Queremos tanto a Jimmy

por Martín Cristal

La mejor novela que leí en lo que va del año es una historieta: Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo (Jimmy Corrigan, The Smartest Kid On Earth, de Chris Ware; 2000). Digo que es una “novela” y también que es una “historieta” para no tener que recurrir al molesto rótulo de “novela gráfica”, aunque quizás éste sería el que, justamente, graficaría mejor el caso.

Me gustan las historietas (me gusta todo lo que viene a narrarme algo). En algunos casos las admiro por la invención de la trama; en otros por la calidad del dibujo; si ando con suerte, me cautivan las dos cosas (y si esos dos aspectos cautivantes además provienen de una misma persona, directamente me prosterno ante semejante manifestación de talento). En general me interesan, me divierten o me entretienen; pero conmoverme con una historieta, sólo me había pasado hasta ahora con una sola: Maus, de Art Spiegelman (1991). Lo atribuyo —sólo en parte— a que la obra maestra de Spiegelman tiene el terrible telón de fondo de la shoá, lo que hace que algunas de sus situaciones me hayan resultado particularmente estremecedoras. También, claro, a que no he leído tantas historietas como quisiera.

Jimmy Corrigan no cuenta con un trasfondo así ni se centra en esos “grandes temas” nacionales o históricos; y sin embargo, con su maestría formal y su sensibilidad en la construcción de un personaje querible y vulnerable, Ware terminó conmoviéndome tanto o más que Spiegelman con Maus. (Esta comparación quizás sea improcedente para el arte de la historieta, pero no lo es para mi historia como lector de historietas).

De una breve escena inicial —absurda, perfecta, tragicómica y triste—, situada durante la niñez de Jimmy, pasamos en rápida elipsis a su adultez. Un trabajo alienante, un departamento solitario, una madre que lo asfixia con llamados telefónicos y un padre ausente son los bordes de la existencia de este tímido y retraído Jimmy, de treinta y seis años (aunque aparenta más). La ciudad de Chicago es el entorno que poco a poco irá cobrando importancia para la narración, la cual arranca de verdad cuando Jimmy recibe una carta de su padre y tiene que volar para reencontrarse con él en la pequeña localidad de Waukosha.

JimmyC
Podríamos hablar del dibujo, preciso, de líneas cerradas, claro y sintético (muy distinto al que Ware despliega cuando no hace historietas); o de los textos, que presentan momentos de gran lirismo (“y a pesar del imborrable consuelo de esos dedos agrietados acariciando su pelo…”) o aparecen sólo en la forma de nexos gigantes (“luego”, “pero”, “y así”…) que articulan los dibujos y trabajan en un mismo nivel con la sintaxis de éstos. Sin embargo, si se quiere elogiar en forma unificada el trabajo logrado por Ware, habrá que generalizar un poco y decir que el principal rasgo de Jimmy Corrigan es la manera inteligente de confiarle ese conjunto al lector, o mejor dicho: la manera de confiar en que el lector es inteligente.

Nada de ponernos la papa en la boca. Esta historieta no nos regala nada: hay sorpresivos saltos cronológicos; hay un juego de entradas y salidas entre el mundo real y el mundo interior de Corrigan, puertas vaivén cuyas bisagras no siempre advertimos a tiempo; hay símbolos recurrentes —los duraznos, un pajarito, un caballito de juguete— que poco a poco se van cargando de significados posibles, nunca unívocos; hay mensajes cifrados; hay referencias que se nos presentan por adelantado y cobrarán sentido varias páginas después; hay escenarios que se nos muestran en forma de figuritas; hay juguetes para recortar, plegar y armar en 3D; hay complejos diagramas que dan cuenta de la genealogía completa de la familia Corrigan; y hay mucho, pero mucho más.

