Lo mejor que leí en 2013

Por Martín Cristal

Van en orden alfabético de autores; esto no es un ranking. Figura el link a la correspondiente reseña, si es que la hubo en este blog. Aquí están los libros que más disfruté leer en 2013:

Rascacielos-J.G.BallardRascacielos
de J. G. Ballard
(novela)
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Alessandro-Baricco-Mr-GwynMr Gwyn
de Alessandro Baricco
(novela)
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Isidoro-Blaisten-AnticonferenciasIsidoro-Blaisten-Cuando-eramos-felicesAnticonferencias y
Cuando éramos felices
de Isidoro Blaisten
(artículos)

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Alejo-Carbonell-Sendero-luminosoSendero luminoso
de Alejo Carbonell
(poesía)

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Junot-Diaz-Asi-es-como-la-pierdesAsí es como la pierdes
de Junot Díaz
(relatos)
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Los-ultimos-Katja-Lange-MullerLos últimos
de Katja Lange-Müller
(novela)
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La-comemadre-Roque-LarraquyLa comemadre
de Roque Larraquy
(novela)
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Stanislaw-Lem-SolarisSolaris
de Stanislaw Lem
(novela)
Leer reseña

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Alejandro-Lopez-keres-cojer-guan-tu-fakkeres cojer? = guan tu fak
de Alejandro López
(novela)

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Yasmina-Reza-ArteArte
de Yasmina Reza
(teatro)

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Damian-Rios-El-verde-recostadoEl verde recostado
de Damián Ríos
(poesía)

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Francis-Scott-Fitzgerald-El-Gran-GatsbyEl gran Gatsby
de F. Scott Fitzgerald
(novela)

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Conversaciones-con-mario-levrero-silva-olazabalConversaciones con Mario Levrero
de Pablo Silva Olazábal
(entrevista)
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Robert-Silverberg-Muero-por-dentroMuero por dentro
de Robert Silverberg
(novela)
Leer reseña

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Kurt-Vonnegut-Desayuno-de-campeonesDesayuno de campeones
de Kurt Vonnegut
(novela)

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Laura-Wittner-La-tomadora-de-cafeLaura-Wittner-Balbuceos-en-una-misma-direccionLa tomadora de café y
Balbuceos en una misma dirección, de Laura Wittner
(poesía)

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[Ver lo mejor de 2012 | 2011 | 2010 | 2009]

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Armando Zárate, in memoriam

Por Martín Cristal

Recién anoche me enteré del fallecimiento de Armando Zárate, ocurrido a principios de este mes. Poeta, ensayista, Doctor por la Universidad de California y Profesor Emérito de la Universidad de Vermont (Estados Unidos), Zárate casualmente compartía conmigo el hecho de haber vivido un tiempo en México: yo acababa de volver desde el DF a Córdoba cuando lo conocí (por intermedio de mi padre) en 2004; él había vivido en la capital mexicana como becario, en la década del sesenta. Tiempo más tarde descubrí que la autora mexicana Margo Glantz lo recordaba en el capítulo XLVI de su novela Las genealogías: Zárate era uno de los habitués del Carmel, el café de la familia Glantz, donde “cenaban y hacían poesía” él y otros poetas como Luis Mario Schneider o el chileno Gabriel Carvajal.

En 2007, Armando tuvo la amabilidad de presentar mi novela La casa del admirador. Por aquella gentileza siempre le estaré agradecido.
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Con Armando en una sala del Cabildo de Córdoba, antes de la presentación de la novela.
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Ese mismo año, Zárate publicó su Álbum poético de Córdoba (Ed. Comunicarte), libro de exquisita factura editorial en el que amplía su anterior Memorial poético de Córdoba (Ed. del Fundador, 2000), agregándole otros textos relacionados con la provincia, aunque ya no necesariamente de autores cordobeses.

El Álbum es una lectura de gran provecho para aprehender un derrotero (posible, entre tantos otros trazables) de la larga tradición poética de Córdoba. La muestra se presenta enriquecida con la mirada de otros poetas que pasaron por la provincia, como por ejemplo Pablo Neruda (del que Zárate selecciona dos odas: “…a las tormentas de Córdoba” y “…al algarrobo muerto”), o por un narrador como Daniel Moyano, que en el libro es capaz de sorprender con un poema: “El niño”. (Zárate me contó que una vez Moyano leyó este poema en público —¿en Vermont?—, y que apenas terminó, dejó caer el papel sobre la mesa y dijo con desdén: “no me gusta”). Moyano —que además de escritor, era músico, plomero y albañil— era muy amigo de Zárate, y le había hecho toda la cañería de su casa. Esto lo cuenta Armando en una entrevista que le hizo Rogelio Demarchi en La Voz del Interior con motivo de la publicación del Álbum. En esa misma casa vi colgado el cuadro de Manuel Reyna que ilustra la tapa del libro: la capilla de Candonga más linda que conozco (y eso que hay cientos de Candongas pintadas en Córdoba).

La selección del Álbum poético de Córdoba realizada por Armando Zárate arranca con el mismísimo fundador, Jerónimo Luis de Cabrera; lo siguen, entre muchos otros nombres ilustres, Luis de Tejeda, Leopoldo Lugones, José Rivera Indarte, Hilario Ascasubi, el Conde de Lautréamont, Carlos Romagosa, Arturo Capdevila, Saúl Taborda, Enrique Banchs, Azor Grimaut, Enrique Luis Revol o Emilio Sosa López (que dirigió junto a Zárate la revista Mundi; antes Zárate también había fundado una revista de poesía, Cara verde).

Para mi historial como lector, la inclusión más importante —porque en aquel entonces fue para mí toda una revelación— fue la de Romilio Ribero, que figura con dos poemas geniales: “Bailar en sal” y “Animales peligrosos”. Por estos poemas salí a buscar los libros de Ribero (toda su poesía está editada por Alción). También me impulsó la semblanza que Zárate hace del poeta: “Nadie sabía en Córdoba de qué vivía Romilio o de qué podría vivir. Un día, por mediación de un funcionario, le cedieron un cuarto de conserje en el teatro Rivera Indarte. Romilio, en las noches más frías y solitarias, se tendía envuelto por el alfombrado en las galerías y muy a gusto con los fantasmas del Coliseo”.

También por ese descubrimiento le estoy agradecido a Armando Zárate. Que en paz descanse.

La guerra y dos poetas

Por Martín Cristal

La siguiente crónica se publicó en el Nº 12 de Deodoro. Gaceta de crítica y cultura de la Universidad Nacional de Córdoba (septiembre de 2011).

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Crónica

La guerra y dos poetas

Dos poetas contemporáneos que se salen de la página para frenar la guerra. Una crónica para seguir sus derroteros de poetas sin derrota.
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1

En febrero de 2003, el poeta norteamericano Sam Hamill encontró en su buzón un sobre con una invitación de la señora Laura Bush. La primera dama de Estados Unidos quería que Hamill participara de un simposio de poesía en la Casa Blanca.

Eso —y lo que siguió después— lo resume Esteban Moore en el prólogo de la admirable edición cordobesa de Un canto pisano (Postales Japonesas Editora, 2011), una selección de poemas de Hamill, en versión castellana del propio Moore. Dicho prólogo resulta crucial. ¿Cómo recibiríamos los versos de Hamill si no supiéramos nada de aquella carta con tan poderoso membrete, The White House? ¿Cómo los leeríamos si desconociéramos lo que el poeta decidió contestarle a la esposa de uno de los hombres más poderosos del planeta?
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2

En marzo de 2011, el poeta mexicano Javier Sicilia estaba lejos de su país cuando recibió una noticia devastadora: habían encontrado siete personas muertas dentro de una camioneta abandonada en el estado de Morelos. Todo indicaba que el crimen tenía relación con el narcotráfico: atados y con señales de tortura, al parecer todos en el vehículo habían muerto por asfixia. Entre esos cuerpos estaba el de Juan Francisco Sicilia Ortega, de 27 años, hijo del poeta. Contra la costumbre gubernamental de criminalizar automáticamente a las víctimas, el Procurador General de Justicia de Morelos declaró días después que el chico no tenía relación con el crimen organizado. Era sólo una víctima colateral más.

