Entrevista en revista Ocio

Tapa-revista-OCIO-143-mayo-2016

En el Nº 143 de la revista Ocio,
conversamos con Santiago Aguirre
sobre Mil surcos y Las ostras,
entre otras cosas:

“…Mil surcos es tan libre como Las ostras, ambos libros se pueden leer de manera independiente. Aun teniendo puntos de conexión, las dos novelas resultan verdaderamente autónomas. Las ostras se refiere a un pasado reciente y Mil surcos a un pasado lejano…” […]

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Preparación para el amor, de Leticia Obeid

Por Martín Cristal

Leticia-Obeid-Preparacion-para-el-amorÉste es el texto que escribí para la presentación de Preparación para el amor, novela de Leticia Obeid (Caballo Negro, 2015). 8 de julio de 2015, en L’Ecole Bon Appetit, Ayacucho 333, Córdoba. 

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En Preparación para el amor, segunda novela de Leticia Obeid (Caballo Negro Editora, 2015), una artista argentina —que se mueve en el universo de las artes visuales pero que también escribe— conoce a un joven cineasta palestino que está de paso por Buenos Aires. No son Scherezade y Onur y no comparten mil y una noches. Sólo pasan juntos trece noches, las suficientes para enamorarse. ¿Se enamora la artista realmente de ese hombre en particular o simplemente estaba “con ánimo de amar”, tal como titulaba Won Kar Wai una hermosa película suya (In the Mood for Love)? Y el cineasta palestino, ¿estará igualmente enamorado de ella? ¿Está dispuesto a profundizar una relación, a dejarse llevar por el amor?

Parece que sí: él da clases en Berlín y, ante la inevitable separación, invita a la artista a que vaya a Alemania y pase un tiempo con él. Ella acepta encantada (literalmente). Ya conoce Alemania, especialmente Frankfurt (de sus visitas previas trata la primera parte del libro, titulada “Heidi”). Tampoco la atemoriza el invierno europeo, así que allá va ella, con todas sus estrategias de amorosa cazadora y todas las incertidumbres de una nueva presa del amor.

El texto, entonces, además de construirse mediante la lógica secuencial y acumulativa de cualquier diario íntimo, se irá entreverando con los rasgos de una crónica de viaje. Recordemos que Leticia Obeid participó anteriormente en una antología de crónicas de viaje editada por Caballo Negro, titulada Los visitantes (2011). Su crónica en ese libro era la de un viaje a México DF. Viví un tiempo en esa ciudad y recuerdo que los mexicanos tienen un dicho —toda una opinión— sobre la situación de dos amantes geográficamente distanciados. Ellos dicen: Amor de lejos, amor de pendejos. No quedar atrapados en la lógica de desearse solamente por Skype es quizás otro buen motivo para que la narradora decida viajar a Berlín.

Ahora bien, a esta artista no le basta sólo con saberse enamorada: ella además quiere saberlo todo sobre el amor. Esta ansiedad reflexiva trastoca su diario; se había propuesto escribir una página por día sin por eso circunscribirse a un tema dado, pero —de a poco y en cierta medida— el texto se le convierte en un tratado sobre el amor.

La novela se estructura en un vaivén entre el relato principal del reencuentro amoroso y una larga serie de notas (que el libro prefiere no ubicar al pie de la página como es tradición hacerlo, sino en las páginas pares; el texto central del diario se lee en las impares). Estas notas —cuya recurrencia nos recuerda vagamente a David Foster Wallace— suelen expandir el relato en digresiones ensayísticas sobre diversos temas, aunque lógicamente el tema central nunca deja de ser el amor.

A veces las notas también expanden el argumento, presentando ramificaciones del viaje o más detalles de la experiencia amorosa. Un tercer uso que Obeid les confiere es el de insertar materiales adicionales —letras de canciones, por ejemplo—, un poco como Cortázar lo hace en la tercera sección de Rayuela. En el libro también hay imágenes intercaladas entre el relato principal, un poco a la manera del escritor alemán W. G. Sebald.

Pecadora-equivocada-(1940)

Tenemos, entonces, una narración heterogénea entretejida con densa reflexión: del mismo modo en que, según nos dice la narradora, a ella le gusta organizar las actividades de cada día, este libro también mezcla las acciones “más intelectuales con las más domésticas”.

El carácter reflexivo de la narradora no logra ser refrenado ni siquiera por su analista, que le pide que deje el autoanálisis. Pero a ella la escritura le ofrece un terreno que la enfoca y que le sirve, según ella misma confiesa; y entonces, interpreta. Analiza. Se sienta y escribe cosas como ésta: “El enamoramiento es un momento anticapitalista, de puro gasto y pérdida, de potlatch y, a veces, de locura; […] después viene el amor, que es otra cosa”. Y también: “El texto enamorado […] es como una especie de conjuro para sostener un estado, una forma, extender un momento o volverlo espacio”.

