Ciencias morales, de Martín Kohan

Por Martín Cristal

En septiembre pasado, vino Martín Kohan a la Feria del Libro de Córdoba. Antes de leer su divertido cuento “El amor” en la última noche del ciclo La letra encendida, lo escuchamos en una charla que dio en el Cabildo. Ahí Kohan contó que la directora del Colegio Nacional de Buenos Aires no quería dar el permiso para filmar in situ la versión cinematográfica de Ciencias morales, la novela de Kohan que ganó el Premio Herralde en 2007. Ahora que leí la novela, entiendo el porqué.

La historia: María Teresa es una preceptora muy joven del Colegio Nacional de Buenos Aires. Estamos en la dictadura, aunque el autor no quiere que sepamos bien en qué año (al menos no de entrada). Las normas del colegio son estrictísimas. Marita —que vive aburrida con su madre mientras su hermano hace la colimba— se compenetra con su trabajo: quiere hacerlo bien para impresionar al señor Biasutto, su jefe. Decide que agarrar a algún alumno en flagrante violación del reglamento del colegio puede ser lo que ella necesita para recibir una felicitación, por lo que se pone en campaña para lograrlo. Ése es el universo —mezquino, limitado, opresivo, oscuro y asfixiante— en el que se mueve Marita cuando empieza a bajar por la espiral del cazador que tal vez termine cazado. El centro de esa espiral es un agujero negro de abusos e impunidad. Seguramente fue eso lo que no le gustó a la actual directora, aunque en el resto de la novela Kohan rezuma orgullo por haber asistido él mismo a ese colegio de larga tradición.

Las referencias temporales son deliberadamente elididas al comienzo del texto; sólo en la página 87 aparecen los primeros indicios claros referidos al año en que transcurre la acción de la novela. Dichos indicios están muy bien dosificados a lo largo del libro, escalonados de menor a mayor evidencia, y así abren un juego interesante para el lector. Lamentablemente, y como suele suceder, la contratapa de Anagrama traiciona ese excelente trabajo de Kohan.

El estilo es ordenado, aunque un tanto insistente y confirmatorio: tiene el “hábito docente” de acumular variaciones de una misma idea, como para dejarles claro el concepto a los alumnos (los lectores). Una oralidad de disertante, de catedrático. A veces con estas repeticiones Kohan consigue un efecto rítmico, pero otras se vuelve un poco extenso y machacón (ver por ejemplo las pp. 161-162, donde hay un párrafo de dieciocho líneas sólo para dejar claro que Marita no puede saber con certeza si el alumno que huele a colonia Colbert y acaba de entrar al baño es Baragli). El diálogo de Biasutto y Marita en el café es muy bueno para conocerlos mejor a ambos, aunque algunos sobreentendidos de dos personas que conversan frente a frente no hayan sido considerados.

Lo mejor del libro: el ambiente de la escuela, su correlato con la atmósfera marcial del país y la sutileza con que se insertan las marcas de época (el frente curvo de los camiones militares Mercedes Benz 1114; la extinguida gaseosa Tab, que Marita pide en el bar) o los rasgos ideológicos de los personajes (“Hay tan lindas carreras para que siga una mujer”, le dice Biasutto a Marita cuando ella le cuenta que no sabe bien qué podría estudiar).

PD. Nombrar a cierto colegio cordobés (que está en la esquina de Duarte Quirós y Obispo Trejo) justo en el último párrafo de la novela es una señal de mal gusto; cualquiera que —como yo— haya hecho la secundaria en el Manuel Belgrano no puede dejar de lamentar un desliz así en una buena novela como ésta.
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Ciencias morales, de Martín Kohan. Barcelona. Anagrama, 2007.

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8 pensamientos en “Ciencias morales, de Martín Kohan

  1. Yo lo leí, me acuerdo que en su momento me gustó, aunque no tanto como otros libros de M.K. (con Los Cautivos me reí mucho).
    Creo que ahora solo me acuerdo de que algo pasaba en los baños…

  2. Matías: Dale, mirá que acaba de salir una nueva de Kohan: Cuentas pendientes.

    Estrella: No leí Los cautivos, pero el cuento que leyó Kohan cuando vino a Córdoba también nos hizo reír, así que supongo que tendrá una onda similar.

  3. Pingback: Sumario #4 « El pez volador

  4. Tal vez sea un poco tarde para el comentario, pero soy un estudiante del Belgrano, estoy leyendo ese mismo libro para lengua y a partir de este tengo que hacer un ensayo. La verdad te agradezco mucho tu post porque me está ayudando mucho para hacer el ensayo. Muchas gracias.
    P.D: ¡¡¡Vamos Manuel Belgrano LOCO!!!

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