Sicilia voló desde Filipinas a México para el funeral. Una odisea de retrasos, visas no concedidas y aduanas eternas. En uno de esos aviones escribió su último poema. El último de todos.

3

La noche anterior a la llegada de esa carta, Hamill había estado leyendo acerca de los planes que George W. Bush tenía para Irak; de ahí que decidiera rechazar la invitación de la primera dama. Escribió una carta abierta pidiéndoles a sus colegas que firmaran un petitorio contra esa guerra inminente con la que Bush pretendía vengar los atentados del 11 de septiembre.

“Creo que la única respuesta legítima a semejante bancarrota moral y a una idea tan excesiva e imprudente es reconstituir Poetas Contra la Guerra, un movimiento como el que se organizó para hablar en contra de la guerra en Vietnam”, escribió Hamill, quien había sido objetor de conciencia durante aquella guerra. Esto derivó en un foro —poetsagainstthewar.org, hoy desaparecido— en el que los poetas podían manifestarse en tal sentido. En menos de un mes, llegaron al sitio unos doce mil poemas por la paz, los cuales fueron recopilados y presentados ante el Congreso de Estados Unidos.

Laura Bush tuvo que suspender el simposio: “sería inapropiado convertir un encuentro literario en un foro político”, declaró. Por supuesto, Hamill no saldría indemne de su desaire.
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Marcy Kaptur, diputada demócrata de Ohio, con los poemas recopilados por Poets Against The War. A la derecha, Hamill, en plena conferencia de prensa. [Fuente: LJWorld.com]
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4

Javier Sicilia leyó su último poema frente a la tumba de su hijo, en Cuernavaca. Hasta entonces, en su obra poética siempre había manifestado una veta entre mística y religiosa, aunque también era un pensador político, que colaboraba en publicaciones como La Jornada o Proceso.

Según los recogió el diario mexicano Milenio, los últimos versos de Sicilia decían: El mundo ya no es digno de la palabra / Nos la ahogaron adentro / Como te (asfixiaron), / Como te desgarraron a ti los pulmones // Y el dolor no se me aparta / sólo queda un mundo / Por el silencio de los justos / Sólo por tu silencio y por mi silencio, Juanelo.

El poema terminaba ahí. Enseguida, el poeta agregó: El mundo ya no es digno de la palabra. Es mi último poema: no puedo escribir más… La poesía ya no existe en mí.
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5

En 1972, Hamill y otros poetas habían fundado Copper Canyon Press, una pequeña editorial que prolongó su actividad hasta el presente, para convertirse en un reconocido sello independiente de poesía en Estados Unidos.

Tras oponerse al simposio, los ataques hacia Hamill comenzaron a sumarse desde la TV o desde importantes diarios, generados “por periodistas e intelectuales cercanos a la administración republicana”, según precisa Moore. La presión hizo que el directorio de Copper Canyon Press le pidiera a Hamill la renuncia a su cargo, para bien de la propia editorial. El poeta también tuvo que dejar la dirección del Port Townsend Writers’ Conference, un encuentro anual de escritores en el estado de Washington. El poeta se ve forzado a dejar labores de años, pero no deja de escribir.
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6

Sicilia no escribe más poesía. Escribe, sí, una carta abierta a los políticos y los criminales de su país: “estamos hasta la madre de ustedes”, les dice. Después encabeza una marcha de treinta y cinco mil personas en Cuernavaca, exigiendo el esclarecimiento del caso. La marcha se replica simultáneamente en otros quince estados. En mayo, Sicilia vuelve a marchar hacia el DF; sólo que ahora, en el último tramo, lo hace seguido de más de sesenta mil manifestantes (hay quien dice cien mil). Es gente harta de la locura que, en los últimos cinco años, suma en México cuarenta mil asesinatos relacionados con el narco. Sicilia presenta varias demandas al gobierno, entre las que se destaca la de cesar con la errónea estrategia de guerra en el combate al narcotráfico.

El poeta —porque no hay ex poetas— sigue adelante. Tras él se enfilan toda clase de organizaciones y millones de mexicanos. En junio, marcha hacia la capital mundial de la violencia: Ciudad Juárez. Su figura concita el apoyo y la atención que en los noventa recibió el Subcomandante Marcos; incluso el mismo Marcos se ha solidarizado con él. Sicilia dialoga con el presidente, con los legisladores. Organiza una colecta y programa otra marcha hacia el sur. Marchando, revitaliza a un pueblo mexicano que estaba inmovilizado ante un horror incontrolable.

Es un 2011 que la historia mundial recordará con la palabra indignación.
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7

En los poemas de Hamill —especialmente en el que da título al libro, abierta referencia a Pound— se traslucen ráfagas de una amarga indignación: Un presidente que dice mentiras que guían a la masacre, / periodistas repitiendo las mentiras que guían a la masacre, / qué importa un poco de excremento en tu hamburguesa / si esto no impide la producción / y por lo tanto asegura el beneficio?

A la vez, también se encuentran versos de una sabia resignación, que moderan lo anterior: Y mi amigo simplemente me dijo: “Thich Kuang Dúc / ha alcanzado la paz verdadera”. / Y yo supe esa noche que la paz verdadera / nunca estaría a mi alcance […].
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8

¿Cuánto influye en Estados Unidos el narcotráfico mexicano y cuánto, en México, las decisiones de la Casa Blanca? ¿A quiénes representan verdaderamente los gobiernos de uno y otro país? ¿En qué proporción se debe considerar la biografía de un creador cuando se sopesa su obra? ¿Será de verdad, ése, el último poema de Sicilia? ¿No aprovecha Hamill el aura de la disidencia para así inventar o acrecentar su propio mito? ¿Hasta qué punto se actúa tal cual se siente y desde qué punto se empiezan a calcular efectos y proyecciones? ¿Cuál es el equilibrio ideal entre arte y política, cuándo se potencian y cuándo se aniquilan entre sí?

Y ¿dónde empieza la poesía? En Hamill, hay tanta poesía en el gesto que antecede a las palabras como en las palabras mismas; en Sicilia, hay tanta poesía en la acción que sucede a las palabras como en las palabras mismas. Ambos son pruebas vivientes de que la poesía puede ser más que lo impreso en una página. Hamill aprendió eso de Kenneth Rexroth, su maestro, a quien le dedica un “Réquiem” en el libro. Con dolor mucho más grande, Sicilia lo aprendería de su hijo. Y, a su manera, marchando por todo el país, también le dedicaría un réquiem.

¿Dónde termina la poesía?

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Javier Sicilia al frente de una marcha contra la violencia en las calles de Cuernavaca.
[Foto: Omar Torres/AFP. Fuente: Eljacaguero.com].

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Nota: la presente crónica contiene fragmentos de mi reseña del libro de Hamill, publicada en El lince miope.

