Un paseo por L. A.

Por Martín Cristal

En un post anterior con algunas ideas sobre el concepto de canon, planteaba la necesidad de no presentar a éste como un ranking, sino como un espacio: podría ser una ciudad con distintos barrios, suburbios, zonas céntricas, periféricas, en construcción… Aquí sobrevuelo a mi modo la Ciudad Literatura Argentina (L. A.)., centrándome sobre todo en narradores. Invito a quienes leen a mejorar o cambiar el mapa según sus apreciaciones y a agregar los nombres que faltan, que son muchísimos (¡en esta fiesta faltan mujeres!). Mejor si describen la zona que representarían esos nombres.

Mi mapa personal de L. A. —la ciudad llamada Literatura Argentina—, podría empezar a dibujarse a partir de una zona residencial alta, el cerro Borges, con casonas de arquitectura clásica y un hermoso cementerio lleno de nombres ilustres. Desde su mirador, se alcanzan a ver los lejanos barrios de las orillas, esos de costumbres pendencieras y criollas; se sabe que en los días más brillantes se llega a ver más allá todavía, incluso otros países con idiomas y costumbres diferentes. Junto a esa alta colina y bajo su sombra permanente, están los barrios Bioy Casares, Silvina Ocampo Anexo, el lujoso y barroco Mujica Láinez, el pequeño Pepe Bianco; sólo a cierta hora del día el sol da de lleno en esos barrios, que tienen sólo ese instante para brillar. Enfrente, aislada y tenebrosa, venida a menos y con un poco de envidia, está Villa Sabato, en una colina más baja separada del resto por una gran depresión, la cual se atraviesa por el Túnel del mismo nombre.

Más a la izquierda, alejado de todo lo anterior, otro alto cerro: el Marechal, una zona un poquito más popular, peronista y catolicona, un área divertida a la cual se llega tomando el juguetón tranvía G, de Girondo. Desde el Marechal, por un puente que cruza el río Quiroga, se llega a Cortázar, un barrio que recuerda al Latino de París y que puede recorrerse de muchas formas; si se sigue más lejos se llega a Ampliación Abelardo Castillo, que repite o continúa la arquitectura de las zonas ya mencionadas. Filloy es un barrio antiguo, de trazado heterogéneo y construcciones disímiles, donde los nombres de todas las calles tienen siete letras y también pueden leerse de atrás para adelante.

Muy lejos de ahí, está Arlt, un barrio aparte, un bajofondo duro, con su propia jerga y mucha personalidad; en esto último, la zona de Fogwill, aunque mucho más nueva, se le parece un poco. Los dos son barrios peligrosos (ladrones, rufianes y secuestradores en el primero; traficantes de armas o cocaína, críticos, espías y ex combatientes devenidos en asaltantes en el segundo). Blaisten es el área céntrica de los comercios cerrados por melancolía, de los judíos, de los consultorios de analistas, todos entreverados con los conventillos de Marco Denevi; una especie de Once porteño.

Atraviesa el centro la avenida Saer, que tiene veintiuna cuadras y termina en el río; no lejos de ahí se encuentra la “zona rosa” Manuel Puig, donde están los cines para ver a las estrellas de Hollywood y emocionarse con melodramas.

Extienden la ciudad algunas áreas más modernas: Fresán, Pauls, Berti, Kohan, la futurista Cohen, el conurbano Bermani, además de muchas otras del barrio joven que muestran arquitectura contemporánea, edificios nuevos, muchos (sólo) de antología, muy diferentes entre sí. Por ahí cerca queda Aira, una zona llena de casitas a medio hacer: un emprendimiento inmobiliario que primero llama la atención por su ingenioso trazado general y por la velocidad de su construcción, pero que, si se lo releva casa por casa, casi siempre termina siendo una decepción.

