Tiempo recobrado (I)

Por Martín Cristal

Un experimento: lectura del primer tomo de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust mediante la tecnología Text to Speech (“Texto a audio”). Primera parte: Motivos y preparativos.

1. Motivos

En un artículo anterior me preguntaba cómo destinarle más tiempo diario a la lectura. Una posibilidad es aprovechar los viajes en transporte público. Siempre llevo conmigo un libro para esos tiempos muertos; sin embargo, las condiciones para leer en colectivos, trenes o subterráneos muchas veces no son favorables. Aunque uno ya se haya acostumbrado al ruido hasta abstraerse de él, lo cierto es que no siempre hay espacio o buena luz para leer. A raíz de esto, en junio se me ocurrió iniciar el experimento que detallo a continuación.

2. Herramientas

Supe de los programas de Text To Speech —“Texto a Audio”; TTS por sus siglas en inglés— más o menos desde que las Mac incorporaron el panel de control “Speech” a mediados de los noventa. Poco después Radiohead utilizaría ese recurso para el tema “fitter happier” de su álbum OK Computer (1997).

Estos programas interpretan los caracteres de un archivo de texto para que un sintetizador de voz los transforme en los fonemas correspondientes. De un archivo de texto (.doc, .rtf, .txt…) se obtiene un archivo de audio (.mp3, .wav…). En la época de OK Computer las voces eran muy robóticas: entrecortadas, metálicas, monocordes. Hoy se han humanizado bastante al incorporar algunos matices según la puntuación. Además hay voces de hombre o de mujer, con pronunciaciones y acentos diferentes… El resultado dista de ser perfecto, pero su grado de avance sorprende cuando uno las escucha por primera vez.

Decidí probar esta tecnología —que también se usa en el software para personas ciegas— con algún libro digital de los miles que pueden conseguirse en Internet. Ya que se trataba de recuperar un tiempo muerto de mi vida, me pareció que el texto indicado podía ser En busca del tiempo perdido, una obra cuya lectura había ido posponiendo por diversos motivos (diversos libros). Sería como superponerle, a la búsqueda introspectiva de Proust, mi propio empeño por recobrar un tiempo de mi vida que siento perdido de antemano cada día.

Una experiencia demasiado larga podía resultar desgastante, así que limité esta prueba al primero de los siete famosos tomos de Proust. Escucharía “Por el camino de Swann” con mi reproductor de mp3 en el ómnibus en el que vuelvo a casa cada día, después del trabajo.

iPodSwann

3. Preparativos

El texto. Busqué en Internet el libro de Proust en formato digital (.doc). En la versión que encontré no figura el crédito del traductor; mucho más tarde cotejé algunas partes con una edición en papel, por lo que estimo que se trata de la primera traducción, hecha por Pedro Salinas. [Hay otras más actuales].

Las voces. Probé en el sitio de Loquendo las distintas voces disponibles. En castellano, las hay con acento español, mexicano, chileno, argentino y americano (neutro). Cada voz es un programa en sí mismo, identificado con un nombre de persona. Las voces pueden aplicarse a un texto dado por medio de distintos programas conversores de texto a audio. Aunque en la prueba de internet todas las voces se oyen bien, luego en el funcionamiento real con el conversor no todas andan igual. Opté por bajar las voces de “Diego” (acento argentino), “Francisca” (chileno) y “Jorge” (español).

El programa. Bajé algunos conversores de texto a audio para probarlos. El programa HAL Text To Speech Reader funcionaba bien “en vivo” en mi computadora, pero algo fallaba al querer convertir los archivos a mp3. Finalmente llevé adelante el experimento con un demo del programa Alive Text To Speech. El Text To Speech Maker también funciona, aunque no es tan eficiente.

Pruebas. Hice algunos experimentos cortos variando las voces, las velocidades de lectura y las calidades de audio. Finalmente elegí la voz de “Jorge”: aunque su acento no era el que más me convencía, resultó ser la que funcionaba con mayor fluidez. Para la conversión a audio, determiné una velocidad de lectura intermedia y una calidad de 320 Kbps (alta), en formato mp3. Aquí un minuto de muestra (aunque en menor calidad: 192 Kbps):

|

Extensión. Tomé fragmentos de aproximadamente 17.000 caracteres con espacios (17 Kb: casi 9 páginas A4, si tipeadas en cuerpo 12 y a doble espacio). Al convertirlos a audio, quedaban archivos mp3 de unos 45 Mb; cada fragmento rondaría los 20 minutos de duración. Todo el primer tomo de Proust quedaría comprendido en 54 archivos de audio: casi 18 horas de duración total.

