Lucas Di Pascuale (Nº4 de la colección “1.330.022, etcétera”)

Por Martín Cristal

Éste es el texto que escribí para la presentación del Nº 4 de la colección “1.330.022, etcétera, artistas contemporáneos de Córdoba”, dedicado a la obra de Lucas Di Pascuale (Casa Trece Ediciones, 2017). 11 de abril de 2017, en la sala “Luis Gagliano” del SiReLyF, Jujuy 27, Córdoba.

La obra artística de Lucas Di Pascuale (Córdoba, 1968) ofrece múltiples recorridos para ser abarcada y comprendida. Entre todos esos recorridos, hoy voy a proponerles cinco. Aquí van:
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1.

El primero y más obvio es el recorrido cronológico. Su inicio podría situarse en 1996 con Homenajes —muestra de la tesis universitaria de Di Pascuale—, y abarcaría un quehacer de veinte años hasta la llegada del libro que presentamos hoy: un nuevo volumen de la colección “1.330.022, etcétera”, promovida por Casa Trece Ediciones y dedicada a indagar en las prácticas de artistas contemporáneos cordobeses.

En la introducción del libro, sus editores —Nicolás Balangero, Luciano Burba y Rocío Carnicer—, señalan que el recorrido cronológico de Di Pascuale podría dividirse en tres etapas diferenciadas por sus modalidades de trabajo, a saber:

  1. Una etapa programática, en la que Di Pascuale “tenía una idea y la llevaba a cabo”. (Por ejemplo en Chocolates argentinos, su CD interactivo sobre el tema de la Guerra de Malvinas [2003]).
  2. Una etapa en la cual muchos proyectos devinieron de “las propuestas que [Lucas] desarrolló para invitaciones recibidas a exposiciones, residencias para artistas o charlas”. (Ejemplo: On The Roof, instalación de molinos de viento —hechos con barro, palos y diskettes— en el techo de una casa abandonada en Shatana, Jordania, durante una residencia [2007]).
  3. La etapa actual, relacionada con “la revisión de lo hecho, el montaje y la reedición”, mediante el recurso de tomar elementos “de otros lados o de la propia obra”. (Ejemplo: la instalación antológica Botín [2013-2015]).

Éste sería entonces un primer recorrido posible.
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On The Roof (2007).
2.

El segundo recorrido podría seguir las estrategias del artista, según las propone él mismo en una infografía incluida en el libro. Serían, claro, sólo las estrategias de las que el propio Di Pascuale es consciente (siempre hay que desconfiar de la exhaustividad de los esquemas que un artista provee sobre su propio trabajo). Esas estrategias conscientes son cinco:

  1. La técnica, como en el caso de los objetos de Conversa (2006-2007), creados a partir de platos de asado.
  2. Las indagaciones, como en el caso del Apunte Daleo (2004-2005), la transcripción manuscrita del testimonio de Graciela Beatriz Daleo en el Juicio a las Juntas Militares.
  3. El montaje, como en el caso de los molinos de viento de la ya citada On The Roof.
  4. Las estrategias múltiples, como en el caso de la serie Parabrisas (2007-2011), compuesta por apuntes teóricos articulados con muestras e intervenciones en el espacio público, y que por cierto también incorporaban la quinta estrategia:
  5. Lo colaborativo, manifiesto también en el libro H31 (1999-2001), una publicación realizada conjuntamente con Gabriela Halac y con aportes de muchas otras personas; y muy clara en su reciente trabajo junto a Soledad Sánchez Goldar: Lindes para el viento (2014-2015).

Varias obras aparecen atravesadas por más de una línea estratégica; por ejemplo, Yerba Mala (2013) —una instalación de diversos objetos acompañada por un apunte—, que implica una estrategia “de técnica, múltiple y colaborativa”: todo a la vez.

Conversa (2006-2007).
3.

El tercer recorrido que quiero presentarles hoy es mi recorrido personal. Lo traigo a colación sólo como una forma de discurrir sobre algunos rasgos fundamentales de la obra de Di Pascuale. También para poner en cuestión los dos recorridos anteriores.