Pensamientos de este tenor remiten inmediatamente a los Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes; en efecto, la referencia a ese genial diccionario del amor no tarda en aparecer en la novela. Así como es posible leer el Werther de Goethe apoyándonos en el libro de Barthes, también se puede leer el libro de Obeid a través de esa misma lente. En mi opinión, las entradas de Fragmentos de un discurso amoroso más aplicables a Preparación para el amor serían ocho:

  1. El rapto amoroso inicial (ese arrebato, que siempre se analiza en retrospectiva);
  2. Conducta (sintetizable en la pregunta “¿Qué hacer [con esto que me está pasando en este mismo momento]?”);
  3. Comprender (acción quizás mejor expresada en la frase “Quiero comprender lo que me ocurre”);
  4. Escribir (todo sobre un “inexpresable amor”);
  5. Incognoscible (lo inapresable que resulta el amor para el intelecto);
  6. Contingencias (término que abarca todos los “Acontecimientos, reveses y contrariedades”);
  7. Salidas (búsqueda de soluciones hipotéticas para las crisis amorosas); y…
  8. Insoportable (aunque esto será mejor no detallarlo aquí).

En algunas escenas puntuales figuran dos conceptos más: la Dedicatoria y la Escena (¿qué pareja de enamorados no se ha enzarzado en una escena?).

Escribe la artista en su diario: “Releo a Barthes y su Discurso amoroso porque me resulta terapéutico y reconfortante. Me siento menos idiota…”. Sería entonces su hemisferio racional el que se apoya en Barthes, en reflexionar a lo Barthes, para sacarla a flote del vaivén de sus sucesivas contradicciones amorosas.

Ese torbellino de contradicciones de esta enamorada resulta central; se manifiesta en expresiones oximorónicas, como por ejemplo (cito):

“Mi cabeza entiende que estoy hecha una tonta inteligente.”

“Anoche decidimos que me voy yo a Berlín, a verlo. A estar juntos, nomás, todo lo que se pueda. Me parece una locura, pero muy lógica…”

Dicho estado nos remite a la condición intrínsecamente contradictoria del amor, cortocircuito que Shakespeare ya pintaba en Romeo y Julieta. Temprano en la obra, Romeo define al amor con una seguidilla de hermosas contradicciones. Aquí en la traducción de Neruda:

¿Por qué el amor que riñe? ¿El odio que ama?
¡Y de la nada todo fue creado!
¡Vanidad seria! ¡Levedad pesada!
¡Informe caos de agradables formas!
¡Pluma de plomo! ¡Humo que ilumina!
¡Salud enferma! ¡Fuego congelado!
¡Sueño de ojos abiertos, que no existe!

(Podemos recurrir también a un ejemplo más cercano en el tiempo y el espacio: “Pasajera en trance”, de Charly García, canción que dice: “un amor real es como dormir y estar despierto / un amor real es como vivir en aeropuertos”. De paso ese verso nos devuelve al tema del viaje).

Así las contradicciones a las que el amor somete a esta artista. “La única independencia que tengo en este momento, con respecto a vos, es la música…”, dice ella, pero vive atrapada escuchando una misma lista de Grooveshark todo el día: es la música que le recuerda a él.

Romeo, en otra parte de la obra, también define al amor como una “locura juiciosa” (a madness most discreet). En el mismo sentido, Obeid escribe: “La obsesión amorosa […] es un estado parecido a la psicosis”.

Aun sin conocer la vida privada de Leticia Obeid, la “sensación autobiográfica” que emana del texto es alta. Esa misma sensación ya la habíamos tenido al leer su novela anterior, Frente, perfil y llanura, editada por Caballo Negro en 2013. Sabemos, claro, que difuminar las categorías de autor y narrador es uno de los juegos más frecuentados por la ficción, y también que buena parte de cualquier ficción consiste en poner una mentira muy cerca de una verdad. De ahí que esa “sensación autobiográfica” en el lector deba tomarse como una virtud del texto, ya sea por la verosimilitud lograda en la construcción de sus mentiras o por la natural honestidad con que expone sus verdades.

Cada lector podrá elegir qué creer. ¿Serán los preparativos de este viaje (o todos los viajes anteriores) la “preparación para el amor” que la espera en Berlín? ¿O será toda esta experiencia en sí misma la preparación para un amor todavía más hundido en el futuro, uno que logre equipararse con las historias de amor de nuestros abuelos, que tanto nos gusta idealizar?

Para saberlo tendremos que leer. Y dejarnos enamorar por esta novela.

La canción de las máquinas, de Pablo Dema

Por Martín Cristal

Pablo-Dema-La-cancion-de-las-maquinasÉste es el texto que escribí para la presentación en Río Cuarto de La canción de las máquinas, de Pablo Dema (Recovecos, 2014). [A su vez, en esa misma oportunidad, Pablo se refirió a mi novela Mil surcos].