Un canto pisano, de Sam Hamill

Por Martín Cristal

¿Cuál es el equilibrio ideal entre arte y política, cuándo se potencian y cuándo se aniquilan entre sí? ¿En qué proporción se debe considerar la biografía de un creador cuando se sopesa su obra? En febrero de 2003, el poeta norteamericano Sam Hamill (1943) encontró en su buzón un sobre con una invitación de Laura Bush. La primera dama de Estados Unidos quería que Hamill participara de un simposio de poesía en la Casa Blanca. Consciente de los planes que George W. Bush tenía para Irak, Hamill decidió…

Seguir leyendo en El lince miope

Lo mejor que leí en 2010 (3/3)

Por Martín Cristal

Tercera y última parte de los libros que más disfruté leer en 2010:
[Leer Primera parte]
[Leer Segunda parte]

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Parranda larga. Antología poética,
de Nicanor Parra

Alfaguara, 2010. Poesía.
Llegamos a Parra por Bolaño, que lo señalaba como su poeta favorito. Luego de la muerte de Bolaño, Parra lo recordaría con uno de sus (¿anti?)poéticos “artefactos visuales”, que a mí me resultó conmovedor. Sobre la poesía de Parra, Elvio Gandolfo dice en el prólogo: “Su influencia se ha difundido por el modo en que atrae su modo de dar permiso, de abrir cancha en vez de cerrarla, de generar la audacia de hacer aquello que se tiene ganas de hacer, sobre todo con las palabras”.

Certero, lo de Gandolfo: ésa que él describe fue la sensación exacta que me dejó a mí este libro (cuyo prólogo leí, como corresponde, al final), además de la sorpresa de que la poesía pueda ser, también, muy divertida. Y ese “en poesía vale todo”, que el propio Parra expresa en uno de sus versos, me llevó a una nueva práctica: el remix de poesía, que iniciamos con el mismo Parra, que ya continuamos con Giannuzzi y Casas, y que en adelante seguiremos practicando con otras antologías, como una forma de que la poesía se reseñe a sí misma.

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La descomposición y Glaxo,
de Hernán Ronsino

Interzona (2007) y Eterna Cadencia (2009), respectivamente. Novelas.

En
El pez volador ya le dedicamos un artículo a Glaxo, la segunda novela de Ronsino, concisa y redonda.

Aprovechamos entonces para recomendar también la primera: La descomposición (Interzona, 2007). Ambas comparten un mismo personaje, Bicho Souza, aunque también se entrecruzan otros. La acción de las dos novelas abarca hechos que van desde los años treinta hasta finales del siglo XX.

Los sucesos de La descomposición y los de Glaxo se sitúan en un mismo pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires: Ronsino trabaja el concepto faulkneriano-onettiano de “unidad de lugar”. Leyendo ambas novelas se puede ir completando una línea de tiempo con los hitos de la historia íntima de ese pueblo, que casi siempre ocultan miserias personales y disimulan una violencia contenida (un olor a podrido de fondo: la descomposición). Esa violencia, en ambas novelas, deviene en crímenes inconfesables, de los que sólo el lector es testigo privilegiado. Seguramente volveremos a este pueblo y a estos personajes en las futuras obras de Ronsino.

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Spinoza. Una introducción,
de Diego Tatián

Editorial Quadrata-Biblioteca Nacional, 2009. Ensayo/Filosofía.

La colección “Pensamientos locales”, dirigida por Adrián Cangi y Ariel Pennisi, convoca a un intelectual argentino para que nos introduzca en el mundo de un filósofo de peso y fama universales: Ricardo Forster nos acerca al pensamiento de Walter Benjamin, Roberto Ferro al de Jacques Derrida…

Diego Tatián (Córdoba, 1965) es profesor de filosofía, ensayista, crítico y narrador. En el caso de esta presentación que hace de la vida y obra de Baruj Spinoza, lo primero que se agradece es el tono cordial y didáctico, que no intimida a quienes no somos versados en filosofía. Su amena oralidad se funda en el origen del texto: es la transcripción de un curso dictado en el marco del Programa de Estudios Judíos de la Universidad Nacional de Córdoba, en 2004.

Al contrario de lo que hacía Heidegger al dictar un seminario sobre Aristóteles, Tatián sí elige la biografía del filósofo como una vía esencial para acercarnos a su obra. El Herem (la excomunión de Spinoza del seno de la comunidad judía de Amsterdam, en 1656) es el hecho central desde el que Tatián desovilla, hacia adelante y hacia atrás, la vida completa de Spinoza, como una plataforma para abordar luego los rasgos generales de sus obras más importantes: el Tratado teológico-filosófico, la Ética

Para una obra que se presenta a sí misma como una introducción quizás no haya mayores méritos que los que ésta alcanza claramente: el de acompañar al lector hasta la entrada, el de dejarlo con las ganas justas de saber más y el de darle ánimo para abordar una obra como la de Spinoza, que se entrevé muy difícil, pero que seduce de antemano por las definiciones cruzadas que Tatián propone para ella: una filosofía “como manera de vivir, y no como manera de morir”; una ética que no se pregunta por el cumplimiento adecuado de los deberes morales, sino que se propone hacernos “conocer nuestra propia naturaleza” para descubrir así nuestras compatibilidades y poder “combinar los encuentros de una manera tal que se incremente nuestra potencia de vivir”, en aras de “tratar de llegar a ser máximamente causa de nosotros mismos”.

Una síntesis de esta serie salió en diciembre en la revista digital Hermano Cerdo.

Lo mejor que leí en 2010 (2/3)

Por Martín Cristal

Segunda parte de los libros que más disfruté leer en 2010:
[Leer la primera parte] _____

Vidas perpendiculares, de Álvaro Enrigue

Anagrama, 2008. Novela.

La novela de este autor mexicano presenta una estructura compleja, basada en el concepto hindú de la transmigración de las almas. La saga de los Rodríguez Loera se irá barajando con las memorias de personas de distintas épocas y lugares del mundo; progresivamente, esas memorias dispersas se reconocerán como la autobiografía milenaria de una misma alma reencarnada varias veces. Este libro nos gustó mucho, tanto que lo recomendamos en el Nº 2 de la revista Ciudad X (agosto).

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Antología poética, de Joaquín O. Giannuzzi

Visor de poesía, 2006.

La profunda mirada de Giannuzzi es la que “ve” la poesía en todas partes (incluso en la anatomía interna del cuello de una jirafa); sus versos comparten con nosotros, sin distorsión, eso que él ve así, y que nosotros, de otro modo, no veríamos.

En algún punto, un par de versos condensan el sentido (filosófico, diría) de aquello que el poeta registra. Llegué al libro por este poema, que ya es famoso, pero que siempre alguien leerá, como yo, por primera vez:

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Poética
La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil, una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otro par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía
es lo que se está viendo.

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Creo que no tengo que agregar nada más. En todo caso, quién necesite más razones para leer a Giannuzzi, puede encontrarlas en el remix que hicimos aquí. (Lo siento, Joaquín: nosotros sí cambiamos la música de lugar…).

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Los combates cotidianos,
de Manu Larcenet

Norma, 2003-2008. Historieta.

Marco es un joven fotógrafo francés que desarrolla “comportamientos obsesivos” y “neurosis diversas”. Lo asaltan ataques de pánico que lo paralizan hasta el dolor físico. Los “combates cotidianos” son los que Marco libra día a día para lograr que los ataques al menos sean más espaciados.

La manera en que lo va logrando a lo largo de las cuatro entregas de la serie es, primero, yéndose a vivir al campo; luego relacionándose sinceramente con quienes lo rodean —sus nuevos vecinos; su pareja; su hermano y la familia de éste— y capeando todos los altibajos de estas relaciones; pero, sobre todo, desarrollando un nuevo camino para su fotografía. Marco deja atrás las fotos exóticas e impactantes que hacía cuando era corresponsal de guerra y pasa a involucrarse con los obreros de los astilleros franceses, donde también trabajó su padre. Retrata a estas personas, más próximas a su propia vida, cuando están pasando un momento difícil (estamos a comienzos del siglo XXI). La respuesta que Marco le da su galerista para defender esta decisión artística me conmueve y me resulta terriblemente inspiradora. En la cuarta parte hay un paseo nocturno de Marco con uno de los obreros —Pablo, que se parece a Faulkner—: el diálogo es honestísimo, magistral.