Conocí a Lucas en 2006, o sea, a mitad de la cronología que referí al comienzo. Lo hice cuando entré a trabajar en el estudio de diseño gráfico que por entonces llevaban adelante él y su hermano Facundo (una de las cuatro personas que aparecen en la tapa, armando uno de los carteles de López, instalación que se replicó en diversos lugares entre 2007 y 2010). Con esto quiero decir que conocí a Lucas en su rol de diseñador antes que en el de artista. Más tarde lo descubriría como lector, formador, padre de familia y amigo.

La primera muestra de Lucas que vi fue Apolíptico (2006). Eran dípticos, cada uno conformado por a) una pintura al óleo en la que toda la tela estaba cubierta por un solo color, liso, y b) un dibujo pequeño, en óleo sobre papel, enmarcado aparte. Esos dibujos estaban hechos con pinceles gruesos y eran rápidos, muy básicos, como íconos realizados de memoria por un niño: un pinito, una casita, un arco de fútbol…

Por entonces yo ya sabía que, varias décadas antes, el Arte había estado paseando despreocupadamente por una sala de exposiciones, seguro en sus formas establecidas, hasta que tropezó con un mingitorio que no debía estar ahí (pero estaba). Sabía también que a partir de aquel momento se propagó tal redefinición de los procedimientos artísticos que se borraron casi todos los límites, excepto por cierta zanja, que es cada vez más ancha entre el público “entrenado” en ver arte contemporáneo y ese “gran público” que ante muchas de esas obras de arte —y sólo cuando es capaz de distinguirlas como tales— apenas ve “un fiasco” o “una estafa”.

Admito que esa tarde estuve del lado del gran público. ¿Qué hacían colgados en una galería todos esos rectángulos mudos, cada uno junto a un dibujito infantil a más no poder? En realidad, yo no podía comprenderlo porque estaba entrando tarde a la obra general de Di Pascuale: él ya llevaba diez años produciendo.

Apolíptico (2006).

En el libro, Nancy Rojas señala algo fundamental sobre la obra de Lucas: dice que “es imposible pensar sus piezas en forma aislada”. Es verdad; por suerte aquella vez fui curioso e hice preguntas. Así supe que Apolíptico —una mezcla de los términos políptico y apolítico— era una muestra con la que Lucas intentaba desembarazarse de cierta etiqueta que, en los diez años de su producción anterior, habían empezado a endilgarle: la de “artista político”. Él no pretendía negarla —al fin y al cabo ahí estaba el registro de obras anteriores, como por ejemplo H.I.J.O.S. (una serie de pinturas con letras en plotter de corte, de 1999-2001)—, pero sí buscaba cuestionarla, relativizarla, desmarcarse para impedir que esa categorización externa se solidificara sobre él y le impidiera avanzar en otros sentidos.

Es decir que aquella muestra de Di Pascuale, ya era —tempranamente— una revisión sobre su propia obra. Una parada a mitad de camino para relevar el propio hacer. Esto nos lleva a concluir que aquel recorrido cronológico que establecimos al principio no es rígido en la división de sus tres etapas. No hay revisión sólo en la tercera etapa; ya antes la hubo, sobre la marcha, y más de una vez. Por su lado, las otras dos etapas —la de las “ideas propias” y la de los “proyectos surgidos a partir de su participación en residencias y exposiciones con otros artistas”— tampoco son compartimientos estancos.

De hecho, la interacción con terceros —artistas y no artistas— ha sido una constante en el obrar de Lucas Di Pascuale. Desde 2006 me tocó ser testigo y parte de esa interacción muchas veces. Por ejemplo, cuando me invitó a grabar una de las voces de su instalación Artista comprometido (de 2008: un mix sonoro de las definiciones que muchas personas le habían dado a Lucas al responder su pregunta “¿qué es un artista comprometido?”). También cuando, con otros invitados, armamos un cartel de López sobre la entrada del Museo Caraffa (2009); o cuando nos invitó a hacer una mínima intervención urbana con las calcomanías de su proyecto Ciudadano (2010), y luego a leer algo en la tarima móvil de ese mismo proyecto, estacionada para la ocasión en la Plaza de la Intendencia.