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A medida que el lector avanza en La canción de las máquinas —cuarto libro de cuentos de Pablo Dema (General Cabrera, 1979)— va confirmando que sus once relatos se afirman en una “unidad de lugar”. El escenario común de sus ficciones es la ciudad de Río Cuarto, por supuesto, pero más específicamente la plaza Mójica, como centro de su universo narrativo, y también como su modelo. Presa en su rotonda, la plaza es circular; el libro también propone un viaje circular si se leen sus relatos en el orden propuesto por el autor. Otra correspondencia: bajo la plaza, al menos en la ficción de Pablo (ignoro si es así en realidad), funciona un conjunto de pasadizos subterráneos que comunican con otras casas o zonas aledañas. Del mismo modo, los relatos de este libro también presentan “pasadizos” entre ellos. Esas conexiones pueden ser los ya mencionados escenarios comunes, pero también el hecho de que, por ejemplo, un personaje secundario de algún relato aparezca luego como protagonista de algún otro. Son pequeñas marcas que cohesionan al libro de cuentos, que lo armonizan como conjunto.

La distancia temporal necesaria para la buena escritura —ese poder de evocación fría que recomendaba Quiroga—, Dema la ejerce no sólo en descripciones minuciosas sino además en varios instantes de pausada reflexión que son la marca de estos relatos y que constituyen los puntos más altos del libro (en especial si discurren sobre la enseñanza y el aprendizaje, temas que Pablo conoce bien por su experiencia como docente). Uno de sus profesores-narradores dice: “Todo esto que voy recordando se llena de matices y adquiere definición ahora que lo examino con tranquilidad”.

Es una de las tantas observaciones certeras que aparecen en el autoexamen implacable que los personajes de este libro hacen de sí mismos. En todos los casos, la concisa profundidad de estas interpolaciones sorprende por el redescubrimiento de situaciones que nos son comunes a todos, pero que aquí son tratadas con una meticulosidad que arroja nueva luz sobre viejos temas. “Había encontrado un libro en el que las cosas aparecían por fin nítidas”, dice el narrador del cuento “Un pozo de luz”. La nitidez del pensamiento es un atributo de este libro.

Libro-de-dema

Paso a comentar algunos de los cuentos. El primero que leí, hace tiempo ya, se titula “Roque Santeiro”: salió en la revista online No-retornable, en un número que antologaba autores de Córdoba, donde Pablo y yo tuvimos el gusto de coincidir. En “Roque Santeiro”, dos hermanos visitan a su padre en la cárcel; el hermano que narra, dice lo siguiente: “La escuela, la clínica, la cárcel, siempre el mismo dolor de estómago cuando entro en esos lugares”. La equivalencia que establece esta enumeración comunica bien cómo es considerada en estas páginas la escuela (un escenario crucial en este libro). No es aquí el lugar edificante donde los jóvenes se entregan sin más a las potencialidades de un aprendizaje sano y seguro, deseado, sino un lugar que incluso es capaz de provocar dolor, un territorio donde los alumnos tienen que defenderse de la coerción institucional mediante el ejercicio pertinaz y consciente de la abulia.

Una de las preocupaciones recurrentes en este libro es la situación de los jóvenes, especialmente de los marginales, tanto en su relación con el sistema educativo como con la ciudad y la sociedad toda. La escritura, el dibujo o la música, si bien no son salidas para esa marginalidad, ofrecen —en el desahogo de sus expresiones— un paliativo, un instante de liberación. No mucho más: los narradores de Dema en este libro no logran sobreponerse a una desilusión vital que los acecha en cada esquina, sólo atinan a mitigar esa desilusión por la vía de comprenderla, de pensarla minuciosamente, en sus causas, en sus circunstancias. En “Roque Santeiro” —el cuento del que empezamos hablando—, el narrador escucha que “en la radio suena una canción en la que alguien dice que los caminos de la vida no son los que él pensaba ni los que él creía que eran”. Al leer ese pasaje recordamos de inmediato la voz de Vicentico, pero también pensamos, por ejemplo, en el personaje de Patricia Arquette en la reciente obra maestra de Richard Linklater, Boyhood, cuando se quiebra y confiesa la desilusión de haber creído, alguna vez, que en la vida habría “algo más”.

Aporto esta referencia externa de Boyhood desde el menú de mis recuerdos cinematográficos, pero La canción de las máquinas trae sus propias marcas cinéfilas. Esto es evidente en el título de otro cuento, “Mulholland Restaurant”, en clara referencia a la película de David Lynch, Mulholland Drive. Este cuento trepa desde una cita en un restaurante hasta una situación dramática muy atractiva: el reencuentro con alguien conocido pero en un ámbito distinto, lo cual motiva que se trastoquen los roles de autoridad. Este mecanismo reaparecerá en el último relato del libro, titulado “El pupilo” (lo comentaremos después).

La referencia a Lynch también funciona como aviso temprano para la plástica estructura narrativa que mostrarán ese último cuento y también otro llamado “Coma alcohólico”. Éste es el primero de los cuentos del libro cuya atmósfera podríamos llamar “rara”; opera mediante transiciones rápidas entre las escenas que lo componen, las cuales se articulan por una continuidad no siempre lógica, siguiendo más bien la dinámica del sueño o de la borrachera.