Así como Marco madura a lo largo de esta historieta, también lo va haciendo el dibujo de Larcenet. Inicialmente se ve caricaturesco, casi infantil, y no deja sospechar la densidad narrativa que la historieta será capaz de alcanzar, si bien desde el principio hay excepciones: las páginas en que Larcenet representa las fotografías en blanco y negro tomadas por su personaje. En esos pasajes —los más reflexivos de la obra— complejiza el trazo para ilustrar los pensamientos que, finalmente, evidencian el crecimiento de Marco, amén de su tránsito por las etapas naturales de la existencia humana: la muerte del padre, la relación de pareja, la llegada de una hija… Así, las reflexiones sobre el arte se van mezclando con la política y con las cosas más íntimas de la vida.

Los combates cotidianos es la historia de una madurez ganada a pulso, día a día. Una historieta que consigue conmover como pocas.

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La máquina de pensar en Gladys,
de Mario Levrero

Irrupciones, 2010. Cuentos.

Es el primer libro de cuentos de Levrero, publicado originalmente en 1970. Tardó más de 25 años en ver una segunda edición, rápidamente extinguida. Desde julio, y gracias al sello Irrupciones de Montevideo, por fin puede conseguirse esta tercera edición.

Aunque sin alcanzar todavía la riqueza de Espacios libres (1987), La máquina… ya es una buena muestra del Levrero más “raro”: con su frescura intacta, se desmarca de toda lectura totalizadora al reunir once cuentos extraños, entre los que brillan “La calle de los mendigos”, la historia de un hombre que comienza arreglando un simple encendedor y termina —tal como el de “Los reflejos dorados”— muy lejos del territorio familiar en el que empezó; “El sótano”, una pieza juvenil a lo Lewis Carroll; “La casa abandonada”, que varía sus misterios en cada habitación; y “Gelatina”, el primer relato de Levrero, treinta páginas magistrales con densidad de novela corta. Lo recomendamos en el Nº 5 de Ciudad X (noviembre).

[De paso y por si no lo vieron: en El pez volador hicimos un mapa completo de la obra levreriana].

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Leer parte 3 de 3

Lo mejor que leí en 2010 (1/3)

Por Martín Cristal

Va la misma introducción que al inaugurar esta costumbre en 2009:

No siempre salgo a cazar las últimas novedades; tampoco me atrinchero sólo entre los clásicos. Leo sobre todo narrativa, pero no exclusivamente. El azar puso estos excelentes libros en mis manos durante este año. Van en orden alfabético de autores (esto no es un ranking). Para coincidir o disentir con otros lectores, como recomendaciones o como agradecimiento por las recomendaciones de terceros, leyéndolos tarde o temprano respecto de otros (¿qué importa?), estos son los libros que más disfruté leer en 2010:
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100 balas, de Brian Azzarello
y Eduardo Risso

Vertigo-DC Comics, 1999-2009. Historieta.

Serie negra americana, altamente adictiva, con abundantes crímenes, gangsters violentos, chicas fatales, facciones de la mafia enfrentadas y conspiraciones secretas.

Una galería de personajes del bajofondo americano se va involucrando con el misterioso agente Graves a partir del tentador regalo que todos ellos reciben de sus manos: un maletín con pruebas irrefutables de alguna traición que merecería ser vengada, más una pistola y el toque mágico: 100 balas imposibles de rastrear. Cualquier crimen cometido con ellas será ignorado olímpicamente por la policía.

Es el viejo truco de la lámpara y los tres deseos, salvo que la lámpara de Azzarello es una automática, que el genio son cien balas y que el deseo de todos los involucrados es uno solo: gozar de impunidad en su venganza.

A lo largo de —of course— 100 entregas, el dibujo del argentino Eduardo Risso asegura, con su reconocible estilo, la cohesión imprescindible que otras series largas, que cambian de dibujante de un número a otro, no logran mantener (sólo el personaje de Lono parece alterarse —crece y se hace más brutal— desde su primera aparición hasta las últimas).

Azzarello logra que la aventura de cada entrega cierre bien y aporte más tensión al arco general de la historia, con paciente inversión en el trasfondo de cada nuevo personaje (aunque sin abandonar los estereotipos habituales del género). Así nos lleva directo a la gran conflagración: el religioso baño de sangre que nos espera al final de toda historia de mafia, al menos desde cada peli de El Padrino para acá.

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Cómo hablar de los libros
que no se han leído
, de Pierre Bayard

Anagrama, 2008. Ensayo.

Ni licencia para mentirosos ni recetario cínico: el de Bayard es un ensayo brillante sobre la no-lectura, que sincera ciertas imposturas de la circulación cultural. Si quieren hablar de este libro sin haberlo leído, pueden leer la recomendación que hicimos de esta obra en el Nº 3 de Ciudad X (septiembre).

Con eso basta para hablar de este libro. Claro que, si quieren hablar de otros libros sin leerlos, entonces sí les convendría leer completo el de Bayard…

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El amor es la más barata de las religiones,
de Ariel Bermani

HUM, 2009. Novela.

En un artículo que le dedicamos a las novelas de Ariel Bermani, dimos cuenta de esta novela corta que funciona como un catálogo de voces y que toma de Cesare Pavese su título y su problema central.

En ese artículo —que luego se reprodujo en la revista Casa del Tiempo (UAM, México DF)— relevamos las relaciones de El amor… con las otras dos novelas que Bermani lleva publicadas: Veneno y Leer y escribir. Las tres comparten personajes y rasgos comunes.

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Horla City y otros, de Fabián Casas

Emecé, 2010. Poesía.

Fabián Casas se apropió de la difusa y amenazadora aparición creada por Maupassant, El Horla, para darle nombre tanto a este libro como a su propio communication breakdown (nervous, más bien), el cual le apagó “la musiquita” durante un largo período…

Abarcando ese hiato, el libro reune toda la obra de Casas de los últimos veinte años y, cosa rara para un libro de poesía contemporánea, va camino a convertirse en un modesto best-seller nacional, cosa que ha desviado la atención de algunos desde los versos hacia este mero hecho contable. Un estrabismo que en general es producto de la envidia, como bien explica Alejandro Schmidt en su blog.

El libro compila imágenes tan sencillas y cotidianas como potentes; como ejemplo hay una heladera de Coca-Cola que fulgura en la noche de un estacionamiento y que posiblemente sea el Zahir de nuestro tiempo.

Casas admite: “…esta falsedad / de tensar los poemas con una catástrofe / se ha convertido ahora en mi segunda naturaleza”. Sincerado el método, sus versos traslucen melancolía persistente, o extrañeza sobre el entorno, o amor filial… Los malos poetas siempre riman amor con dolor; Casas no rima nunca y trasmuta ese amor (o dolor) en inquietud por el presente, o bien en la añoranza de otras épocas, de ciertos afectos, de ciertos lugares.

La cronología de estos poemas desnuda una erudición creciente que va incrementando el número de citas doctas. No es una mutación que yo prefiera, la verdad, pero la admiración por Frank Zappa —que Casas expresa en un poema corto de Oda, y que yo también profeso— me obliga a olvidar el asunto y a darle la mano al poeta.