Armando el cartel de López en el Caraffa (2009). Viviane Gandra, Soledad Parisí, Juan Der Hairabedian, Martín Cristal, Jésica Culasso, Ananké Asseff, Sofía Watson. (Foto: Lucas Di Pascuale).

Tengo otros ejemplos, pero creo que no hacen falta más para comprender este tercer recorrido, el mío. Desde Apolíptico —es decir, desde mi total incomprensión— tuve que ir primero hacia atrás para entender, y desde ahí hacia adelante, en una especie de seguimiento de la obra reciente de Di Pascuale, lo cual muchas veces implicó algún grado de involucramiento, siempre entreverado con la proximidad y la amistad.

Esa proximidad y esa amistad alentaron varias charlas entre nosotros. Cierta vez que yo despotricaba frente a Lucas sobre la literatura que sólo habla sobre sí misma, el tema se fue corriendo hacia el arte que sólo habla sobre sí mismo. En mi opinión el síntoma es idéntico: en los dos casos —literatura o artes visuales— esa manía de la cita autorreferencial también es responsable del alejamiento del “gran público” respecto de ambos ámbitos, porque exige cada vez más un público experto, y así se va excluyendo a más y más personas.

Lucas dijo sí, puede ser, pero con su habitual tranquilidad enseguida equilibró el asunto: si el arte sólo se refiere a todo lo demás y nunca a sí mismo —me dijo—, entonces se pone en un pedestal, en una posición desde la que todo es criticable, excepto el arte mismo. Desde aquella charla nunca me he olvidado de ese matiz sobre el tema.

Si hablamos de citas artísticas, hay un trabajo de Di Pascuale que es el summum de esa práctica: me refiero a la serie de dibujos que inició durante su residencia en Holanda, en 2008. En esos dibujos replicaba con su propio estilo las obras de diversos artistas. Primero publicó algunos en su libro taurrtiissttaa; en 2009 expuso muchos más en el Museo Caraffa. A medida que sumó más dibujos, fue conformando la obra Colecciones (2008-2010), para finalmente transformarse en dos tomos hermosos, Ali/Lai y Lau/Zip (Ediciones Documenta, 2014), los cuales para mí funcionaron como una pequeña enciclopedia visual para descubrir nuevos artistas.

A raíz de ese ejercicio constante, cabe reconocer cuánto ganó el dibujo de Lucas Di Pascuale en complejidad formal y riqueza técnica a lo largo de los últimos años. Es, creo yo, su forma principal de expresión (si bien puede que Di Pascuale esté más cerca del rótulo “artista conceptual” que de cualquier otro que pueda pegársele). Como dibujante, ya no parece darle mucho lugar a la casita de trazo grueso o al pinito monocromático; hoy presenta variaciones y texturas, rostros detallados y tapas de libros, vetas en los troncos, copas de árboles llenas de hojas… Los dos extremos  de esta evolución como dibujante se pueden relevar, entrelazados sin considerar la cronología, en las páginas del libro Distante (Borde Perdido Editora, 2014).
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Libros: Ali/Lai y Lau/Zip; Distante y taurrtiissttaa.
4.

El cuarto recorrido implica cierto grado de intimidad del artista. Por ende, sólo puedo entreverlo en sus textos y sus obras, y ofrecerlo apenas a modo de hipótesis. Se trata de un recorrido posible basado en ciertas relaciones afectivas de Lucas.

Los libros de “1.330.022, etcétera” traen un anexo con referencias sobre personas, instituciones, lugares o hechos mencionados a lo largo de cada publicación. Es un esfuerzo editorial elogiable, una iniciativa didáctica que entre otras cosas busca educar al lector no experto, frenando un poco esa expulsión centrífuga provocada por el mingitorio de Marcel Duchamp.