En el universo narrativo de Dema, la fatalidad y la inexorabilidad de la muerte se imponen a las eventuales alegrías que sus personajes puedan tener. A nadie se le escapa que, ante un instante de gozo, la muerte sólo tiene que sentarse a esperar que el tiempo pase. Cierta amargura recubre como una patina incluso los instantes más tiernos del libro. Sin embargo, en el cuento “La indómita luz” —titulado según un verso de “Rezo por vos”, esa canción preciosa que grabaron Spinetta y García, y de la que en este libro se hace una interpretación impecable—, cuando acontece, en dicho relato, una tragedia que ya es inmodificable, surge el mensaje que pudo prevenirla en su momento, y ese mensaje era defender la vida. La muerte campea en La canción de las máquinas, sí, pero el pesimismo natural del libro es confrontado por Dema en este cuento. Que la vida vale la pena, en especial la de los jóvenes, es algo que a ellos sí está dispuesto a decirles, lo crea verdad o lo crea mentira, y más allá de que en este cuento el narrador llegue tarde para hacerlo.

Dos cuentos, “El desengaño” y “La Madre Soltera”, exploran abiertamente cuestiones “de clase” (no de clase en el aula, sino de clase social). En el primero aparece una vergüenza de clase que desencadena una especie de complejo de inferioridad, aunque finalmente brindará herramientas para emanciparse del mandato familiar. En “La Madre Soltera” seguimos el drama de una mujer condenada a la soledad, el agotamiento y la alienación. Ella y los demás personajes del cuento se nos presentan como arquetipos. La ambigüedad en el manejo del tiempo y el espacio es magistral; es, en cuanto a su forma, el cuento más redondo del libro, uno que puede ser leído prescindiendo de la red de conexiones que agrupa a los demás. Por esto mismo no me sorprendería verlo extractado en alguna antología, más adelante.

Si hasta este cuento, que es el anteúltimo, el libro puede leerse de un tirón, les recomiendo hacer una pausa antes de acometer la lectura del último cuento, “El pupilo”. No sólo porque es notoriamente más largo que el resto, lo que quizás requiera que uno tome cierto envión antes de empezarlo, sino porque este relato final es una caja de sorpresas hecha de veloces transiciones entre ámbitos disímiles, un poco como si se comprimieran muchos cuentos dentro de uno. En “El pupilo”, el libro se permite ensanchar el abanico de estrategias narrativas que venía mostrando. Aquí Dema puede pasar de un futurismo satírico a la parodia borgeana (agregándole en ambos casos una cuota de humor al libro).

También puede bucear en un onirismo casi religioso —el combate contra un ángel, que recuerda al episodio bíblico de Jacob en la escalera—, y de ahí mudarse al realismo más puro y duro, de vuelta en el ámbito educativo y reencontrando todos los leitmotiv del libro: la unidad de lugar, cierta angustia vital, la observación del adolescente como sujeto o víctima de la violencia, el aula como mirador de la cuestión social y la sorpresa de un alumno reencontrado en un contexto nuevo, que otra vez trastoca las jerarquías. El “pupilo” del cuento puede ser lógicamente el alumno, pero también el maestro, si se entiende que el verdadero aprendizaje es para él (que hasta se vuelve pupilo de boxeo en su poético sueño de lucha contra el ángel).

Para cerrar este esbozo, completo la rotonda y vuelvo al primer cuento, que es el que da título al libro, “La canción de las máquinas”. Acerca de la plaza Mójica cuando se la mira con el Google Earth, en ese cuento se dice lo siguiente:

“Desde arriba se veía como un disco gris con manchones verdes y marrones; pero ahora, desde acá abajo, en la plaza misma, todo se multiplica y adquiere nitidez, mejor dicho, nos damos cuenta de todo lo que se borra a la distancia y de lo engañosos que son los planos generales del mundo”.

Esa distancia que media entre una plaza que recorremos caminando sin prisa y la representación de esa misma plaza en los mapas satelitales, es la misma distancia que media entre la lectura morosa de un libro y su presentación en reuniones como ésta. Queda en ustedes, entonces, acercarse al libro y recorrer sus cuentos como quien pasea por una plaza y elige demorarse bajo la copa de aquellos árboles que lo atraen por su aire distinto, por su sombra o por sus pájaros. Bajo la frondosidad de su prosa podrán sentarse a pensar en todos los temas que proponen las historias que cuenta Pablo Dema.

Entrevista en video para Estudio Q

Estudio Q es un proyecto de editorial Nudista, con microdocumentales sobre escritores que producen desde Córdoba, Argentina. Mi perorata se deconstruye en este video, dirigido por Lucas Moreno. Las respuestas completas están desgrabadas y disponibles en un e-book gratuito: se descarga desde el sitio del proyecto, donde también hay más videos de otros escritores cordobeses.