Conversión. La fragmentación del texto tuve que hacerla en forma manual, copiando y pegando en distintos archivos txt, lo cual me llevó casi 50 minutos de mi tiempo (perdido). Hecho esto, el resto de la conversión lo realizó la computadora por sí sola, en forma subordinada (es decir, incluso mientras yo ocupaba la máquina en otras tareas). Alive Text To Speech tardó unas cuatro horas y media para convertir todo el primer tomo de Proust.

_______
Leer la segunda parte, con los apuntes sobre la experiencia propiamente dicha…

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29 pensamientos en “Tiempo recobrado (I)

  1. Lo mismo digo.
    Sospecho desde ya que resultará una experiencia interesante. El decir tiene una cadencia particular; abrá que ver cómo suena y cómo llega.
    Qué trabajo te tomaste.

  2. Matías: Me alegro. Serán por lo menos dos posts más, además de éste.

    Estrella: De cómo llega, prometo descripción pormenorizada. De cómo suena, tenés la muestra en el artículo, ¿pusiste Play?

    Y sí, inicialmente fue bastante trabajo, pero te adelanto que valió la pena… Saludos.

  3. ahhh no ma está rebien lo de proust
    el texto me recordó un poema de una mexicana (isabel fraire) que trata de la dificultad de contrarse en el metro intentado leer a marcel
    y claro lo más obvio el dante olvidándose del mundo al leer

    no sabía lo del ok computer, aunque se supone soy fan

    suerte!!!!

  4. Curiosa experiencia! Un post lleno de extrañas simetrías en cuanto al tiempo perdido y recobrado. Finalmente parece ser que el tiempo perdido en traducir En busca del tiempo perdido es recobrado al convertirse esta experiencia en literatura. Por lo demás creo que lo que justifica la experiencia es que vuesa merced se halla divertido con todo el merequtengue tecnológico, ahora si estamos buscando una experiencia trascendental o útil, me temo que el tiempo ha sido nuevamente perdido.
    Mis saludos a Ud. y si pasa por el camino de Swam me le deja saludos también.

  5. Ale: Es cierto lo de las simetrías —y hay más, ya vas a ver en un próximo post—; también lo de la diversión.

    “Trascendental” sin duda es una palabra que le queda grande a esta experiencia, pero “útil” sí que resultó: ya he leído (escuchado) tres libros más después del de Proust.

    Y no fue tiempo perdido, ni siquiera durante la experiencia: conseguir, instalar y probar las herramientas me llevó, sí, varias horas, y fraccionar el texto de Proust una hora más, pero obtuve muchas más horas de audio, las cuales se repartieron en tiempos muertos de mi vida cotidiana. Así que: pura ganancia.

    ¡Abrazo!

  6. Tal vez sea una chica “analógica”, pero me gusta mi propia voz o las voces que imagino para los personajes de las novelas que leo, o las voces que recuerdo de escritores que leyeron su obra. Ya sé que es un experimento como cualquier otro pero… ¿Por qué mejor no escuchar grabaciones de poetas o narradores leyendo su obra? El domingo me regalaron un CD de “Voy a salir y si me hiere un rayo” que se llama “Poesía Rodante”, es una compilación de las lecturas de Latinale 2006-2009, poesía en español y portugués, con todos los acentos y para todos los gustos.

  7. Eva: Hola. Es cierto, nada reemplaza satisfactoriamente a la voz humana (al menos por ahora). De hecho, en los artículos que completarán a éste, habrá una comparación muy elocuente al respecto. Aquí yo quería probar algo nuevo.

    La escucha de grabaciones de poetas es una experiencia de la que disfruto ya desde hace tiempo (hay varios que se consiguen en internet). Es muy recomendable. Creo que los buenos audiolibros —textos grabados por alguien que los lee en voz alta, es decir, por alguien que los interpreta— son superiores al mejor TTS…

    Sin embargo, la alternativa del TTS tiene algo que no resulta nada despreciable, y es que no tenés que esperar a que alguien grabe primero el texto que vos querés disfrutar (y tampoco que luego alguien te lo regale…). El TTS te permite ir en busca de los textos que te interesan en este momento y convertirlos vos misma a un formato de audio, que —de acuerdo— no es perfecto ni lo ideal, pero que te ofrece su modesta alternativa para esos casos particulares.

