El libre albedrío (de Dante a Burgess)

Por Martín Cristal

El libre albedrío es la clave para que pueda realizarse la clasificación dantesca de Infierno, Purgatorio y Paraíso. El sistema de premios y castigos en la afterlife no puede funcionar si al individuo no se lo considera responsable de su propio comportamiento en vida.

Por supuesto, ésta no es la única concepción posible para una obra literaria. En Un descanso verdadero, Amos Oz pone en boca de uno de sus personajes —Azarías Gitlin— ciertos refranes de rima ridícula que sin embargo devienen del pensamiento de Spinoza: “El destino determina y el caballo camina”, “Lucha el cochero para avanzar y llega el destino para hacia atrás empujar”, entre otros. El personaje de Oz sostiene que no hay casualidades, que todo está regido por leyes muy precisas. (Entonces, ¿decidimos por nosotros o está todo predeterminado? En lo personal, yo necesito creer en el libre albedrío, aunque comprenda y acepte que mis decisiones están imbricadas en una red que las condiciona).

Todos los caminos y preguntas de la Comedia descienden (¿o ascienden? Bueno, también) hasta el tema del libre albedrío. En Purgatorio, XVI, 67 y ss., Dante pone el asunto sobre la mesa y explica sus teorías al respecto:


Cualquier causa achacáis los que estáis vivos
al cielo, igual que si moviese todas
las cosas él obligatoriamente.

Destruido sería así en vosotros
el libre arbitrio, y no sería justo
dar la alegría al bien, y al mal dar luto.

El cielo inicia vuestros movimientos;
no digo todos, mas aunque lo diga,
una luz para el bien o el mal os dieron,

Y libre voluntad; que si se cansa
en el primer combate contra el cielo,
luego lo vence si bien se sustenta.

A mayor fuerza y a mejor natura
libres estáis sujetos; y ella cría
vuestra mente, en que el cielo nada puede.

Lo humano se define por la conciencia y el ejercicio de esa libertad. Sin el libre albedrío, el hombre sería una marioneta que no podría más que obedecer condicionamientos preestablecidos. Una máquina, tal como le sucede a Alex, el personaje de La naranja mecánica (1962), luego de ser sometido al cruel experimento ideado por Anthony Burgess.

Al respecto, Burgess dice (en una introducción escrita en 1986):


…por definición, el ser humano está dotado de libre albedrío, y puede elegir entre el bien y el mal. Si sólo puede actuar bien o sólo puede actuar mal, no será más que una naranja mecánica, lo que quiere decir que en apariencia será un hermoso organismo con color y zumo, pero de hecho no será más que un juguete mecánico al que Dios o el Diablo (o el Todopoderoso Estado, ya que está sustituyéndolos a los dos) le darán cuerda. Es tan inhumano ser totalmente bueno como totalmente malvado. Lo importante es la elección moral.

Obligado a ver escenas de violencia hasta la náusea, a Alex quiere extirpársele su tendencia natural a la violencia, al mal. Se consigue, pero el costo es anularlo como ser humano. Y, como efecto secundario, que también genere un rechazo a la música que acompañaba a esas imágenes violentas: Beethoven, música que antes era la favorita de Alex, y que ahora lo atormenta hasta el vómito.

Con desnuda ironía, en Francia apodaron “Beethoven” a un aparato de ultrasonido que ahuyenta a los jóvenes mediante el uso de frecuencias que sólo ellos pueden oír. El objetivo del “Beethoven Antijóvenes” es evitar el merodeo o las concentraciones de jóvenes en espacios públicos (o semipúblicos). El año pasado, un juez prohibió su uso. La perfecta paradoja de vivir en libertad: tener que aplicar una prohibición para que esa libertad no se vea coartada.

La novela de Burgess fue editada en dos versiones: la americana, cuyo final coincide con el de la película de Kubrick (1971), y la inglesa, en la que hay un capítulo más (el 21); en esa versión más larga, el personaje logra regenerarse. En la introducción antes citada, el autor ofrece en reedición la “versión completa” del libro para el público norteamericano, apelando al libre albedrío de los lectores:


Los lectores del capítulo veintiuno deben decidir por sí mismos si mejora el libro que presumiblemente conocen o realmente se trata de un miembro prescindible. Mi intención era que el libro concluyese de esta manera, pero tal vez mi juicio estético no era correcto. Los escritores raras veces son sus mejores críticos, y tampoco son críticos.
Quod scripsi scripsi, dijo Poncio Pilatos cuando hizo a Jesucristo rey de los judíos. «Lo que he escrito, escrito está». Podemos destruir lo que hemos escrito, pero no podemos borrarlo. Con lo que el doctor Johnson llamaba fría indiferencia expondré lo escrito al juicio de ese 0,00000001 de la población norteamericana al que le importan esas cuestiones. Coman esta porción dulce o escúpanla. Son libres.

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8 pensamientos en “El libre albedrío (de Dante a Burgess)

  1. Interesante!
    Me recuerda un dicho latino muy ejemplificador:

    Quem deus vult perdere, prius dementat

    Los matices que permite la traducción son interesantísimos, lo más cercano podría ser: Aquel a quien Dios tiene la intención de perder, primero lo enloquece.

    Como si en el ejercicio de la propia libertad sólo nos encontráramos con los propósitos de Dios, con sus trampas y señuelos. Como el juego del mareo, soy quien debe llegar a la otra orilla, de alguna manera, ojos vendados y previa vueltereta.

    A pez que se ha de perder, alitas le han de crecer. Háblese del concepto con el cual hemos sido concebidos (Dios según Leibniz).

    Con Sócrates somos testigos de ese daimon que como destino nos fuerza a la elección libre de una única forma posible. Paradoja de la tragedia griega, entre tener un destino y construirlo.

    Aunque la diferencia con la antiguedad es fundamental, pues para los griegos Dios no necesita demostración, es pura mostración. El pensamiento medieval, y luego Descartes, colocan a Dios como algo que puede y debe ser demostrado, dislocación fundamental entre creencia y certeza.

    Hermoso tema, valioso post.
    abrazos
    toty

  2. Una de las cosas que siempre me impresiona de Dante es su inteligencia para elegir a sus interlocutores. Es este caso elige a un personaje oscuro para nosotros Marco Lombardo, pero conocido en su época. No un filósofo o un teólogo sino un hombre de corte para desarrollar un tema espinoso. En definitivia nos quiere decir que el reconocimiento de la libertad es en el fondo, una cuestión de sentido común.
    Muy buena la realción con Burgess, justo hace poco enganché la Naranja mecánica en el cable. saludos.

  3. Herida: Cierto, no había reparado en eso que señalás de los interlocutores (y me faltaba el dato sobre éste, o no atendí a la nota que lo ofrecía). A muchos de esos interlocutores —al menos en el infierno—, Dante los incita a hablar con la promesa de alcanzar la fama… Algo escribiremos sobre esto. Saludos.

  4. En cambio en el Purgatorio promete oraciones para acelerar los tiempos de penitencia. Así responde a la solicitud del mismo Marco .

    “Così rispuose, e soggiunse: «I’ ti prego
    che per me prieghi quando sù sarai».
    E io a lui: «Per fede mi ti lego
    di far ciò che mi chiedi; …”

    Saluti.

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