Descargar el e-book del Estudio Q-2 (Mercadal-Dema-Cristal)
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Algunos extractos de la entrevista*

“ME CONMUEVEN MUCHO los regresos, los comebacks de alguien que estaba dado por muerto y no estaba vencido ni aun vencido. Ese tipo de historias siempre me conmueven. Clint Eastwood en Los imperdonables, o incluso en el deporte, Larry Bird, su canto del cisne: ese último partido donde se cae, se parte la cara contra el piso y lo sacan hasta el consultorio médico y el tipo le miente al médico que se siente bien y vuelve y gana el partido. Cosas así, que parecen de película, y que Hollywood las ha explotado muchísimo para quemarnos la cabeza. Pero bueno, a mí me pueden esas historias. En el mismo camino, la persistencia y la perseverancia, esas historias que cobran sentido cuando te las cuentan resumidas: el tipo que estuvo treinta años haciendo equis cosa para obtener un resultado, por ejemplo científico, y cambiar un poquito la historia de lo que sea que haya estado estudiando. Mientras lo está haciendo no es una historia: nadie le da bola. […]. La perseverancia y la resistencia me conmueven mucho”.

“EL FUNCIONAMIENTO DEL LENGUAJE es éste: una red que uno tiene para poder asir el mundo. Y a partir de ahí, de entenderlo así, surge una concepción o una preferencia sobre el uso de esa red. […] Podemos representar al mundo real con un pez y al mundo de la imaginación con un pez volador. Tirás la red para atrapar cualquiera de esos peces. A los peces después los devolvés al agua o al cielo. Pero digamos, lo hiciste para tener ese pez un momento entre las manos. Para eso uno usa el lenguaje. Me parece que la malla de esa red es el lenguaje. Si uno se queda mirando solamente el lenguaje no está operando sobre el mundo; por ejemplo, un gramático está profundamente interesado en la red, no necesita arrojarla sobre nada, salvo para ejemplificar el uso de red. Un narrador, como yo lo concibo, no quiere hacer eso. Una red demasiado abierta no termina de definir el objeto sobre el que cae y el pez se escapa por los agujeros. La red tiene que estar trabajada, bien anudada como para poder tomar el mundo. Si la red es demasiado impermeable y cerrada tampoco sirve porque no se ve a través de ella. […] Si la red es demasiado densa y no se ve del otro lado, no se ve el objeto donde cayó el lenguaje, caemos sobre eso que llamamos hermetismo, un lenguaje demasiado cerrado sobre sí mismo, que no permite ver. Mi concepción entonces es la transparencia. Para mí, uno tiene que trabajar la oración, el párrafo y la página en función de la transparencia del concepto. Importa el lenguaje en la medida en que me permite captar el mundo, ya sea el mundo real o el de la imaginación. Eso es lo importante: la transparencia. Los textos que insisten en el barroquismo y en el hermetismo, en general no me gustan”.

“NO ME INTERESA LA PERTENENCIA A UN CLUB. Tampoco escribo buscando un diálogo con otros autores contemporáneos. Lo que hago es ofrecer un monólogo, lo que tengo para decir, grande, chico, bueno o malo. La potestad de establecer un diálogo entre lo que uno hace y lo que hace otro, está en los lectores. […] Yo no centro el ejercicio de escritura en una cuestión de llamada y respuesta, tambor de esta aldea sonando para comunicarse con el tambor de la otra aldea. No lo hago por eso”.

“LAS VOCES […], si bien deben ser diferentes en un trabajo coral, para no romper la unidad del libro como tal deben tener armonía, en un sentido musical. Un coro tiene armonía porque hay una distancia relativa entre sus voces. No son voces perfectamente distintas como en un colectivo, donde cada uno está hablando en otro tono. En el colectivo el murmullo es simultáneo, pero no [necesariamente] tiene unidad en un sentido armónico”.

“NO SÉ CUÁNDO UN TEXTO ESTÁ TERMINADO. Sí sé cuando yo estoy terminado, cuando estoy acabado yo con el texto. También varía un poco el trabajo de la novela en general con el de otras piezas más breves. […] En la novela ver el todo es más difícil, requiere más tiempo, y ese tiempo implica lecturas y relecturas que te van agotando. Es importante cortar antes del hartazgo. […] Porque entonces uno todavía le guarda un cariño al texto”.

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*Las preguntas fueron: I. ¿Qué cosas te conmueven o emocionan? ¿Qué lugar ocupa la literatura en tu vida? II. ¿Cómo era el lugar donde transcurrió tu infancia? ¿Qué recuerdo atesorás de la infancia y adolescencia (en relación a la lectura y/o escritura)? ¿Qué lecturas te quedaron de aquella época? ¿Quiénes fueron tus formadores e iniciadores en la lectura y la escritura? ¿Cuándo comenzaste a escribir? ¿Qué queda de esa experiencia iniciática? III. ¿Qué concepción del lenguaje atraviesa tu escritura? ¿En qué tradición la inscribirías? ¿Con qué autores contemporáneos crees que dialogan tus textos? IV. ¿Cómo nacen tus escritos? ¿Es un trabajo, una disciplina, un ejercicio, es algo espontáneo? Si tuvieras que definir tu proceso de escritura con una imagen, ¿cuál sería? ¿Cómo es el espacio ideal y el real desde dónde escribir? Ante una idea, ¿cómo decidís qué “forma” darle? ¿De qué manera el género es una elección? ¿Cómo construís las voces que hablan en tu escritura? ¿Y los personajes? Su perspectiva, ¿es una mirada hacia el futuro, el presente o el pasado? ¿Hay algún escenario que se reitere o que tenga un valor significativo en tu escritura? ¿Cuál es su relación con otras disciplinas y experiencias de la vida (como las artes plásticas, la música, el cine, la educación, la política, etc)? ¿Cuándo considerás terminado un texto? ¿Cómo construís los títulos? Si tuvieras que elegir, entre todos tus escritos, uno solo para ser conservado, ¿cuál sería y por qué?