En las afueras y hacia el este, cerca del popular barrio Soriano, se encuentra el estadio Fontanarrosa y el edificio del periódico local, el Walsh; también en las afueras, pero exactamente del otro lado de la ciudad, se encuentran el museo de curiosidades Macedonio Fernández, el mirador Piglia (desde donde pueden verse todos los edificios de la ciudad, excepto el propio mirador) y el extraño hotel Witold, de avejentada arquitectura vanguardista. Luego viene la circunvalación, con varias salidas: la ruta Belgrano Rawson conduce al sur; la Héctor Tizón, al norte.

A partir de ahí: el campo, la infinidad de la pampa que rodea y abraza a la ciudad, no como el fin o la nada, sino al revés, como el comienzo: es la marca que la ciñe, que le muestra cuál es su límite máximo. Esa extensión infinita es el país: el Martín Fierro.

Yo siempre vuelvo a esta ciudad y busco la zona en que nací para afincarme cerca de ella y hacerme amigo de mis vecinos. Ya la encontraré.

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Imagen: Lomos de libros gigantes en la fachada del estacionamiento de la Biblioteca Pública de Kansas City. Fuente: Selectism.

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28 pensamientos en “Un paseo por L. A.

  1. ¡Hola Martín! ¡Qué genial este recorrido a lo largo de la ciudad! Voy a visitar el Museo de Curiosidades Macedonio Fernández mañana cuando empiezo mi lectura de su Museo de la novela de la Eterna. ¡Saludos!

  2. Por el barrio Blaisten cruzan las calles Shua y Birmajer. La calle Shua tiene construcciones muy eclécticas. Algunas brevísimas, otras futurísticas, unas pocas antiquísimas. Por la calle Birmajer transitan los chicos judíos progres y psicoanalizados, aunque estos últimos también son de andar por la calle Rejtman.

  3. En realidad es un mapa un tanto unitario me parece. Por ejemplo, falta una bodega poco tenida en cuenta a la hora de los festejos, la bodega riojana Daniel Moyano, que no guarda relación con el gremio de los camioneros, con exquisitos cuentos sobre el período de los falcons verdes y demás horrores y algún notable cuento sobre el fútbol y los sapos. Forma parte de una zona más amplia que se dedica a la exportación de nuestros productos de excelencia, en este caso forzada, dado que los vinos en cuestión les sabían mal a unos cuantos sommeliers.
    Por otro lado en el antiguo barrio de las embajadas podemos encontrarnos con casonas de estilo italiano con influencias surreales francesas como es el caso de la Petit Maison J. R. Wilcock.
    En esta misma zona una casa de citas típica del barrio prostibulario judeo-francés, la casa de Madame Pizarnik y su condesa sangrienta.
    Y también en lo que se refiere a los judíos, una zona más paqueta, en este caso de la petit sinagoga sefaradita cordobesa Aguinis, que será demasiado creída de su propio valor testimonial, pero no deja de ser una construcción evidente.

  4. Estimado Mishiguene kop, primero le diré que mi abuela lo hubiera tratado de Meshiguene kopf; y después, que concuerdo que en la calle de Aguinis los edificios son pura fachada (ostentosa eso si).
    Pizarnik. Hmmm. Me parece que ahí hay más estrategia de las inmobiliarias para vender el asunto que méritos edilicios.

  5. Lo que pasa es que usted no entendió bien la oferta. Aclaré de entrada que se trata de una insignificante pero no por ello menos sustanciosa casa de citas del barrio prostibulario judeo-francés, con sus rufianes, sus madamas, sus pebetas descarriadas y sus compadritos. Es un barrio que sin ninguna duda hubiese frecuentado con agrado un prosista insigne como Felisberto Hernández, un extranjero que sabía mezclar el alcohol de la prosa con el elixir de la poesía, como lo hace nuestra Condesa Sangrienta en el brebaje mentado y como también lo hace Marosa di Giorgio por los pagos del señor Felisberto. Tampoco toda la prosa debe beberse de un solo trago como aguardiente. Enriquecerla con poesía e irracionalidad en dosis homeopáticas puede hacerla más degustable. Empape los labios en la sal de la poesía antes de mandarse un trago, mi amigo.