Urbano, rockero, culto y “chabón”, Casas entrecruza sentencias reflexivas a lo Giannuzzi, el spleen de Baudelaire aplicado al barrio de Boedo, versiones locales del budismo zen, súbitas revelaciones con la basura en la mano y la angustia universal del tempus fugit.

La yapa del libro es un “ensayo bonsái” colado al final del libro: el brillante e inspirador “La voz extraña”. Y claro, el Poet-Jockey ya remixó Horla City

Me voy de vacaciones. Quedan programadas para enero las dos entregas que completan esta serie. Como siempre, los comentarios serán bienvenidos, aunque demoraré en responderles… ¡Feliz año nuevo para todos!

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Interrupciones cotidianas

Por Martín Cristal

En casa tengo empezada Contraluz. Ya leí unas 150 de sus 1300 páginas. Esa novela sólo puedo leerla en casa: el libro es un ladrillo intransportable. (Osteópata, revisándome la espalda: “¿Hace algún tipo de actividad física?”. Yo: “Sí, estoy leyendo a Thomas Pynchon”).

Para el morral reservo libros más delgados: por ejemplo, Esta historia, de Alessandro Baricco. Me lo regaló mi hermana y es ligero en todo sentido. Refrescante y liviano. (Al hecho de que hay libros que da para llevarlos en la mochila y otros que no, ya lo habíamos comentado).

Mi “sintaxis” de lectura, entonces, podría ser

Pynch[Baricco]on

Diez años atrás no hubiera podido —ni me hubiera permitido— leer de esta forma. Pero hoy estas “subrutinas” me resultan bastante frecuentes. A veces claro, esto no es más que una excusa para inconclusiones del tipo

Pynch[Baricco]… [otros autores]

A principios de diciembre, fui al centro a cortarme el pelo. Tenía que caminar diez cuadras y no tenía apuro. Entonces, lo de siempre: “¿qué habrá de nuevo en las librerías?”. (Las librerías más importantes de Córdoba se encuentran en un conveniente cuadrado de tres por tres manzanas).

Así que, de camino a lo del peluquero, hice el tour por las librerías. Pero sucede que me avergüenza comprar libros con más rapidez de lo que puedo leerlos (releer a Monterroso y su cuento “Cómo me deshice de quinientos libros”). Cuando me descubro a punto de hacer eso, me freno: entonces miro vidrieras, pero no entro. Lo que sí me permito es pasar por las librerías de usados: el hallazgo de una oportunidad que no hay que dejar escapar justifica la compra más allá de mis eventuales sentimientos de culpa por mi acumulación burguesa.

Entré en Macao y no paré hasta descubrir esa oferta corleonesca que no podía rechazar: Inolvidables veladas, de Marcelo Cohen. Un Minotauro en tapa dura, editado en Barcelona, por sólo $15 (unos 3,75 dólares). Una ganga. Por supuesto, al salir de la librería, en vez de seguir a lo del peluquero, me desvié a un café para leerlo.

Hacía calor, así que elegí un café que tiene sus mesas afuera, en la nueva zona peatonal de Caseros. Y empecé a leer, con lo cual la fórmula ya era

Pynch[Bari[Cohen]cco]on

…y esto sólo si a la fórmula no le incorporamos las otras procrastinaciones extraliterarias, lo cual esa tarde hubiera dado

Pynch[Bari[Pelu[Ca[Cohen]fé]quería]cco]on

Pedí un café con leche y dos medialunas. El mozo —muy lookeado y algo amaneradón— volvió con el pedido a los diez minutos. No tenía bandeja: traía la taza en una mano (el platito tomado desde abajo como con una garra) y las medialunas, el azúcar y el vasito de soda amontonados en la otra mano: un asco. Para colmo cuando llegó a la mesa, se distrajo con un pibe que, rosa en mano, trataba de sacarle un billete al macho de la parejita de al lado. Molesto porque el mangazo era insistente y se producía en su área de cobertura, el mozo terminó volcando medio café con leche sobre la mesa.

Se disculpó, limpió y volvió con otro café con leche. Y entonces, como para socializar, me preguntó qué estaba leyendo. Le mostré la tapa del libro (en la que hay un personaje cabizbajo sentado a una mesa con un vaso enfrente, tal como estaba yo en ese momento). Entonces el mozo me dijo: “Enseguida te vas a llevar una sorpresa. Pasate a la otra silla”.

Me cambié a la silla de enfrente. Ahí descubrí que, a espaldas de mi silla anterior, habían puesto un silloncito con una especie de pareo colorido encima, junto a una mesita baja y una vela muy coqueta. Miré esa escenografía durante dos minutos, con la creciente molestia de reconocer que había obedecido al mozo de inmediato, como un corderito. No, no, no: me volví a mi silla anterior (un rebelde con delay). Leí algunas páginas más y disfruté medio café, cuando del bar salió un violinista rastafari para tocar y pasearse entre las mesas.

Cuando el violinista de Hamelín capturó la atención de todos, la condujo hasta el silloncito en el que se instaló una chica con el pelo recogido y anteojos de marco negro. El violín se calló —no así la ciudad alrededor del violín— y la chica, sin micrófono y sin mediar presentación alguna, empezó a leer. (Tuve que volver a la silla que me había sugerido el mozo).

La chica tenía acento español. Y leía poemas. Que quizás eran tan lindos como ese acento, no sé: aunque quise, no pude concentrarme, porque mi fórmula de lectura ya había hecho metástasis a

Pynch[Bari[Pelu[Ca[Coh[PoetaDesconocida]en]fé]quería]cco]on

El día se me estaba complicando: pedí la cuenta y huí. Me apuré en las siguientes cinco cuadras, pero llegué tarde: estaban cerrando. Por ahora sigo con el pelo largo.

Fabián Casas Remixed

Por PJ Martín Cristal

El Poet-Jockey viene embalado y también remixa [*] a Fabián Casas:


Un escritor, ¿no debería ir siempre / en contra de su habilidad? / ¿Quién consigue expresar sus emociones / en una simple conversación? / ¿Qué es lo que hace / que una vida funcione y avance? / Todavía somos jóvenes, pero eso / se pierde enseguida. / Las parejas y las revistas literarias / duran casi siempre dos números. / Conozco gente que desea ser amada / y gasta su tiempo en los flippers.

La dicha se engendra / en el corazón de lo trivial. / Cada corazón latiendo al unísono. / El winco al mango con Led Zeppelin / la ropa usada, el hip hop, el trash / y las cosas quietas en la felicidad de su condición. / A las cosas no les importan los mortales. / Aún así, las cosas persisten en crecer. / A tu derecha, una heladera de coca cola / ilumina la estación de servicio. / Una heladera roja de Coca-Cola / que tiene luz propia durante la noche. / Como vos la dejaste, / fosforescente en la noche. / Pienso esto y abro la heladera: / Tal cual. Se abrió. / Un poco de luz desde las cosas / que se mantienen frías.

Suena el teléfono y me despierta. Es mi padre. / “Lo único que podemos hacer / —dice él— es superar a nuestros padres”. / Nos ponemos todos de pie. / De pie, señores, un poco de respeto para los hombres como mi viejo. / Fabián Casas y su padre / van en coche al muere. / “No”, digo. El violín finísimo  / de un mosquito orbita mi cabeza. / No tenemos la culpa de ser herederos / del mismo crimen. / No todo es tan duro, ya lo sé; / pero así también podría ser la muerte: / Un error con el cual mantenés / una particular relación de intimidad.

casas-remix

En días en los que me creo / el Jedi más duro, / llevo a mi padre —que duerme a mi lado— / hacia su casa. Así, con la cara distendida / sacrificando sus deseos y su importancia personal / está por morir. / Está bien, papá, ya han pasado muchos años / y es bueno que duermas un poco.