Agenda para agosto y septiembre de 2014

Agenda
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En los próximos quince días voy a andar por varios lugares, dentro y fuera de la Feria del Libro. Acá un pequeño resumen, por si les pinta acercarse a alguna de las actividades (todas en Córdoba, Argentina).

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Estudio Q

Estudio-QMiércoles 27 de agosto, 19 hs. en el CCEC (Entre Ríos 40) | Estudio Q es un proyecto de investigación, producción audiovisual y edición literaria sobre escritores que producen desde Córdoba. Lo realiza el equipo de editorial Nudista y consta de entrevistas en video con escritores contemporáneos, entre los que se me invitó a participar. Dichos microdocumentales se presentan en tres encuentros, combinados con lecturas (el de esta fecha es el segundo encuentro, en el que también estarán Silvina Mercadal y Pablo Dema). Después los videos se cuelgan en la web y también se desgraban en forma de e-books, para su descarga libre y gratuita. Más info acá.
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Sarau

Sarau-IIMiércoles 3 de septiembre, en Favela (Achaval Rodriguez 267) |  Un sarau, en portugués, es un evento artístico donde se presenta poesía y música en una dinámica distendida y de micrófono abierto. Éste es el segundo sarau en Córdoba, orientado a la traducción de literatura brasileña y argentina contemporánea. Me invitaron a leer alguna narración breve, que tendrá su correspondiente traducción al portugués. También leerán (y serán traducidos) Diego Monsalvo, Fabio Martínez, Franco Boczkowski, Rocío Pavetti y Silvio Mattoni. Como anfitrión oficiará Christiano Aguiar, escritor y crítico literario de Paraíba (actualmente reside en São Paulo).
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Narrativa contemporánea cordobesa

Eugenia-Almeida-Pablo-DemaDomingo 7 de septiembre, 18 hs., Cabildo | En el marco de la Feria del Libro, participaré junto con Eugenia Almeida y Pablo Dema en una de las tres mesas que, en diferentes días, presentarán a distintos escritores contemporáneos de la provincia. La intención es dialogar sobre las distintas experiencias de escribir en/de/desde Córdoba hoy. Coordina Eduardo Gásquez.
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Fruta extraña

Calavera-Pablo-PeisinoMartes 9 de septiembre, 19 hs., en El Gran Vidrio (sucursal de Humberto Primo esq. Jujuy) | En este lugar —que combina galería de arte con cocina fusión de autor— Pablo Peisino presentará Fruta extraña, un libro que condensa lo mejor de su obra plástica hasta la fecha. Lo acompañaré con un texto que escribí especialmente para esa publicación, editada por Llantodemudo. También estarán José Heinz y Alejandro Londero.
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Narrativa en sintonía pop, en Antena

Antena2014Miércoles 10 de septiembre, 20:30 hs., Cabildo | Antena es un espacio anidado en la Feria, cuyo objetivo es generar diálogos en torno a la edición contemporánea. Ahí José Heinz coordinará una mesa sobre narrativa pop (sea lo que esto fuere), en torno a la siguiente idea: “Muchos escritores sostienen el intercambio entre cine, televisión, literatura, música e incluso videojuegos. Escritores, periodistas y críticos de Córdoba ofrecen su punto de vista sobre estas y otras observaciones de una cultura que se jacta de una contemporaneidad absoluta, que a veces deja su huella y en otras desaparece casi sin dejar rastros de su paso.” Deliraremos sobre el asunto con Juliana Rodríguez Salvador y Javier Mattio. Habrá música a cargo de Coleco (que hace sets con gameboys).

¿Qué estabas haciendo el 11-S?

Por Martín Cristal

En el suplemento “Temas” de La Voz del Interior, hoy sale una nota (coordinada por Emanuel Rodríguez) en la que once escritores cordobeses recuerdan brevemente el momento en que se enteraron del atentado a las Torres Gemelas. Lo que sigue es mi pequeño aporte. Los de los otros autores —Pablo Natale, Iván Ferreyra, Luciano Lamberti, Eugenia Almeida, Federico Falco, Martín Maigua, María Pousa, Fabio Martínez, José Playo y Pablo Dema— pueden leerse aquí.

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¿Qué estabas haciendo
el 11 de septiembre de 2001?