La sumatoria de estas variadas estrategias visuales hacen de Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo una verdadera joya que demuestra —para quien precise esa demostración— las posibilidades expresivas de este arte. Esto no es un mero storyboard para cine, sino una tremenda historieta: a todas las estrategias mencionadas hay que sumarle además el layout de cada página —la disposición de los cuadritos—, que va variando de acuerdo a lo que haya que contar sin caer jamás en el caos. Cada página es una unidad en sí misma. No hay una retícula fija sobre la que va sucediendo la historia, sino una gramática visual rica y variada, meticulosa, a veces enfocada en transmitir los hechos de la historia y a veces en expresar los sentimientos o fantasías interiores del ojeroso Jimmy, mientras éste va reconstruyendo la historia de su familia.

Es justamente toda la familia Corrigan la que termina como gran protagonista de esta historieta, reafirmando aquello de que muchas veces lo que una autor narra es en el fondo una novela familiar: la suya. El propio Ware vivió una situación similar a la de Jimmy con su propio padre durante la realización de esta obra. La historieta de Ware se extiende por las vidas de cinco generaciones de Corrigans, a lo largo de 386 páginas dibujadas en un lapso de siete años.

A Ware —se nota— le importan de verdad sus personajes. Los estima, y no subestima a los lectores. Ambas cosas son menos frecuentes de lo que uno quisiera, y dignas de agradecerse. Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo es una obra maestra que sorprende y conmueve al contar una historia personal de un modo personal. A nada más alto puede aspirar un narrador.

Ware

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14 pensamientos en “Queremos tanto a Jimmy

  1. Si este año hubiese leído Jimmy Corrigan, también hubiera sido la mejor novela que he leído en el año. Todos los que no ponen Watchmen en el primer lugar de novelas gráficas, ponen ahí al buen Jimmy, y con mucha razón.

    Saludos

  2. René: qué buena es Watchmen, sí (la historieta; la película, en cambio, creo que no ha estado del todo a la altura). Lo es especialmente, al menos para mi gusto, en lo relativo al guión. El dibujo de Gibbons me parece que cumple muy bien, pero sin proponer nada radicalmente nuevo sobre los estándares del dibujo para ese género que Moore pone en tela de juicio: los superhéroes.

    Con Jimmy Corrigan, en mi opinión, Ware lleva el lenguaje gráfico-narrativo mucho más allá… Por eso lo prefiero, entre otras cuestiones. Saludos.

  3. Pingback: Lo mejor que leí en 2009 (3/3) « El pez volador

  4. Pingback: Lint, de Chris Ware | El pez volador

  5. Yo ahora me estoy terminando “Jimmy” y me está pareciendo buenísimo. Me entró curiosidad por Chris Ware al ver sus portadas para The New Yorker, y las reseñas que leí en este blog me dieron el último empujón para pedir el libro en amazon. Gran elección. Un saludo. E.B.

  6. Encontré Lint en bookdepository.com por poco más de 10€ y lo pedí. Lo he leído este fin de semana y ha sido tan bueno como comentas en tu entrada. Me gusta que este blog cubra géneros tan distintos como la novela, el cuento o el comic. Ya he tomado nota por ejemplo de Rodrigo Rey Rosa (su nombre me sonaba por algún comentario de Bolaño en Entre paréntesis), a ver si encuentro alguno de los libros que reseñaste en su día.
    Un saludo.

  7. encontre el catalogo de novedades A.C.M.E en la biblioteca y me lo traje sin saber que encontraria. Los avisos llenos de humor negro empezaron pronto a dejar paso hacia otro discurso mas demoledor sobre las espectativas que nos hacemos de la existencia y el paso del tiempo. Y ahi estaba Jimmy, y ahi estaba Ware. Ahora acabo de leer Jimmy y comprendo que a algunos no les genere empatia la historia ni el personaje.Igual que el tango y el buen vino se requiere haber vivido un poco para degustarlo en su punto.

  8. Pingback: Sumario #3 | El pez volador

  9. Pingback: La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski (II) | El pez volador

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