Entonces salta y se sostiene en el aire.

No me parece bueno / quedarme callado cuando estoy con mi viejo. / Tratando de sepultar la narración de nuestros padres / se va la adolescencia / pero convengamos que esta falsedad / de tensar los poemas con una catástrofe / se ha convertido ahora en mi segunda naturaleza. / Y cuando en la Academia se habla de mis versos, / dos luchadores de sumo / tiran de cada uno de mis brazos / y después se van.

Ningún parte sobre mi corazón. / Porque ya no compone para seres humanos. / Que tu corazón esté / con los que viven solos / separados por un vidrio inmenso.

Este es el patio donde fui chico. / Sobre la vereda de los setenta / los chicos ponen monedas en las vías / bajo el desierto spleen de Boedo. / No viene el tren del Oeste. / Me pregunto en qué momento / los dinosaurios sintieron / que algo andaba mal. / No tenemos nada, pienso, / mientras me lavo la cara, / definitivamente este es mi rostro de hoy. / La vejez es el último verso del poema; / después de él empieza la crítica.

Bueno, eso es todo.

[*] Versos de Fabián Casas mezclados libremente por mí. Fueron tomados de los siguientes poemas: “Foto 1965”, La radio anuncia precipitaciones aisladas, “Paso a nivel en Chacarita”, “Una heladera en la noche”, “Hoy mi madre tendría que cumplir 48 años”, “Suena el teléfono y me despierta”, “Conduciendo durante la noche”, “A los pies de la cama de mi viejo”, “Final”, “Me pregunto”, “Sin llaves y a oscuras”, “A mitad de la noche”, “Vida en común”, “Hegel”, “Un plástico transparente”, “Una canción que no recordás”, “Mientras me lavo la cara”, “Esperando que la aspirina”, “Tratando de sepultar”, “Despertarte”, “Cancha Rayada”, “Pogo”, “El malogrado”, “F. C. divaga sobre un trastorno”, “El Horla”, “En el vidrio”, “Cosas que hace tu bata blanca”, “Sindicalismo”, “Frank Zappa”, “Oda”, “Dora Markus”, “Mantis”, “Problemas de la vida moderna”, “El spleen de Boedo”, “Tratando de ver cómo será”, “Los olímpicos”, “Los condecorados”, “El soldador” y “Trece maneras de mirar a un cuervo”. Todos estos fragmentos se encuentran en Horla City y otros. Toda la poesía 1990-2010 de Fabián Casas (Emecé, 2010).

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Otros remixes: Nicanor Parra | Joaquín Giannuzzi

Joaquín Giannuzzi Remixed

Por PJ Martín Cristal

El Poet-Jockey ataca de nuevo: hoy remixamos [*] a Joaquín O. Giannuzzi:


La poesía no nace. / Está allí, al alcance / de toda boca / como una realidad insoportable / para ser doblada, repetida, citada / total y textualmente. / No apriete el brazo, imponga / con un lenguaje frío / un código universal de referencia. / No agregue. No distorsione. / No conduzca, acompañe. / No cambie / la música de lugar. / Poesía / es lo que se está viendo. / Un lápiz, una caja / el frío interno de las manzanas, / el calor inestable del café / cosas cotidianas gastadas / frente a mi pesada osamenta intelectual.

Pero no estoy totalmente seguro de que la osamenta / no sufra sacudidas de vez en cuando / le silbaron balas a su costado soñador / y todo lo que yo no soy la acompaña / para escapar de estos tiempos difíciles y oscuros.

Mi cansada osamenta responde / con un espasmo emocional. Así que / disculpen su yacencia impolítica, la buena fe / de su triste indiferencia. Libre / de toda emoción continua / cuando ya se ha vuelto ajeno / a su propia importancia / y a la carga poética que ha impuesto a la escena / este cerrado dolor de cabeza / causado por la presión del mundo visible / reclama un significado. / La distancia entre el corazón y la cabeza / es la más larga entre todas las especies.

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¿Cuál es la relación de esta escena con el otro orden? / Si este simulacro durara demasiado, recordaría / que una vez tuve un destino y hasta un entusiasmo / y que vivir es el único prestigio que cubre la tierra / y que la razón de estar vivo estaba en los otros.

Y bien, morimos. / Comprendo que hay un límite / cuyo paso en el tiempo / me está vedado / Mi tragedia es tan poco decisiva / —un síncope entre dos bostezos, / un cólico no resuelto en el vientre— / que si me comprara un revólver fracasaría. / El muerto no es capaz de su propia poesía; / jamás está a la altura de sí mismo.

Falta mucho para la nada, como si todavía / para que deambule como un muerto / que sabe que está muerto en un domingo infinito / hubiera que liberar un exceso de existencia / un ritmo puntual que desmintiera / mi humillada respiración detrás del vidrio, / el triste conocimiento de la pérdida.

Nadie contó estas verdades. / No hay sucesos pequeños. / Así, de simple y rico, / y tan fecundo hacia distintas direcciones / el menor movimiento de tu mano.

Sobre un mínimo vestigio de historia personal, / piedad y desprecio por mi mundo. Los lugares comunes / de la materia que me rodea. / Para mi fracaso de individuo contemporáneo / parece que la cultura consiste / en martirizar a fondo la materia y empujarla / a lo largo de un intestino implacable. / En la vejación, el mundo / perdía su nombre y sospechó / no más poemas después de eso.

[*] Versos de Joaquín O. Giannuzzi mezclados libremente por mí. Fueron tomados de los siguientes poemas: “Uvas rosadas”, “Y bien, morimos”, “Basuras al amanecer”, “Ensayo de lamento individual”, “Café y manzanas”, “Apuntes de época”, “Tarde de domingo”, “Instrucciones para ayudar a un ciego a cruzar la calle”, “Noticias”, “Poética”, “La dispersión”, “No más trabajo, abuelo”, “Testamento”, “La reducción”, “Juegos olímpicos”, “Sobre el muerto considerado como un creador impersonal”, “Cumpleaños”, “La gallina”, “La jirafa”, “Nicolás entra a escena”, “Oficio del esternón”, “Lo desconocido no está listo” y “La desaparición”.

Todos estos fragmentos se encuentran en la Antología poética de Joaquín O. Giannuzzi incluida en la colección Visor de Poesía, con selección del autor y prólogo de Osvaldo Picardo (Visor Libros, Madrid, 2006).

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Otros remixes: Nicanor Parra | Fabián Casas

Nicanor Parra Remixed

Por PJ Martín Cristal

Hoy me estreno en el nuevo oficio de Poet-Jockey y dejo este Remix [*] de Nicanor Parra:


Durante medio siglo / La poesía fue / El paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / Y me instalé con mi montaña rusa. / Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte: / Busco una poesía a base de “hechos” y no de combinaciones o figuras literarias. / Estoy en contra de la forma afectada del lenguaje tradicional poético. / Según los doctores de la ley este libro no debiera publicarse / La palabra arcoiris no aparece en él en ninguna parte, / menos aún la palabra dolor…

“Si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos, / ¡Qué podrá esperarse de ellos!”. / Cuidado, yo no desprestigio nada / O, mejor dicho, yo exalto mi punto de vista, / Me vanaglorio de mis limitaciones, / Pongo por las nubes mis creaciones.

Test / Subraye la frase que considere correcta. / Qué es un antipoeta: / Un vagabundo que se ríe de todo / Hasta de la vejez y de la muerte? / Qué es la antipoesía: / Marque con una cruz / La definición que considere correcta. / [x] Una advertencia a los poetas jóvenes?

