para indian summer, al punto que Borges usa la misma expresión al traducir Las palmeras salvajes de Faulkner. En todo caso, esta primera línea no es determinante para la acción, al menos no tanto como otro momento del cuento. [El siguiente caso contiene spoilers. Quien todavía no haya leído el cuento, mejor que salte al ejemplo 3, así no le arruino la historia.]

“En el bote” va así: Boo Boo Glass sale a ver qué le pasa a su hijito Lionel, que está metido en un bote, en la orilla del lago, enfurruñado quién sabe por qué. Boo Boo intenta averiguar por distintos medios qué es lo que molestó al chico, pero éste no quiere decírselo. Por fin Lionel empieza a llorar y entrecortadamente le confiesa a su madre que escuchó algo que la empleada doméstica le dijo a una vecina:


—Sandra… le dijo a la señora Snell… que papá es un moisés grandote y estúpido.

Boo Boo lo consuela así:

—Bueno, no es algo tan terrible —dijo Boo Boo, aprisionándolo entre sus brazos y sus piernas—. No es lo peor que podía suceder. —Suavemente mordió la oreja del chico—. ¿Tú sabes lo que es un moisés, querido?

Entonces Lionel piensa y contesta:

Es una de esas cosas para llevar bebés —dijo—. De mimbre, con asas.

Es el momento crucial del cuento: el chico revela que la molestia proviene de haber escuchado un comentario despectivo respecto de su padre, que es judío (el apellido de casada de Boo Boo es Tannenbaum). “Un moisés grandote y estúpido” (un moishe, dirían en Argentina). La madre le hace una pregunta para sondear si el chico entiende; Lionel desvía su atención hacia una de las acepciones de la palabra “moisés”, como si ya no pudiera percibir la ofensa (que reside en otra de las acepciones). Pareciera que a partir de ahí, la ofensa del comentario se desvanece en su entendimiento, y así se le pasa el enojo.

Salinger consigue un momento muy tierno entre madre e hijo. El asunto es que, en el original, el juego de palabras es otro… y lo que sucede entonces es diferente. Aquí la traductora no lo tenía nada fácil. Veamos. En inglés el chico confiesa:


“Sandra — told Mrs. Smell — that Daddy’s a big — sloppy — kike.”

…donde kike es el término ofensivo hacia los judíos, sin otro uso más que ése. Entonces la madre pregunta: Do you know what a kike is, baby?” (“¿Y vos sabés lo que que es un kike?”). El niño piensa y entonces: magia. Lionel contesta:


“It’s one of those things that go up in the air,” he said. “With strings you hold.”

“Es una de esas cosas que vuelan por el aire, con hilos para sujetarlas…”. Es decir, un barrilete (kite en inglés). Lionel, que percibió el tono de la ofensa pero sin saber muy bien a qué se refería, confunde los términos kike y kite, y esa confusión es la que aplaca su enojo.

La traductora ha tenido que buscar una relación parecida y, aunque el efecto no es idéntico, hay que reconocer que el asunto era muy difícil, por lo que creo que el resultado es bastante bueno, dentro de todo.

3. “Teddy”

Dos ejemplos más, raros, aunque no son cruciales para captar la historia. En este cuento, un niño dice, refiriéndose a su hermano: “Éste ni siquiera ha oído hablar del tric-trac. Ni siquiera tiene uno”. Pues la verdad, yo tampoco tengo uno, ni he oído hablar jamás del “tric-trac”. Lo busco en el original: en lugar de “tric-trac” el texto simplemente dice backgammon. Ahora sí…

Más adelante, el propio Teddy dice, con la voz de su traductora: “En mi opinión, la vida es un presente griego”. El original dice: Life is a gift horse in my opinion. La vida es “un caballo de regalo”, sería la expresión vertida literalmente. ¿Un caballo regalado? ¿Un caballo de Troya? El párrafo se compone de esa sola oración, sin ningún contexto clarificador.

En todo caso, conviene no olvidar que cualquier texto traducido también puede ser un caballo de Troya: un regalo, un favor que alguien nos hace para acercarnos algo que, en su interior, tal vez signifique una cosa muy diferente de la que recibimos.

8 comentarios

  • [...] El primero es un post de nuestro amigo, Martín Cristal que en una nueva aventura, se encarga de desglosar algunos inconvenientes en la traducción del célebre Nueve cuentos de Salinger, bibliografía obligatoria de cualquier taller literario de la Ciudad de Buenos Aires. Justo ayer repasé “Un día perfecto para el pez banana” y me encontré de nuevo con el problema de traducir Seymour Glass (el nombre del protagonista) por “ve más vidrio”. Dificil. Link [...]

