Antología: 25 minutos en el futuro. Nueva ciencia ficción norteamericana. (I)

Por Martín Cristal

25-minutos-en-el-futuro-Rojo-BEF-SobrecubiertaTras haber relevado un panorama temporal amplio de la ciencia ficción con la lectura de la antología Masterpieces —la cual trae cuentos de la década de 1930 a la de 2000—, y después de recorrer otro específico de la vertiente cyberpunk como el de la famosa antología Mirroshades, me interesó mucho la actualización propuesta por 25 minutos en el futuro. Nueva ciencia ficción norteamericana, antología a cargo de los mexicanos Pepe Rojo y Bernardo Fernández (alias Bef).

El libro ofrece relatos de ciencia ficción de Estados Unidos y Canadá publicados en los últimos veinticinco años. Salió en 2013 y nunca me crucé con él en las librerías locales, aunque este año tuve la suerte de encontrarlo en la Feria del Libro de Buenos Aires (a precio de oro en el stand del distribuidor de Almadía en Argentina).

Sin contar a “un par de autores que fue imposible convocar”, y a otros muy difundidos en castellano —William Gibson, Kim Stanley Robinson— que los antologadores eligieron dejar fuera para darles espacio a autores menos conocidos, el volumen reúne veinticinco historias muy eclécticas, incluso cuando todas pueden ser contenidas por la etiqueta “ciencia ficción”, lo cual demuestra la amplitud que puede alcanzar el perímetro genérico.

Los relatos fueron traducidos por Rojo y Bef, y también por Alberto Chimal, Gerardo Sifuentes y Alberto Calvo. La traducción está pensada sobre todo para los lectores mexicanos. Al respecto, dicen los antologadores: “Si el libro cae en las manos de lectores de otros países hispanoparlantes, les pedimos una disculpa por el saborcillo local, pero era parte de la misión”. El que avisa no es traidor, y si bien ese “saborcillo” se percibe ya desde ese mismo diminutivo, nunca interfiere negativamente en la lectura.

 

Los cuentos

De los relatos seleccionados en estas 736 páginas, sólo conocía dos: el brillante “La historia de tu vida”, de Ted Chiang (que había leído en el extraordinario libro homónimo, la única colección de relatos de Chiang hasta la fecha); y la cruza fantástico-cheeveriana “Los osos descubren el fuego”, de Terry Bisson (que mencionamos al comentar la “generación mediática” en Masterpieces). Me quedaban veintitrés relatos para descubrir y disfrutar.

[Atención: spoilers]

Los que más me gustaron fueron los siguientes:

Paolo Bacigalupi, “El apostador” [2008]: Si el mundo de la televisión alcanzó en menos de cien años de existencia la histeria de los ratings minuto a minuto, el mundo de internet, con todas las herramientas de medición instantánea de las que dispone, llegó mucho más allá en menos tiempo. Bacigalupi extrema esa obsesión corporativa por la cacería de clics mediante esta historia en la que un inmigrante del sudeste asiático trabaja generando contenidos para una compañía norteamericana de noticias en la red. La visualización en directo del tráfico digital se combina con el eterno dilema entre la popularidad de los contenidos y su calidad (es decir, con la discusión sobre su relevancia).

La competencia es feroz y exige una tasa de viralización y masificación que algunos contenidos de calidad no podrán alcanzar por muy buenos que sean; la decisión de seguir publicándolos termina siendo de orden político. El protagonista del cuento puede darse cuenta de esto gracias a que lo ve todo con la distancia del que no pertenece a la sociedad con la que ahora convive; él contrasta sus decisiones con los valores heredados de su padre en su tierra de origen: Laos. El personaje está muy bien construido, y el final del cuento resulta conmovedor.

ADN

Greg Bear, “Música en la sangre” [1983]: Es el único cuento de la antología que escapa al rango temporal 1988-2013 predefinido por los antologadores; resulta curioso que sea el primero del libro, porque así el volumen arranca con una excepción. Rojo y Bef afirman en el prólogo que “la importancia del cuento justifica la decisión”. Tras la lectura no se puede más que agradecer la licencia: el de Bear es sin duda uno de los mejores cuentos del volumen. En el relato, la nanotecnología se presenta tan desarrollada que es capaz de interactuar dentro del cuerpo humano, con su ADN, para así transformar al hombre. Por otros medios, el cuento llega a la misma pregunta-conclusión que Soy leyenda de Richard Matheson: esta mutación, ¿implica la destrucción de la raza humana o sólo su evolución en otra cosa?