Jóvenes / Escriban lo que quieran / En el estilo que les parezca mejor / Ha pasado demasiada sangre bajo los puentes / Para seguir creyendo —creo yo / Que sólo se puede seguir un camino: / En poesía se permite todo.

En una palabra cagarse en el piano.

Yo no permito que nadie me diga / Que no comprende los antipoemas. / Todos deben reír a carcajadas. / / Para eso me rompo la cabeza / Para llegar al alma del lector. / Generoso lector / quema este libro / No representa lo que quise decir / A pesar de que fue escrito con sangre / No representa lo que quise decir. / Se escribe contra uno mismo / Por culpa de los demás. / / ¡Qué inmundo es escribir versos!

Que para qué demonios escribo? / Para que me respeten y me quieran / Para cumplir con dios y con el diablo / Para dejar constancia de todo. / / Para llorar y reír a la vez / En verdad en verdad / No sé para qué demonios escribo.

Apuesto mi cabeza / a que nadie se ríe como yo / No creo ni en la Vía Láctea / La palabra Dios es una interjección / da lo mismo que exista o que no exista. / BUENO BUENO / pongámosle que soy marxista.

Se comprueba la teoría de Leonardo: / 1% de inspiración / 2 de transpiración / Y el resto suerte / El poeta es un simple locutor / él no responde por las noticias / Su perfección marmórea lo perjudica / Un neurótico bien administrado / rinde el doble o el triple que un sujeto normal / Mal negocio no ser un esquizofrénico / Para alguien que aspira a decir algo / Claro que cantan bien / pero Violeta hay una sola.

parra-remix

El arte no debería ser una empresa privada / La función del artista consiste en expresar rigurosamente sus experiencias personales sin comentarios de ninguna especie. / —Qué piensa usted de los concursos literarios / —La competencia no resuelve nada / pues no somos caballos de carrera / los condeno de todo corazón / Líbrenos de poetas y prosistas / que sólo buscan fama personal / Los premios son / Como las Dulcineas del Toboso / Mientras + pensamos en ellas / + lejanas / + sordas / + enigmáticas / Los premios son para los espíritus libres / Y para los amigos del jurado / Y todavía hay gente que cree en los premios!

Qué es poesía / La fundación del ser x la palabra / Huyo instintivamente del juego de palabras. / Poesía eres tú / Todo lo que se mueve es poesía / Lo que no cambia de lugar es prosa / La función del idioma es para mí la de un simple vehículo y la materia prima con la que opero la encuentro en la vida diaria. / Todo lo que nos une es poesía / Sólo la prosa puede separarnos.

La poesía por ejemplo la poesía / puede llevar a la ruina a un país / si no se tiene cuidado con ella / La poesía debería ser positiva / como la Corporación de Fomento / o los Ferrocarriles del Estado / En la antipoesía se busca la poesía, no la elocuencia. / La poesía pasa —la antipoesía también / Nuestra curiosidad nos impide muchas veces gozar plenamente la antipoesía por tratar de entender y discutir / aquello que no se debe.

Un enigma que se niega a ser descifrado por los profesores / Un poco de verdad y una aspirina / Antipoesía eres tú.

Saludos a todos.

[*] Versos de Nicanor Parra mezclados libremente por mí (ya que “en poesía se permite todo”). Fueron tomados de los siguientes poemas: “Advertencia al lector”; “La montaña rusa”; “Advertencia”; “Composiciones”; “Test”; “Cartas del poeta que duerme en una silla” (V); “Telegramas” (III); “Me retracto de todo lo dicho”; “No creo en la vía pacífica”; “Pasatiempos”; Artefactos; Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (XXIII); Nuevos sermones y prédicas del Cristo de Elqui (XXXVII, XLVI, XLIX, LV); “Nota sobre la lección de la antipoesía”; “Declaración de principios”; “XV. Esperaba este premio?”; “XLVIII. Mis agradecimientos + sinceros”; “XXXVII. Qué es poesía”; “LVII. Personaje difícil de encasillar el Huidobro”; Aunque no vengo preparrado (XIX); incluye también frases de la “Declaración preliminar” de 13 poetas chilenos. Todos estos fragmentos se encuentran en Parranda larga, antología poética de Nicanor Parra con selección y prólogo de Elvio E. Gandolfo (Alfaguara, 2010).

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Otros remixes: Joaquín Giannuzzi | Fabián Casas

Lo mejor que leí en 2009 (3/3)

Por Martín Cristal

Tercera y última parte de los libros que más disfruté leer en 2009:
[Leer Primera parte]
[Leer Segunda parte]

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En busca del tiempo perdido:
Por el camino de Swann
, de Marcel Proust

Texto a audio (TTS). Novela.

Mi deseo de probar la tecnología de “Texto a audio” (TTS) me llevó a hacer el experimento de escuchar en mi reproductor de mp3 este clásico que había relegado por otras lecturas. Los preparativos de la experiencia, aquí; los apuntes sobre la experiencia, aquí; y algunas relaciones de la experiencia y el texto proustiano, aquí.

El famoso estilo de Proust —minucioso y dilatado, prolijo, lleno de meandros y digresiones— queda a contrapelo de lo que la mayoría de los escritores de mi edad hace hoy. Y aunque es cierto que a veces harta (sobre todo cuando el tema de tal o cuál parte no nos importa demasiado: qué me importan a mí todos los detalles arquitectónicos de la iglesia de San Hilario en Combray, por ejemplo), en otras ocasiones, cuando trata alguna debilidad humana o pinta la forma de ser de un personaje, me resultó paradójicamente refrescante leer a un autor que hace justo lo que hoy nadie hace (o lo que en general no se hace, porque algunos autores sí escriben con períodos largos, sin miedo a las subordinadas o parentéticas: en Argentina, Juan José Saer lo hacía, y Alan Pauls lo hace; en México, me dicen, Daniel Sada también se anima).

Cabe reflexionar entonces si un escritor debe amoldarse al gusto de su época en aras de ser un hombre de su tiempo o, por el contrario, rebelarse contra ese gusto para ser personal, cualquiera sea su suerte a partir de esa decisión. Estimo más lo segundo, aunque en cierto porcentaje no deba descuidarse del todo lo primero.

Proust también resulta un maestro del símil: los párrafos más convincentes están organizados para establecer un paralelo. Se detiene mucho en el paisaje, quizás demasiado para nuestro gusto contemporáneo (“a nadie le interesa más el paisaje”, dice —palabras más o menos— Jorge Barón Biza en El desierto y su semilla).

En la segunda parte, el amor de Swann se hace más dramático cuando aparece el ingrediente de los celos. La mayor incidencia de lo social (que obliga al texto a discurrir por los puteríos de los salones parisinos) hizo que esta parte me interesase menos que la pureza de la primera parte, donde el narrador evoca Combray y su infancia. El comienzo de la tercera parte —donde el narrador juega a adivinar cómo son las ciudades que desconoce a partir de lo que le sugieren sus nombres— me recordó a Shakespeare y su famoso “¿Qué hay en un nombre?” (Romeo y Julieta).

En general, este tomo gira en torno de la evocación de un pasado irrecuperable y el funcionamiento de la memoria; la infancia; los usos sociales de la clase alta francesa de fin de siglo XIX y principios del XX; el contraste entre la vida en París y la de provincia; el paisaje; interesantes pasajes sobre la lectura, la escritura y otras artes (sobre todo pintura y música); y reflexiones minuciosas sobre la naturaleza de los seres humanos, ya sean generales o particularizadas a través de un personaje. Una novela que lo contiene todo, y que nos permite entrar y salir de ella mientras llevamos adelante otras lecturas.