El mismo Duchamp aparece en la página 110 de ese anexo. Ahí su vida ha sido sintetizada de la siguiente manera: “Artista y ajedrecista. Figura fundamental en el arte del siglo XX, creador del ready-made”.

Son apenas dos líneas de texto. En la columna de al lado aparece un arquero de fútbol, el Pato Fillol, sólo porque Lucas lo menciona —casi al pasar, apenas como un dato contextual de época— en uno de sus textos seleccionados en la sección de archivo del libro. El resumen biográfico de Fillol en el anexo se extiende a nueve líneas.

Nueve renglones para una figura que, precisamente por ser accesoria, quizás requiere de una explicación más extensa; y sólo dos renglones para una figura central, que justamente por dicho carácter, se entiende que no precisa de mayores presentaciones.

Ahora bien: si de las figuras incidentales se abunda en detalles, y de las fundamentales se dan pocas explicaciones, se entiende qué lugar ocupa en estas dos jerarquías Diego Jorge Di Pascuale, quien aparece en la misma página que Duchamp y Fillol, y de quien se dice, en sólo medio renglón: “Padre de Lucas”. De ninguna otra persona del anexo se da una definición tan escueta.

El escrito de Lucas donde se menciona de pasada al Pato Fillol, es en realidad una remembranza del artista sobre su propio padre. El texto se titula “Costa Rica”, y fue publicado originalmente en el libro Treinta ejercicios de memoria a treinta años del golpe (Eudeba, 2006). Ahí Lucas explicita la ausencia deliberada de ese padre, “por lo menos —dice— en el sentido de lo que un niño necesita como padre”. Aclara que esa ausencia no se debió al accionar de la dictadura ni nada parecido, sino a una decisión individual de ese padre. Entre otras cosas, también cuenta que ese padre era capaz de hacerse pasar por militar para eludir un control caminero, que llamaba “viejas locas” a las Madres de Plaza de Mayo, y que le advirtió a Lucas, cerca del final de la secundaria, que dejara de meterse en política porque “iba a terminar en una fosa común como toda esa manga de pelotudos subversivos”.

Los actos y actitudes de ese padre (cuando estuvo), y sus inacciones y silencios (cuando no estuvo) podrían ser leídos —por alguien más afecto al psicoanálisis que yo— como una especie de big bang que secretamente dio impulso a muchas de las decisiones de Lucas Di Pascuale, tanto vitales como específicamente artísticas.

Algunas de esas decisiones artísticas podrían ser, por ejemplo, la de centrar buena parte de su producción en un arte político (y de determinado signo político: la reivindicación de la lucha por los derechos humanos, eso que aquel padre menospreciaba); o la de haber hecho de la colaboración con otros un eje transversal de su obra, en contraposición a la idea de “cortarse solo” (como quien deja a todos y se va a Costa Rica); o incluso el amor manifiesto de Lucas hacia su mujer y sus hijas, su rol paterno, y la manera de integrar a su familia en sus proyectos artísticos (como por ejemplo en Comuna, el reciente espacio de formación en el que participan su mujer y una de sus hijas).

Di Pascuale junto a una pieza de Yerba Mala (2013).

El peso de lo familiar ha ido emergiendo, cada vez con mayor claridad, en obras recientes como la mencionada Yerba Mala, en la cual —en abierta contraposición a la figura del padre— se  superponen (o mejor: se sobreponen) la figura de la madre, la de los hermanos y también el resto de la familia. El mismo Lucas —en una entrevista con Florencia Magaril— dijo de esa obra: “…tiene que ver con mi historia familiar. Mi infancia y la relación con mi viejo, una persona que estaba de más en la familia. Un padre que, pese a estar físicamente ausente, continuaba y continúa aún hoy estando presente” (La Voz del Interior, 6/6/13).

Algo parecido podía percibirse en su muestra del año pasado (2222, en la galería El Gran Vidrio; algunas imágenes de esa muestra se reproducen al final del libro). Ahí había colaboraciones de las dos hijas de Lucas, mientras que —por otro lado— el recuerdo de la figura materna surgía con mayor fuerza y espacio concedidos que el de la paterna (que, sin embargo, no desaparecía del todo).