Vivía en México: el diseñador gráfico bancaba al escritor. Supe del atentado apenas llegué a las oficinas de la revista semanal donde trabajaba como director de arte. Había un clima de excitación morbosa (mis compañeros eran periodistas), de implícita revancha (eran mexicanos), de incredulidad y sorpre­sa (éramos televidentes). Todo el material preparado para ese número se fue al tacho. El cierre del viernes sería muy tarde.

Colaboré en la selección fotográfica. Debíamos componer el relato visual de una tragedia demasiado reciente. ¿Qué matizar, qué mostrar a página completa? ¿Yuxtaponer bomberos y víctimas? ¿Señalar al hombrecito que cae o dejar que lo descubran los lectores?

Ante la previsible unanimidad temática en los quioscos dominicales, decidimos competir con una tapa desplegable: una panorámica de Manhattan desde el río, su perfil tachado por una ominosa estela de humo. Titular: “Vientos de guerra”.

Anduvo bien. Nuestra siguiente tapa desplegable vendría tras el bombardeo de Bagdad.

Debate en la Feria del Libro 2011

El realismo en autores cordobeses

Mesa-debate en la Feria del Libro de Córdoba 2011, con
Perla Suez, Eugenia Almeida, Sergio Gaiteri y Martín Cristal.

Coordina: Susana Chas.

Jueves 8 de septiembre, a las 19:30 hs.
en la Biblioteca Córdoba (27 de abril 375). Entrada gratuita.

[Ojo: los que saben de realismo son ellos. Yo acepté estar en el panel
para poder escucharlos de más cerca. Todo lo que digamos podrá ser usado
en nuestra contra.
Quedan todos invitados.]

Nivel medio, de Sergio Gaiteri

Por Martín Cristal

Éste es el texto que escribí para la presentación de Nivel medio, la primera novela de Sergio Gaiteri (editorial Raíz de Dos).

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En 2008, cuando Sergio Gaiteri obtuvo la primera mención en el Premio Clarín por Nivel medio, ese diario —con la sucinta frialdad que se suele destinar a las menciones— la resumió como una obra que trata sobre “la ambigüedad de las relaciones humanas”. A mí, esa frase me suena a un slogan que no va más allá de indicar otra ambigüedad: la de jurados y periodistas a la hora de tipificar una novela que ofrece mucha más tela para cortar.

A primera vista, Nivel medio podría parecer un título que deja una puerta demasiado abierta a la ironía de algún crítico haragán. Lo que ese título indica, en realidad, es el nivel educativo en el que se desempeña Claudio, el primer narrador de la novela: un joven profesor de Literatura en una escuela secundaria. El título también sugiere el nivel en que Claudio se encuentra en tanto aspirante a escritor: está justo a medio camino entre Alfio (su alumno rebelde y talentoso) y Locasio (el escritor consagrado que le despedaza un cuento a fuerza de correcciones en rojo). Medio también es el nivel socioeconómico del segundo narrador de la novela: el odontólogo Julio. Y en medio de ambos protagonistas está Cecilia: futura ex mujer de Claudio y amante de Julio. Con ese triángulo, el arranque de la novela queda servido.

Nivel medio nace de la ampliación de un cuento homónimo incluido en Certificado de convivencia, un libro que ya contenía algunos cuentos que parecían novelas condensadas (por ejemplo, “El metal más duro”). Más que ampliación debería decirse continuación: el cuento “Nivel medio” no fue inflado —en una especie de inversión de la famosa táctica borgeana— de un argumento que podía exponerse en unos pocos minutos a un libro de 220 páginas. No: lo que Sergio hizo fue continuar esa historia con otras que la suceden, y que tienen por protagonistas a los mismos personajes.

Así como, hace algunos años, Hernán Arias presentaba a Los invitados como un libro de cuentos, aunque al terminar de leerlo uno tranquilamente podía pensar que acababa de leer una novela, con Nivel medio uno puede asomarse al revés de esa misma estrategia: Sergio Gaiteri nos presenta a Nivel medio como una novela —y en definitiva eso es—, pero al terminarla uno tranquilamente podría pensar que acaba de leer un muy buen libro de cuentos. Esto es así porque la estructura de esta novela está concebida como una serie de relatos ensartados al modo de un collar de perlas, todos ellos con el estilo lacónico y austero que ya es la marca de Gaiteri. Aquí no hay —como en las novelas más comunes y corrientes— un conflicto central que se desarrolla mientras a su alrededor se organizan otras subtramas; aquí el avance de la trama se da en forma episódica, ampliando una atmósfera o un tapiz. En su propio beneficio, Gaiteri no se estira para alcanzar la novela, para repetirla o reinventarla, sino que la obliga a acercarse al cuento, o a la colección de cuentos, el terreno que él mejor conoce. Y cuando ya la tiene a su alcance, borra las huellas que marcaban el límite entre un género y el otro mediante sutiles ligaduras que funcionan como epílogo de lo sucedido o avances de lo que vendrá. La estrategia es eficaz y su espíritu, claramente contemporáneo.

