Las palmeras salvajes, de William Faulkner (I): interrupción

Por Martín Cristal

1. El viejo (y conocido accidente)

Me pasó algo parecido a lo que le ocurre al narrador de Si una noche de invierno un viajero, de Calvino: llegado a un punto neurálgico de Las palmeras salvajes de Faulkner, me encontré con dos páginas en blanco, y más adelante con otras dos, y luego dos más… El típico efecto que produce un pliego que, por error, ha sido impreso solamente de un lado: ocho pares de páginas perdidas. Supongo que, con la llegada del libro electrónico, accidentes como éste serán reemplazados por otros de una naturaleza distinta.

No es lo peor que me pasó en este rubro —en algún comentario de este blog ya conté un caso peor—, pero aquí el problema era que lo que estaba leyendo, en términos dramáticos, era una verdadera brasa, tanto que sería un spoiler brutal referir aquí ese momento de la acción.

El personaje de Calvino tuvo más suerte: el problema de su libro estaba en el segundo pliego, y entonces pudo volver a la librería a cambiarlo enseguida (aunque ya sabemos lo que le pasó después, así que no: tanta suerte no tuvo). En mi caso, el accidente llegó más o menos a los tres cuartos del libro. Y mi edición era barata, de bolsillo: para cuando llegué a ese punto, el libro estaba tan manoseado que no daba para devolverlo. Además ya había perdido la factura de compra.


William Faulkner en un balcón, trabajando en un guión de cine. Hollywood, principios de los años cuarenta. [Foto: Alfred Eriss/Time & Life Pictures/Getty Image; tomada de esta galería].

Estaba leyendo la traducción de Borges (que muchos atribuyen a su madre). Salí a buscar otro ejemplar, de la edición que fuese, pero con esa traducción. Para mi sorpresa no conseguí ninguno. De hecho, en esos días había bastante poco de Faulkner en las librerías cordobesas; un par de títulos editados por Anagrama, El sonido y la furia de Cátedra y no mucho más.

Leer en la pantalla puede ser incómodo, pero no necesitaba leer el libro entero, sino sólo esas dieciséis páginas, así que busqué esa traducción en formatos electrónicos: PDFs y DOCs por Google, en descarga directa, por eMule: nada. Sí encontré casi todo Faulkner, pero no ese libro traducido. Quizás no supe buscar bien. Declarándome derrotado de antemano, tampoco quise probar en inglés.

El libro quedó a un lado, con el señalador clavado en la nieve de esas páginas. Otras lecturas lo fueron tapando.

Pasaron dos o tres años hasta que este accidente común salió en una conversación en casa de un amigo, quien me prestó su ejemplar (Sudamericana, vieja y buena colección de kiosco). Se insiste en que las fotocopias matan al libro; éstas lo revivieron. Recorté las fotocopias de esas páginas ausentes para que entraran lo mejor posible dentro de mi ejemplar. Y así retomé la lectura.

[Continúa en el próximo post]

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9 pensamientos en “Las palmeras salvajes, de William Faulkner (I): interrupción

  1. Me pasó lo mismo con Taratuta de Donoso. Compré el ejemplar en una librería de saldo. Al tiempo, cuando fui a leerlo, cada diez páginas faltaban cuatro, y así hasta tornar imposible cualquier hipotesis de anticipación.
    Con respecto a Palmeras salvajes, es el propio Borges quien dice que la traducción de esa novela de Faulkner es de su madre, Acevedo.
    saludos

  2. Costa: Uno quiere escuchar más allá de la pared y termina escuchando lo que hay dentro de ella. Puede ser la muerte, porque está en todas partes.

    Gracias por el regalo. Saludos.

  3. Addendum de septiembre de 2011:

    En el Club de Traductores Literarios de Bs. As. reproducen un artículo de Carlos María Domínguez sobre la traducción de Las palmeras salvajes hecha por Borges. Ahí se lee lo siguiente:

    Una tardía afirmación de Borges vino a sumar nuevas intrigas. En su “Autobiografía”, refirió a propósito de su madre: “Hizo también algunas de las traducciones de Melville, Virginia Woolf y Faulkner que se me atribuyen”. La confesión es genérica y corre un manto sobre la autoría del trabajo que lleva la firma de Borges.

    El resto del artículo es muy interesante también.

  4. Pingback: Sumario #7 | El pez volador

  5. Un post viejo, para un problema vigente. Me pasó algo por estilo con mi Palmeras Salvajes (y llegué a tu blog buscando algún PDF, pero sin suerte)… En mi caso, lo regalé en circunstancias lamentables, justo cuando iba a poco más de la mitad… A la fecha, no he visto otro ejemplar de Sudamericana. ¡Saludos!

  6. Inés: sí, es notable cómo este título es más difícil de hallar en versión electrónica que otros del autor. Arriesgo que los derechos sobre la traducción de Borges tienen algo que ver con la persecución de la piratería sobre este libro en particular.

  7. Pingback: Noche caliente, de Lee Child | El pez volador

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