Ésta es sólo una hipótesis. Otro eje transparente que quizás también vertebra la obra, pero que no borra ni traspapela otros recorridos posibles para ella.
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5.

El quinto recorrido queda abierto porque es el que surgirá de la lectura de este libro: será el recorrido personal de cada lector. Cada uno trazará —junto con lo mucho o lo poco que ya conozca sobre la obra de Di Pascuale— su propio derrotero sobre el accionar de este artista. Será un camino con picos y valles, con atajos y rodeos, con líneas rectas y desvíos.

Con una eficiente presentación gráfica a cargo de Juan Paz, los libros de esta valiosa colección —en la que ya aparecieron Aníbal Buede y Lila Pagola— articulan diálogos con el artista, disquisiciones críticas sobre su obra, material de archivo y el registro de algunas obras clave en su producción. En este caso, esos textos van desde los amenos diálogos con Andrea Fernández, que dan cuenta de los múltiples roles de Lucas (incluido el de diseñador, que un poco explica su berretín por el formato “libro”), hasta textos académicos o filosóficos más densos, como los de Nancy Rojas, Hernán Ulm o Fabhio Di Camozzi; pasando por el intercambio epistolar entre Lucas y Ana Longoni acerca de la experiencia del PTV (o Partido Transportista de Votantes: otro proyecto artístico de Lucas que se convirtió en obra colectiva), o por textos del propio Di Pascuale en solitario, relativos a distintas muestras y aspectos del quehacer artístico.

Botín (MAC Salta, 2015).

Para concluir, quisiera subrayar una idea que me parece central en el libro. Si se las considera en forma aislada, ninguna de las obras de Di Pascuale lo abarca por completo o lo representa del todo; ni siquiera lo hace Botín, una instalación exhibida entre 2013 y 2015 (sobre la que Emilia Casiva escribe con elegancia y precisión). Ni siquiera esa especie de antología personal abarca del todo a Lucas, porque en sus sucesivas presentaciones se ha revelado tan fragmentaria como cambiante.

Vale decir entonces que la variedad y la complejidad interna del accionar artístico de Lucas Di Pascuale, crecen en diversas direcciones por debajo de la aparente sencillez de cada obra en particular. Ésta es la razón principal por la que un libro como éste —que consigue relacionar todas esas obras y comprenderlas como un todo— sea tan necesario y bienvenido.

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Lucas Di Pascuale, libro Nº 4 de la colección “1.330.022, etcétera”, sobre artistas contemporáneos de Córdoba. Nicolás Balangero, Luciano Burba y Rocío Carnicer (eds.), y autores varios. Casa Trece Editores, Córdoba, 2017. Artes plásticas. 120 páginas.

Preparación para el amor, de Leticia Obeid

Por Martín Cristal

Leticia-Obeid-Preparacion-para-el-amorÉste es el texto que escribí para la presentación de Preparación para el amor, novela de Leticia Obeid (Caballo Negro, 2015). 8 de julio de 2015, en L’Ecole Bon Appetit, Ayacucho 333, Córdoba. 

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En Preparación para el amor, segunda novela de Leticia Obeid (Caballo Negro Editora, 2015), una artista argentina —que se mueve en el universo de las artes visuales pero que también escribe— conoce a un joven cineasta palestino que está de paso por Buenos Aires. No son Scherezade y Onur y no comparten mil y una noches. Sólo pasan juntos trece noches, las suficientes para enamorarse. ¿Se enamora la artista realmente de ese hombre en particular o simplemente estaba “con ánimo de amar”, tal como titulaba Won Kar Wai una hermosa película suya (In the Mood for Love)? Y el cineasta palestino, ¿estará igualmente enamorado de ella? ¿Está dispuesto a profundizar una relación, a dejarse llevar por el amor?