George Saunders, “93390” [2000]: Un cuento escrito con la fría objetividad de un informe acerca de “un estudio de toxicidad aguda de diez días”, cuyos sujetos son veinte monos; se los observa mientras se los somete a un envenenamiento controlado. Con el lenguaje frío y objetivo de la ciencia, Saunders consigue desnudar el nivel de crueldad que el ansia de conocimiento puede alcanzar en lo referido al uso de animales vivos en experimentos. A un tiempo, este breve relato eriza la piel y lleva a reflexionar sobre el tema.

Ken Liu, “Los algoritmos del amor” [2004]: Descubrí a este autor muy poco antes, en otra antología —Terra Nova—, y ya estoy encantado leyendo su primera colección de relatos, publicada en 2016: The Paper Menagerie. Liu no incluyó “Los algoritmos del amor” en dicha colección, y en efecto puede que éste no sea uno de sus mejores cuentos; sin embargo, destaca en el conjunto de los veinticinco seleccionados aquí.

Elena hace carrera en el diseño de muñecas animadas, autómatas capaces de interactuar con los humanos. La ilusión de inteligencia es cada vez mayor, Elena hace sus muñecas cada vez más sofisticadas. Cuando la tragedia llegue a las vidas de Elena y su pareja, Brad, ellos harán uso de esos conocimientos tecnológicos para sobrellevarla. El precio a pagar por Elena es que todos sus avances en inteligencia artificial ponen en cuestión la inteligencia humana y la realidad de las interacciones sociales.

A juzgar por éste y otros cuentos que llevo leídos de Liu, la marca del autor parece ser la combinación de buenas ideas con el don de lograr la emoción del lector.

Lucius Shepard, “Kirikh’quru Krokundor” (2009): Shepard falleció en 2014 y hasta aquí no había leído nada de él (sí sobre él: precisamente la necrológica de Martín Pérez en Página/12). Rojo y Bef informan que este cuento se publicó originalmente en una antología por el bicentenario de Edgar Allan Poe; como los demás relatos de aquel libro, el de Shepard es una reelaboración de un cuento de Poe (en su caso “El dominio de Arnheim”).

En el relato, un grupo de académicos y estudiantes va a explorar Saint Gotthard, un asentamiento “establecido en 1863 en un valle andino en Venezuela por una secta morava disidente que hasta entonces tenía su sede en Suiza”. El motivo del viaje es realizar una investigación sobre esta secta, que de pie a un futuro libro a medio camino entre lo académico y lo sensacionalista.

Este largo relato impone un ritmo de novela corta. Tras la presentación de los personajes y los motivos del viaje, llegamos a las ruinas del aislado y solitario asentamiento: su atmósfera de misterio es vívida, muy bien lograda, tanto en el paisaje —cuyas descripciones son fundamentales— como en lo referido a la tensión creciente entre los exploradores, que perciben que algo en el lugar los amenaza e influye fuertemente en sus pulsiones sexuales.

Jeff VanderMeer, “Variaciones de la cabra” [2009]: Notable explotación de las posibilidades cuánticas de un acontecimiento como el atentado a las Torres Gemelas en 2001. La visita del presidente de los Estados Unidos a una escuela parece, en principio, un calco del momento en que George W. Bush fuera informado sobre el ataque (momento que Michael Moore inmortalizara en Fahrenheit 9/11), salvo que aquí las cosas son aún más complejas: una máquina del tiempo le ha permitido al presidente revisitar variaciones del mismo momento una y otra vez en forma superpuesta, otorgándole así distintos matices a la tragedia, y un peso agobiador a sus variantes.