  6. Y ya que en uno de sus relatos (leí uno solo por el momento y me agradó la picaresca) menciona a Mempo Giardinelli y su Puro Cuento le diré que leí por primera vez a un poeta “narrativo” como Henri Micheaux justamente en dicha revista dedicada con exclusividad al cuento.

  7. Pingback: El mapa del canon | Hablando del asunto 3.0

  8. El asentamiento Oesterheld, qué grande, Edgar… Siempre nieva, es medio peligroso, pero está habitado por buena gente.
    Creo que Villa Sábato y el Barrio Cortázar los van a demoler para construir unos parques para que vayan a apretar los adolescentes (la construcción de “parques de apriete” es una responsabilidad indelegable del Estado). Contra lo que uno podría suponer, Villa Sábato es el más iluminado, así que los encuentros amorosos en Barrio Cortázar son más intensos.
    Buenísimo, Don Cristal…

  9. Richard: Novela rara si las hay, ésta de Macedonio. Saer decía que era la única “novela abstracta” que él conocía. A mí me gustó la radicalidad de su plan general. En cuanto a su lectura… bueno, me gustó por partes (por prólogos, digamos). Leeremos tu reseña. Saludos.

    Matías: Como siempre, ¡gracias por el link!

    Herida, Ale, Mishíguene: Gracias por los aportes, están buenísimos y ojalá haya más así. (Me tomé la libertad de poner los autores agregados en negritas, espero no les moleste). Mishíguene tiene razón, el mapa arranca muy unitario, pero es que no encontré otra forma de que el post no se extendiera demasiado… preferí que continuara en los comentarios, tal como se viene dando. Ale: ¿nuevo blog? Congrats!

    Édgar: Bien el rescate de Oesterheld. Como dice Joandemena, al parecer la zona, de clase media, está cerrada por nevada mortal. Mandamos a un tal Polsky a ver, pero no volvió.

    Carla: Gracias.

    Joandemena: Gracias. ¿Y cómo les van a poner a esos parques de apriete? Algún/a autor/a de novela rosa, podría ir… pero no conozco mucho el género.

    Muy buenos los aportes, ¡ojalá haya más! (Yo acabo de terminar los cuentos de El fideo más largo del mundo, y creo que el hipódromo de L.A. podría llamarse Bernardo Jobson).

  10. ¡Parque Sábato y Parque Cortazar, por supuesto!
    Géneraciones de lectores hubieran muerto vírgenes si no fuera por las conversaciones alrededor de esos héroes de la literatura juvenil: merecen un parque… El parque Cortazar tiene un agujero que comunica directamente con París, o con una escenografía de París, no sabemos bien. El tunel que les quedó en el Parque Sábato lo dejan, pero no lleva a ningún lado…

  11. Alejado un tanto de la urbe, tomando la avenida Saer con rumbo oeste, se llega al barrio Di Benedetto, cuyo trazado pentagonal esta bordeado de una profusa arboleda, que ofrece sombras y silencio a los suicidas que lo habitan.

  12. Esquenun: ¿Cómo pude olvidarme de ese barrio? Imperdonable. He oído decir que en una de las puntas del pentágono, hay una marina con un muelle donde se amontonan todos los que esperan para dejar la ciudad, los que esperan ser transferidos a otra parte, los que miran el horizonte y piensan que así estamos todos, yéndonos y no.

  13. Qué lindo post! me imaginaba a Rep dibujando tu mapa con los aportes lectores; alguna vez hizo uno de Buenos Aires y los bares de la bohemia cultural de los 60… Como aporte, agregaría alguna pensión cercana al puerto, rea y barroca, en donde habitaría Néstor Perlongher, ese gran deleuziano. Saludos!

  14. Pingback: La Molécula Levrero « El pez volador

  15. Pingback: Sumario #5 « El pez volador

  16. se me ocurre y es tan sólo modesta sugerencia que podrían figurar un bulevar Martínez Estrada y una calle (no secundaria) Héctor Murena.

  17. Pingback: Diálogo sobre La casa del admirador en la Alianza Francesa | El pez volador

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