Parece que sí: él da clases en Berlín y, ante la inevitable separación, invita a la artista a que vaya a Alemania y pase un tiempo con él. Ella acepta encantada (literalmente). Ya conoce Alemania, especialmente Frankfurt (de sus visitas previas trata la primera parte del libro, titulada “Heidi”). Tampoco la atemoriza el invierno europeo, así que allá va ella, con todas sus estrategias de amorosa cazadora y todas las incertidumbres de una nueva presa del amor.

El texto, entonces, además de construirse mediante la lógica secuencial y acumulativa de cualquier diario íntimo, se irá entreverando con los rasgos de una crónica de viaje. Recordemos que Leticia Obeid participó anteriormente en una antología de crónicas de viaje editada por Caballo Negro, titulada Los visitantes (2011). Su crónica en ese libro era la de un viaje a México DF. Viví un tiempo en esa ciudad y recuerdo que los mexicanos tienen un dicho —toda una opinión— sobre la situación de dos amantes geográficamente distanciados. Ellos dicen: Amor de lejos, amor de pendejos. No quedar atrapados en la lógica de desearse solamente por Skype es quizás otro buen motivo para que la narradora decida viajar a Berlín.

Ahora bien, a esta artista no le basta sólo con saberse enamorada: ella además quiere saberlo todo sobre el amor. Esta ansiedad reflexiva trastoca su diario; se había propuesto escribir una página por día sin por eso circunscribirse a un tema dado, pero —de a poco y en cierta medida— el texto se le convierte en un tratado sobre el amor.

La novela se estructura en un vaivén entre el relato principal del reencuentro amoroso y una larga serie de notas (que el libro prefiere no ubicar al pie de la página como es tradición hacerlo, sino en las páginas pares; el texto central del diario se lee en las impares). Estas notas —cuya recurrencia nos recuerda vagamente a David Foster Wallace— suelen expandir el relato en digresiones ensayísticas sobre diversos temas, aunque lógicamente el tema central nunca deja de ser el amor.

A veces las notas también expanden el argumento, presentando ramificaciones del viaje o más detalles de la experiencia amorosa. Un tercer uso que Obeid les confiere es el de insertar materiales adicionales —letras de canciones, por ejemplo—, un poco como Cortázar lo hace en la tercera sección de Rayuela. En el libro también hay imágenes intercaladas entre el relato principal, un poco a la manera del escritor alemán W. G. Sebald.

Pecadora-equivocada-(1940)

Tenemos, entonces, una narración heterogénea entretejida con densa reflexión: del mismo modo en que, según nos dice la narradora, a ella le gusta organizar las actividades de cada día, este libro también mezcla las acciones “más intelectuales con las más domésticas”.

El carácter reflexivo de la narradora no logra ser refrenado ni siquiera por su analista, que le pide que deje el autoanálisis. Pero a ella la escritura le ofrece un terreno que la enfoca y que le sirve, según ella misma confiesa; y entonces, interpreta. Analiza. Se sienta y escribe cosas como ésta: “El enamoramiento es un momento anticapitalista, de puro gasto y pérdida, de potlatch y, a veces, de locura; […] después viene el amor, que es otra cosa”. Y también: “El texto enamorado […] es como una especie de conjuro para sostener un estado, una forma, extender un momento o volverlo espacio”.

Pensamientos de este tenor remiten inmediatamente a los Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes; en efecto, la referencia a ese genial diccionario del amor no tarda en aparecer en la novela. Así como es posible leer el Werther de Goethe apoyándonos en el libro de Barthes, también se puede leer el libro de Obeid a través de esa misma lente. En mi opinión, las entradas de Fragmentos de un discurso amoroso más aplicables a Preparación para el amor serían ocho:

  1. El rapto amoroso inicial (ese arrebato, que siempre se analiza en retrospectiva);
  2. Conducta (sintetizable en la pregunta “¿Qué hacer [con esto que me está pasando en este mismo momento]?”);
  3. Comprender (acción quizás mejor expresada en la frase “Quiero comprender lo que me ocurre”);
  4. Escribir (todo sobre un “inexpresable amor”);
  5. Incognoscible (lo inapresable que resulta el amor para el intelecto);
  6. Contingencias (término que abarca todos los “Acontecimientos, reveses y contrariedades”);
  7. Salidas (búsqueda de soluciones hipotéticas para las crisis amorosas); y…
  8. Insoportable (aunque esto será mejor no detallarlo aquí).