  8. El primer audiolibro que fabriqué y escuché con Jorge de Loquendo fue El cuento de la doncella de Margaret Atwood. El tono inevitablemente monocorde del software le dio un cariz sobrio al texto que resultó muy adecuado. De eso hará al menos tres años, y desde entonces he ¿audioleído? muchas obras. En mi opinión hay ciertos libros a los que no le va bien el método: aquellos sobre los que queremos detenernos a menudo en las frases. Por eso creo que Proust puede no encajar muy bien. Por cierto, podéis usar el software para que el ordenador os lea la prensa digital o un blog, simplemente copiando y pegando el texto (yo uso 2nd Speech center). Fantástico el blog. Por aquí todo el mundo admira los diagramas sobre Ilión.

  9. Tomás: Con tu experiencia previa corroborás algunas conclusiones de la mía. Tal cual: la entonación sin matices —no la pronunciación, que funciona bien— es lo que hace que el TTS vaya mejor con unas obras que con otras (en uno de los próximos posts sobre el tema lo confieso: Proust no fue la elección más apropiada, aunque me gustó recorrer el texto de todos modos). En ensayos o textos teóricos el TTS es muy bueno, y en prosa narrativa seca, no tan barroca, también.

    Me alegra que te gusten los esquemas sobre la Ilíada. De a poco los iremos completando a todos. Saludos.

  10. Genial Martín.
    Tengo un recuerdo muy muy bueno tuyo de una madrugada que no podía parar de leer tus cuentos, despúes de una excelente clase que nos diste en la escuelita.
    Espero noticias!

    Abrazo grande

    Pau

  11. Pingback: Trackback

  12. Estoy de acuerdo con Tomás en dos cosas: escucharía en esas versiones el diario, no tanto textos teóricos porque me gusta (o necesito) detenerme en ellos. Y también en que los diagramas sobre la Ilíada están buenísimos (ojalá los hubiera tenido cuando cursé Cultura Clásica)
    Saludos.

  13. Martín interesantísima tu investigación. Soy de los que ha construído mi (pobre) bagaje cultural leyendo en el bondi.
    La obra elegida es sin duda arriesgada para el experimento, pero esperamos ansiosos ,conclusiones y matices.
    Abrazo

  14. Herida: Conclusiones y matices, los habrá in extenso en la segunda parte, aunque algunas ya se han adelantado acá, a raíz de los comentarios…

    Ahí vi en tu blog tu lista de lecturas de 2009. Wow, ¡pesos pesados! A full con la filosofía… Por aquí, estoy preparando unos posts similares, aunque más centrado en narrativa, que es lo que más leo.

    ¡Saludos!

  15. ahí va el poema de la fraire

    EL TIEMPO VUELTO A PERDER

    Intento varias veces releer un párrafo de Proust
    sentada en una banca del tren subterráneo
    junto a dos jóvenes mal vestidos
    que hablan alborotadamente en un idioma extraño
    frente a carteles enormes que anuncian
    inversiones
    y pomadas para el pelo
    no entiendo nada
    CONCLUSIONES
    No hay que intentar leer a Proust en el tren subterráneo
    no se puede leer a Proust en 1974
    Proust ya no es váñido
    lo que es no válido es el tren subterráneo
    no entiendo a Proust porque no entiendo el tren subterráneo
    no entiendo el tren subterráneo porque estoy llena de Proust
    todos estos sentidos son proustianos
    Proust es el ojo el tren subterráneo es el objeto
    nunca hubo identidad entre ojo y objeto
    1974 es la fusión de Proust y el tren subterráneo
    en el ojo de su incompatibilidad

  16. Costa: Te agradezco muchísimo que te hayas tomado el trabajo de buscar/transcribir el poema. Está buenísimo, y la pertinencia de traerlo a colación lo vuelve más bello todavía.

    Yo no siento que haya perdido el tiempo al leer a Proust en el colectivo. A diferencia de Freire, sí logré escucharlo, aun en medio de apretujones y frenadas. La incompatibilidad que sí experimenté fue la de escuchar un texto mientras los ojos se distraen con lo que sucede alrededor. Pero de eso hablaremos en las siguientes partes de esta serie.

    Abrazo y gracias otra vez.

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