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Tratado de los vientos, de Gastón Sironi

Viento de fondo, 2007. Poesía.

Un autor de Córdoba, ¿puede escribir sobre los mares y las naves que los surcan y —especialmente— sobre los vientos que impulsan o desbaratan a esas naves? Gastón Sironi (1967) sí puede. Un aire marino recorre los versos de este Tratado. Aunque para el poeta las imágenes no provengan sólo de los océanos, sino también de los lagos serranos, para nosotros la mayor parte de la lectura transcurrió en el mar… Hay sal, hay mástiles y amarras, hay un olor a motor dos tiempos, hay algo que desborda o amaina…

Destaca la prolija enumeración poética de los vientos del mundo, cuyos nombres no repito aquí para no robarle sorpresa a esos versos. ¿Cómo nombrar al viento? Y sin embargo, cuántos vientos se pueden nombrar… Algunos nombres nos resultan conocidos; otros los sabíamos y los habíamos olvidado. Y otros resultan extraños, pero todos ellos se escuchan de una forma nueva al ser engarzados en la cadencia del poema —dan ganas de leer en voz alta—, y también al ampliarse su significado mediante la incorporación lírica de las etimologías.

Cabe destacar lo exquisito de la edición: formato horizontal y tapas duras; páginas de guarda negras; papel color marfil; una clásica y elegante Garamond en buen cuerpo; la mayoría de los poemas en cajas justificadas, con diagonales separando los versos; y el cuidado de interiores que todo libro merece y la mayoría no tiene.

Después de leer el libro de Sironi, descubrí su blog, Viento de fondo.

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Jimmy Corrigan, el chico más listo
del mundo
, de Chris Ware

Planeta-De Agostini, 2003. Historieta.

Una gran historieta, y una gran historia, también. Ware es un narrador extraordinario. Algunas razones concretas para afirmarlo, aquí.
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Una mujer en Jerusalem,
de A. B. Yehoshúa

Anagrama, 2008. Novela.

Atentado suicida en Jerusalem; entre las víctimas, una mujer. Pasan días sin que nadie reclame su cuerpo y no lleva otra identificación que un recibo de sueldo. Un periodista inescrupuloso decide hacer una nota criticando a la empresa en que esta mujer trabajaba. ¿Cómo no notaron su ausencia en tanto tiempo? El dueño de la empresa, preocupado por su reputación, le encarga al director de recursos humanos que averigüe cómo ha sido posible una cosa así, quién era la mujer, en qué puesto trabajaba, qué se puede hacer para responder a esa nota de prensa, cómo podrían compensar semejante descuido… y todo lo antes posible.

En esta parábola, con una fuerte carga moral que hubiéramos preferido quizás más matizada, Yehoshúa (1936) parte de la situación del Israel contemporáneo, presa del terror y la violencia, para explorar la responsabilidad social de las empresas en la vida actual —las cuales a veces suplantan el rol del núcleo familiar— y también la frialdad en su trato a los trabajadores, por más que para ellos exista un departamento “de personal” al que, cosméticamente, se haya renombrado “de recursos humanos”.

El director de esa área, de quien nunca sabemos el nombre (sólo el cargo), se vuelve el protagonista de una historia que transita por dos tópicos: primero, el misterio, la intriga; y después, el viaje, en el que este hombre —improvisado detective y viajero— aprenderá a ganarse el valor de la palabra “humano” que ostentaba su cargo, para así comprender mejor su trabajo y también las circunstancias de su problemática vida familiar.

Lamento el título cambiado para la versión en castellano, Una mujer en Jerusalén (no soporto la castellanización de “Jerusalem”, como tampoco ver escrito “México” con J, error en el que yo también supe caer antes de vivir por allá). El título original en hebreo es Shlijutó shel ha-memuné al mashavei ehosh: La misión del director de recursos humanos. Se entiende que el reemplazo se deba a que es un título que podría desorientar la clasificación del libro en librerías —un misleading title que podría llevar a esta novela al estante de los libros de management—, pero nos hace perder el doble sentido que Yehoshúa quiere que descubramos en esa frase.

Aquí termina la serie de los mejores libros que leí en 2009. Una síntesis —¡y ahora nos lo dice!— salió en el especial “Lecturas de 2009″ de la revista digital HermanoCerdo.

Lecturas en Río Ceballos

Por Martín Cristal

El sábado 24 de octubre, unas veinte personas nos encontramos en La Lucinda, Río Ceballos, para disfrutar de una serie de lecturas que Federico Racca organizó en su casa de las sierras chicas.

Al aire libre, entre los mates y las facturas que repartieron Cande y Cristina, arrancó leyendo el propio dueño de casa. Racca abrió la tarde con algunos poemas de Glauce Baldovín, en los que las palabras miedo y veneno resonaron con singular fuerza.

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Después, a pedido del público, siguió con las primeras páginas de su novela Los leprosos, escrita en un portuñol tan probable como inventado, tan creativo como bello de oír:


Yo, el Aleijadinho, hijo do juez do ofício de carpinteiro Manuel Francisco Lisboa y de uma escrava de nome Isabel, nací en la Vila Rica, hoy chamada Ouro Preto.

Aprendí el oficio de meu pai Manuel y por su intermedio fui aceitado en la logia de carpinteiros y constructores. Disfruté de placeres y trabajé. Meus obras, inmortales dicen, adornan as calles y as igrejas de Congonhas, Sabará, Ouro Preto y otros pueblos de Minas Gerais, meu longa tierra.

Yo, el Aleijadinho, cuento meus histórias en la fronteira entre lo hispano y o luso, entre a Europa y la indiarada, entre o tupi y la Nova Andalucía.

Después fue mi turno. Leí un cuento inédito que, de haberse gestado a tiempo, podría haber formado parte de Mapamundi (2005). De paso comenté las dificultades para traducir el epígrafe de Shakespeare con el que empieza ese cuento. A quien escribe nada lo halaga más que un lector atento; ser escuchado con tanta amabilidad fue un verdadero placer.

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Al terminar mi parte, el aire ya amenazaba con ponerse frío, por lo que las lecturas se trasladaron al interior de la casa. Adrián Savino siguió con un cuento de su propia cosecha, inédito, redondo y divertidísimo: “Doble yema”. En varios momentos logró arrancar la risa de todos los que escuchaban.

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El mate fue relevado por el fernet y el tinto. Así todos estuvimos listos para escuchar a Paula Oyarzábal, que compartió con nosotros un poema recién sacado del horno: “Pájaro que sangra no muere”.

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Mientras Paula fumaba y leía, nuestro pulso se ajustó a la cadencia de su voz, la atmósfera bajó un cambio para hacerse más densa y el sol terminó de perderse tras las sierras.

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Entonces hubo que prender una lámpara para que Carlos Schilling leyera un capítulo de su nueva novela, inédita: Números primos. Antes nos resumió algunos rasgos generales de la trama y nos explicó la estructura de la novela, simétrica y rigurosa.

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Sergio Gaiteri cerró la serie con dos cuentos de su autoría, recién escritos: “Primer verano”, cuyos personajes son unos amigos que se juntan regularmente a comer un asado (el cuento estaba dedicado a sus amigos presentes en el encuentro); y también “Lona”, más breve, en cuya anécdota aparece un registro humorístico al que Gaiteri no nos tiene acostumbrados, pero que cayó justo para dejarnos un muy buen sabor de boca sobre el final de la velada.

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Ese final no fue el final: abusando de la amabilidad de los anfitriones, el encuentro devino en un potente asado. Nos fuimos de La Lucinda a las tres y media de la mañana, agradeciendo a Federico y Cande su hospitalidad y con la esperanza de que más encuentros como éste se repitan en Córdoba.