Los dos narradores alternados —Claudio y Julio— van desenrollando su parentela y sus relaciones: una mancha humana que se va expandiendo a su alrededor. El título también indicaría el terreno en que se da el registro de esas experiencias humanas: la novela no apunta a las situaciones extremas de la existencia, a las grandes alegrías y tragedias de la vida, a los altibajos, sino a escarbar en las planicies intermedias de lo cotidiano: el relato toma por un camino que en otras disciplinas —como la Publicidad o la Historieta— ya se suele señalar con el rótulo de slice of life (“porción de vida”), aunque lo hace sin caer en el costumbrismo ni estereotipar nunca esa muestra en el afán de representarla con verosimilitud. Los ámbitos varían (una fiesta de quince, un cumpleaños con castillo inflable, la premiación en un concurso literario, una casa en las sierras…), pero siempre resultan familiares y reconocibles, sobre todo para el lector cordobés. Muy pocas veces Gaiteri se permite excepciones como una situación muy grave (alguien que padece cáncer) o un ámbito fuera de la provincia (alguien que viaja a Buenos Aires).

Los personajes de Nivel medio están esbozados por pequeñas acciones. Nunca nos encontramos con una descripción física de ellos. Su exterioridad consiste sólo en sus actos, los cuales nos dan la clave de su interioridad, de la procesión que llevan dentro. Todos tienen vidas ordinarias; todos tienen nombres comunes. Quien lee a Gaiteri por primera vez puede creer que estas historias son demasiado corrientes o, engañado por la sencillez del estilo, pensar que son fáciles de escribir. Cuidado: también el arroz parece fácil de hacer, pero no lo es si lo que uno busca —tal como le explica Julio a Cecilia— es “…un punto, una textura. Y una combinación”. Ya desde antes de publicar Los días del padre, su primer libro de relatos, Gaiteri había determinado muy bien qué punto quería para sus historias, cuál sería la textura de su estilo y qué combinación de situaciones reales quería contarnos. En Nivel medio sigue haciéndolo con una calidad sostenida, cuya principal desventaja es que nos va malacostumbrando a ella.

Un problema que suelen enfrentar los escritores programáticos es el no atreverse a incorporar variaciones o aspectos nuevos a su obra por miedo a traicionarse. Es el peso de lo hecho. Me pregunto cómo conseguirá Sergio que no nos acostumbremos, que no nos lo aprendamos, que no nos cansemos de leerlo. Quizás a él esto no le importe. En caso de que sí, una posibilidad —se me ocurre— es que él vaya ampliando sus registros tal como ya empezó a hacerlo en Nivel medio: además de la tristeza, la incomodidad y el desasosiego que siempre minan a los personajes de Gaiteri como un estrés subterráneo, en la novela también hay ciertas situaciones basadas en un sentido del humor que al menos yo había detectado solamente en uno de sus cuentos anteriores (titulado “Lona” y todavía inédito). Éste es un registro nuevo, cuya aparición celebro.

Ya que el acento del libro está puesto en las situaciones narradas —más que en el estilo o la estructura—, entonces no vamos a adelantar ninguna de esas situaciones en la presentación de la novela para no menoscabar el disfrute de descubrirlas durante la lectura. Tampoco vamos a hablar del final de la novela. No porque nos lo prohíba el editor, sino porque la noción misma de final como una promesa, como una zanahoria que nos hace seguir leyendo para alcanzarla, debe ser desactivada cuando nos enfrentamos a un texto que desde el principio no responde a la lógica canónica de las estructuras narrativas cerradas, sino a la ilógica y a veces absurda sucesión de eventos que componen la existencia de las personas.

Creo que, en los buenos libros, uno se da por bien servido mucho antes de llegar a la última página. Baste decir entonces que el “corte directo” de Gaiteri puede llegar en cualquier momento, y que la perplejidad puede ser una recompensa mayor que la sorpresa. A partir de hoy, tanto esa como las otras recompensas que esconde esta novela están al alcance de todos los lectores.

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Foto tomada de cordoba.com.ar

Presentación de Nivel medio

Este jueves 8 de abril a las 19:30 en el patio del Cabildo (Córdoba) voy a estar junto a Sergio Gaiteri presentando su primera novela, Nivel medio. La novela obtuvo la primera mención del premio Clarín en 2008; también fue finalista del Emecé en 2009. La publica la editorial cordobesa Raíz de Dos.

Sergio Gaiteri es autor de Los días del padre y otros relatos (2006; mención del Fondo Nacional de las Artes) y Certificado de convivencia y otros relatos (2008; primer premio del Fondo Nacional de las Artes). Dichos libros fueron editados por Del Boulevard y Recovecos, respectivamente. Ambos son muy recomendables.

En la presentación, los actores Roberto Videla e Ignacio Tamagno interpretarán algunas partes de la novela. También habrá empanadas y vino en cantidad. A no perdérselo.

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PD del 13/04/10: Aquí el texto que escribí para la presentación.