  • Más que interesantes todos los ejemplos. Vaya tema el de la traducción y arduo el trabajo de los traductores.
    Apenas ayer estuve a punto de abandonar un libro (Personajes desesperados, de Paula Fox) porque la lectura se me hace ardua por la traducción. Sé que me estoy perdiendo mucho, pero lo que realmente me está molestando son los tiempos de verbos que usa el traductor: mucho pretérito perfecto, al que nosotros estamos poco acostumabrados. Ej.: “Él ha llamado y ha preguntado… y ha dicho… y ha vuelto a decir y ha preguntado…”: nadie escribiría así en castellano.

    Pero, como bien decís, o la leo a Paula Fox así, o no la leo.

    Paso este post a mis amigos traductores.

    Saludos!

  • Estrella: sí, las malas traducciones pueden ser fatales, salvo que la fuerza del texto original “se abra camino” de todas maneras, como dice Borges —con su habitual falsa modestia— en el prólogo donde justifica su traducción de Hojas de hierba, de Whitman:

    “Recuerdo haber asistido hace muchos años a una representación de Macbeth; la traducción era no menos deleznable que los actores y que el pintarrajeado escenario, pero salí a la calle deshecho de pasión trágica. Shakespeare se había abierto camino; Whitman también lo hará.”

    Roberto Bolaño coincide en que el manoseo de la traducción es una de las grandes pruebas del valor de un texto. Lo dice en uno de sus artículos compilados en Entre paréntesis:

    “¿Cómo reconocer una obra de arte? ¿Cómo separarla, aunque sólo sea un momento, de su aparato crítico, de sus exégetas, de sus incansables plagiarios, de sus ninguneadores, de su final destino de soledad? Es fácil. Hay que traducirla. Que el traductor no sea una lumbrera. Hay que arrancarle páginas al azar. Hay que dejarla tirada en un desván. Si después de todo esto aparece un joven y la lee, y tras leerla la hace suya, y le es fiel (o infiel, qué más da) y la reinterpreta y la acompaña en su viaje a los límites y ambos se enriquecen y el joven añade un gramo de valor a su valor natural, estamos ante algo, una máquina o un libro, capaz de hablar a todos los seres humanos: no un campo labrado sino una montaña, no la imagen del bosque oscuro sino el bosque oscuro, no una bandada de pájaros sino el Ruiseñor.”

    Si estás por abandonar el libro de Fox, tal vez no se deba a la insistencia del pretérito perfecto… Saludos.

  • Eso de Bolaño es lo determinante: ¿cómo sabemos que Dostoievski fue amo de una fuerza expresiva como pocas en la historia de la literatura? Porque resiste lenguas y exégesis, pasajes intraducibles y se erige en la pureza de un estilo que no es lenguaje y no es ruso: grandeza pura.
    Con lo de Salinger, pues sí que la tuvo difícil la traductora; el inglés se presta para sutiles juegos intraducibles que, sin embargo, la riqueza del español puede convertir en nuevos juegos y episodios que a la vez no tendrán traducción etc. etc.
    Excelente análisis de ejemplos, se disfruta mucho.

  • Gracias, Guillermo, me alegro de que los ejemplos resulten disfrutables.

  • [...] Sobre la traducción al castellano de los célebres Nueve cuentos de J. D. Salinger.[Leer] [...]

  • Post muy interesante y útil.

    Después de leer algunas de las traducciones al castellano de los cuentos de Salinger “inéditos” (más bien no reeditados) que circulan por la red, me he decidido yo mismo a intentarlo. De lo que he leído, solo las de Javier Marías son dignas. Las otras son directamente ilegibles, se “ve” el inglés a través de la traducción por no adaptar expresiones o construcciones gramaticales.

    Éste se ha convertido en un ejercicio apasionante y más complejo de lo previsto. En cualquier caso, y en relación con la traducción de “Nueve cuentos”, para los bilingües recomiendo la versión catalana de Quim Monzó. A mí me gustó más que la castellana.

    En otro orden, entiendo que a un argentino le haga gracia los localismos del Ulysses de Salas Subirat, a mí me arruinó partes importantes de la lectura. Me resultaba incomprensible. Algo parecido me pasó con el “Dublineses” en la versión de Cabrera Infante cuyo vocabulario se me antojó, no solo exótico, sinó además arcaizante. Más comprensible que el Ulysses, pero los irlandeses con acento cubano no me resultaban creíbles.

  • Jordi: me alegro de que el artículo te sirva, ojalá podamos leer algunas de tus traducciones (la de “Hapsworth…” se agradecería…).

    Respecto del Ulises… bueno, qué hacer con él. Toda posición respecto de las traducciones de una obra así termina siendo relativa; no se puede dar un dictamen absoluto. (De paso: imaginate la lista de autores “arruinados” por traductores españoles que tenemos por aquí… por supuesto que son “arruinados” para los lectores latinoamericanos solamente).

    Creo que lo bueno es que haya más de una traducción disponible, para que el interesado pueda comparar y elegir. Por supuesto, esto no siempre es posible.

    Saludos y gracias por el comentario.


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