Qué hacer, de Pablo Katchadjian

Por Martín Cristal

El siguiente es el libro que recomendamos en el Nº 11 de la revista Ciudad X (mayo de 2011).

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Pablo Katchadjian (Buenos Aires, 1977) tiene un bigote tan excéntrico como algunas de sus obras: El Aleph engordado —una intervención sobre el cuento de Borges— o El Martín Fierro ordenado alfabéticamente, cuyo título explica la operación aplicada a los versos de Hernández (si se busca “Katchadjian” en YouTube aparece la lectura que hizo de varios fragmentos de esa obra en un festival de poesía).

En Qué hacer, la divertida nouvelle de Katchadjian, un narrador innominado y su inseparable compañero Alberto son docentes en una universidad inglesa. Están dando clase cuando un alumno —de dos metros y medio de altura— “se acerca a Alberto, lo agarra y empieza a metérselo en la boca”. Es un principio de enrarecimiento que se acentuará cuando el autor, condensando en capítulos cortos la lógica de los sueños recurrentes, haga y rehaga ésta y otras escenas igual de disparatadas, variando siempre una misma serie reducida de acciones y elementos: alumnos gigantescos, universidades inglesas, ochocientos bebedores de vino, una campera con capucha, una isla lejana, muñequitos, trapos viejos… A veces pasamos de una variación a otra sin más nexo que un “de pronto aparecemos en”.

Remake permanente de sí mismo, el libro se vuelve un memotest onírico: las mismas figuras, remezcladas y vueltas a poner boca abajo, se van revelando en distinto orden; intentamos recordar dónde hemos leído antes esas acciones, pero enseguida nos rendimos al encanto de su nueva (y absurda) recontextualización. La combinatoria expuesta resulta tan estimulante como la aparición, cada tanto, de algún elemento nuevo, el cual se sumará a los que ya circulan por esta calesita de los sueños.

Los experimentos deben ser breves: demostrado el punto, ¿para qué seguir? Katchadjian detiene su revival surrealista a las 96 páginas de este libro ligero, el cual toma su título de una obra de Lenin, aunque —tal como diría Alberto, levantando un dedo acusador— hacer eso no sea más que alardear.

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Qué hacer, de Pablo Katchadjian. Novela. Bajo la luna, 2010.

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11 pensamientos en “Qué hacer, de Pablo Katchadjian

  1. Martín, a Pablo lo conocí el año pasado en la FIL de Guadalajara. Estuve en su presentación, que fue divertidísima por cierto. Tengo su novela en las manos pero no la he leído aún; lo que acotás sobre los experimentos y la libertad de una novela como esta bien lo demostró en su excéntrico discurso de presentación, en el que negaba las reglas básicas de, justamente los discursos de presentación. Me falta ver si ese desenfado corresponde al de su obra, si las leyes físicas se rompen definitivamente.
    Qué pequeño es nuestro mundo, Martín.

  2. Guillermo: pequeño mundo, sin duda (otro ejemplo: mañana juega la selección de Costa Rica aquí, en Córdoba…). Creo que la novela de Katchadjian te va a divertir. Después de que la hayas leído, volvé y la comentamos. Abrazo.

  3. Pingback: Sumario #7 | El pez volador

  4. Leí la novela de prestado, y ahora estoy pensando seriamente en dejar pasar el tiempo y que su dueña lo olvide, que la causa prescriba en mi biblioteca.

    A mí también me pareció divertida, debe ser por lo grotesco y delirantede las escenas… me parece que lo más interesante que tiene la novela es eso de barajar las cartas y dar de nuevo a ver qué combinatoria sale cada vez. De todos modos no creo que el libro sea completamente azaroso, más allá del espíritu surrealista.

    Saludos…

  5. Fran: Sin duda no es azaroso, para nada. Pero aun así mantiene su toque surrealista, ya que el surrealismo no se define exclusivamente por el automatismo. Lo onírico —o su representación, su simulacro— también juega. Si no, De Chirico o Dalí no podrían ser surrealistas.

  6. Martín. No creo que el bigote de Katchadjian sea excéntrico. Más bien raro en estas épocas y estas latitudes, pero muy común en los armenios de comienzos de S.XX especialmente en los del Cáucaso. Era compartido tanto por campesinos, intelectuales como por miembros de la guerrilla de resistencia contra el genocidio turco. Creo que su bigote proviene de allí.

  7. Juan: Decís que excéntrico no, sino “más bien raro”. OK, pero sucede que:

    excéntrico, ca.
    (De ex- y céntrico).
    1. adj. De carácter raro, extravagante. U. t. c. s.
    (DRAE)

    Y por supuesto que me refiero a estas épocas y latitudes…
    ¡Abrazo!

  8. La formulación puede ser azarosa (mezclar y dar de nuevo a ver qué pasa, agregando aquí y allá algún elemento diverso) pero el resultado, me parece, contiene, a su manera, una linealidad, una evolución, una historia, en suma (la universidad inglesa, el barco/puente, el mar, la isla en la que está todo -a la que nunca se llega). Además, en los capítulos finales aparece una muy inquietante discusión sobre decisiones, opciones, bifurcaciones y (sobre todo) sobre la libertad, que provee de una manera misteriosa, opaca, sentido a las “excéntricas” aventuras de Alberto y el narrador.

  9. Pingback: La restricción total | La Tempestad

  10. Pingback: Una opinión sobre el caso Kodama vs. Katchadjian | El pez volador

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