En algunas escenas puntuales figuran dos conceptos más: la Dedicatoria y la Escena (¿qué pareja de enamorados no se ha enzarzado en una escena?).

Escribe la artista en su diario: “Releo a Barthes y su Discurso amoroso porque me resulta terapéutico y reconfortante. Me siento menos idiota…”. Sería entonces su hemisferio racional el que se apoya en Barthes, en reflexionar a lo Barthes, para sacarla a flote del vaivén de sus sucesivas contradicciones amorosas.

Ese torbellino de contradicciones de esta enamorada resulta central; se manifiesta en expresiones oximorónicas, como por ejemplo (cito):

“Mi cabeza entiende que estoy hecha una tonta inteligente.”

“Anoche decidimos que me voy yo a Berlín, a verlo. A estar juntos, nomás, todo lo que se pueda. Me parece una locura, pero muy lógica…”

Dicho estado nos remite a la condición intrínsecamente contradictoria del amor, cortocircuito que Shakespeare ya pintaba en Romeo y Julieta. Temprano en la obra, Romeo define al amor con una seguidilla de hermosas contradicciones. Aquí en la traducción de Neruda:

¿Por qué el amor que riñe? ¿El odio que ama?
¡Y de la nada todo fue creado!
¡Vanidad seria! ¡Levedad pesada!
¡Informe caos de agradables formas!
¡Pluma de plomo! ¡Humo que ilumina!
¡Salud enferma! ¡Fuego congelado!
¡Sueño de ojos abiertos, que no existe!

(Podemos recurrir también a un ejemplo más cercano en el tiempo y el espacio: “Pasajera en trance”, de Charly García, canción que dice: “un amor real es como dormir y estar despierto / un amor real es como vivir en aeropuertos”. De paso ese verso nos devuelve al tema del viaje).

Así las contradicciones a las que el amor somete a esta artista. “La única independencia que tengo en este momento, con respecto a vos, es la música…”, dice ella, pero vive atrapada escuchando una misma lista de Grooveshark todo el día: es la música que le recuerda a él.

Romeo, en otra parte de la obra, también define al amor como una “locura juiciosa” (a madness most discreet). En el mismo sentido, Obeid escribe: “La obsesión amorosa […] es un estado parecido a la psicosis”.

Aun sin conocer la vida privada de Leticia Obeid, la “sensación autobiográfica” que emana del texto es alta. Esa misma sensación ya la habíamos tenido al leer su novela anterior, Frente, perfil y llanura, editada por Caballo Negro en 2013. Sabemos, claro, que difuminar las categorías de autor y narrador es uno de los juegos más frecuentados por la ficción, y también que buena parte de cualquier ficción consiste en poner una mentira muy cerca de una verdad. De ahí que esa “sensación autobiográfica” en el lector deba tomarse como una virtud del texto, ya sea por la verosimilitud lograda en la construcción de sus mentiras o por la natural honestidad con que expone sus verdades.

Cada lector podrá elegir qué creer. ¿Serán los preparativos de este viaje (o todos los viajes anteriores) la “preparación para el amor” que la espera en Berlín? ¿O será toda esta experiencia en sí misma la preparación para un amor todavía más hundido en el futuro, uno que logre equipararse con las historias de amor de nuestros abuelos, que tanto nos gusta idealizar?

Para saberlo tendremos que leer. Y dejarnos enamorar por esta novela.

Mil surcos: presentación en Río Cuarto, por Pablo Dema

Dema, Cristal y los librosFoto: Diego Vigna.

El viernes 21/11/14 presentamos Mil surcos en Río Cuarto,
conjuntamente con La canción de las máquinas, de Pablo Dema.
Agradezco a los editores de Recovecos y Caballo Negro por la iniciativa,
y a Pablo por las palabras con que presentó mi novela.