Nancy Kress, “Margen de error” [1994]: Breve y efectivo. Karen es una madre ocupada con sus hijos pequeños. Una noche viene a hacerle una consulta profesional Paula, su hermana y ex colega de un proyecto de ingeniería genética. Algo no anda bien en el proyecto, y Paula viene a pedir ayuda. Pero Karen dejó de trabajar ahí hace años, cuando se convirtió en madre; fue apartada del proyecto por maniobras de la propia Paula. Surgen viejos resentimientos y se va afilando una revancha en curso.

[Continuará en el siguiente post].

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Antología: Obras maestras. La mejor ciencia ficción del siglo XX (III)

Por Martín Cristal

Continúo con mi recorrido por esta antología
confeccionada por Orson Scott Card en 2001.

[Leer la primera parte ]
[Leer la segunda parte]

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Parte 3. La generación mediática

Este segmento del libro me resultó algo polarizado: cuatro cuentos memorables, pero también algunos de los más aburridos. Los cuentos que más me gustaron de esta parte:

• George R. R. Martin, “Los reyes de la arena” [1979]: El cuento del creador de Juego de tronos (de Una canción de hielo y fuego) es uno de los más impactantes de esta antología. Un ermitaño ricachón, fanático de las mascotas alienígenas, compra un arenero con bichos que comparten una mente-colmena. Los insectos son capaces de adorar a su dueño como un dios… salvo que les toque un dios demasiado ambicioso y tirano, como éste.

• William Gibson y Michael Swanwick, “Combate aéreo” [1985]: Otro relato memorable, en la atmósfera del cyberpunk. Un perdedor vagabundo, recién llegado a un pueblo pequeño, intenta ganarse su lugar entre los competidores de un juego 3D con combates aéreos (dogfights). Para mejorar sus chances, no duda probar cierta droga que potencia sus reflejos y su poder de anticipación. Todo sea por ganar, aunque ¿qué significa ganar?

• John Kessel, “Una huida perfecta” [1985]: El síndrome de Korsakov implica una pérdida parcial de la memoria del Paciente. En los interrogatorios que le hace la Doctora de este cuento, el Paciente jamás recuerda los interrogatorios anteriores…

• John Crowley, “Nieve” [1985]: Junto con el de Sturgeon, el otro gran cuento lírico del libro. Lo central aquí es la “avispa”, una camarita que te sigue mientras filma toda tu vida, no para que tus seres queridos te terminen reclamando cualquier cosa —como en el tercer capítulo de Black Mirror—, sino para que tus deudos puedan recordarte, viendo escenas al azar (esto no es como The Final Cut, donde al video póstumo te lo editaba Robin Williams).
 

Otros:

Harry Turtledove, “El sendero descartado”: En tono de farsa: una raza alienígena ha logrado dominar la técnica del viaje espacial y la usa para llegar hasta la Tierra e intentar invadirla, pero con armas de fuego del siglo… ¿XV? No toda la técnica se desarrolla igual: los humanos, por ejemplo, nunca han logrado viajar tan lejos, pero en su casa pueden defenderse con armas muy distintas. Las consecuencias del encontronazo pueden ser fatales para toda la galaxia y zonas aledañas.

Terry Bisson, “Los osos descubren el fuego”: Los osos aprenden a manipular el fuego. Esto es sólo un telón de fondo para una historia que, sin ese condimento fantástico coyuntural, sería tranquilamente un cuento realista cheeveriano.


Y los que menos me gustaron:

George Alec Effinger, “Uno”: Desazón de un explorador interestelar al comprobar que no hay más planetas habitados que el de su partida: la Tierra.

Lisa Goldstein, “Turistas”: La situación es kafkiana: un turista no puede irse nunca del lugar donde está vacacionando. Su única salida será quedarse en ese lugar… y vivir del turismo, claro.

James Patrick Kelly, “Rata”: Una rata con conciencia humana es traficante de drogas en Nueva York. (¿Y? Eso mismo pregunto yo. Me quedo con Ratatouille).

C. J. Cherryh, “Vasijas”: Unos arqueólogos del futuro analizan restos de… ¿la Tierra? No llegué a saberlo. Me resultó muy aburrido, y es el único cuento que abandoné.

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Más allá de los defectos que puedan encontrarse en la selección o en algún relato en particular, esta antología me resultó útil como paneo del género. Un barrido muy esclarecedor y, sobre todo, muy entretenido.