[…] Las historias que se cuentan focalizan en un personaje pero son más bien, como señalé, historias de familias disgregadas y reconstituidas. Por un lado, la diáspora, el exilio, el derrotero penoso del emigrado, la pérdida de los vínculos y la identidad amenazada; por otro, la recreación de lazos familiares y la refundación de proyectos de vida en Argentina, en la ciudad de Córdoba más precisamente. […] Mil surcos nos permite entender a nosotros la vida de estos personajes y funciona a su vez como un espejo: todas nuestras historias, si nos remontamos tres o cuatro generaciones, acaban siendo historias de guerras, de hambrunas, de emigrados, de desarraigo. Leía Mil surcos y me acordaba de Sebald (de Austerlitz), leía Mil surcos y me acordaba de Teresa Andruetto (de Pavese, de Stefano, de Lengua madre), de Tununa Mercado (Yo nunca te prometí la eternidad), de Sergio Chejfec (en particular de su Lenta biografía), pero leía Mil surcos y pensaba en mis abuelos, en mis bisabuelos, se me hacía patente el vacío que hay en torno a sus años en Europa durante la primera guerra mundial, las condiciones en las que emigraron, el periplo que acabó en la pampa húmeda. […]

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La canción de las máquinas, de Pablo Dema

Por Martín Cristal

Pablo-Dema-La-cancion-de-las-maquinasÉste es el texto que escribí para la presentación en Río Cuarto de La canción de las máquinas, de Pablo Dema (Recovecos, 2014). [A su vez, en esa misma oportunidad, Pablo se refirió a mi novela Mil surcos].

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A medida que el lector avanza en La canción de las máquinas —cuarto libro de cuentos de Pablo Dema (General Cabrera, 1979)— va confirmando que sus once relatos se afirman en una “unidad de lugar”. El escenario común de sus ficciones es la ciudad de Río Cuarto, por supuesto, pero más específicamente la plaza Mójica, como centro de su universo narrativo, y también como su modelo. Presa en su rotonda, la plaza es circular; el libro también propone un viaje circular si se leen sus relatos en el orden propuesto por el autor. Otra correspondencia: bajo la plaza, al menos en la ficción de Pablo (ignoro si es así en realidad), funciona un conjunto de pasadizos subterráneos que comunican con otras casas o zonas aledañas. Del mismo modo, los relatos de este libro también presentan “pasadizos” entre ellos. Esas conexiones pueden ser los ya mencionados escenarios comunes, pero también el hecho de que, por ejemplo, un personaje secundario de algún relato aparezca luego como protagonista de algún otro. Son pequeñas marcas que cohesionan al libro de cuentos, que lo armonizan como conjunto.

La distancia temporal necesaria para la buena escritura —ese poder de evocación fría que recomendaba Quiroga—, Dema la ejerce no sólo en descripciones minuciosas sino además en varios instantes de pausada reflexión que son la marca de estos relatos y que constituyen los puntos más altos del libro (en especial si discurren sobre la enseñanza y el aprendizaje, temas que Pablo conoce bien por su experiencia como docente). Uno de sus profesores-narradores dice: “Todo esto que voy recordando se llena de matices y adquiere definición ahora que lo examino con tranquilidad”.

Es una de las tantas observaciones certeras que aparecen en el autoexamen implacable que los personajes de este libro hacen de sí mismos. En todos los casos, la concisa profundidad de estas interpolaciones sorprende por el redescubrimiento de situaciones que nos son comunes a todos, pero que aquí son tratadas con una meticulosidad que arroja nueva luz sobre viejos temas. “Había encontrado un libro en el que las cosas aparecían por fin nítidas”, dice el narrador del cuento “Un pozo de luz”. La nitidez del pensamiento es un atributo de este libro.

Libro-de-dema

Paso a comentar algunos de los cuentos. El primero que leí, hace tiempo ya, se titula “Roque Santeiro”: salió en la revista online No-retornable, en un número que antologaba autores de Córdoba, donde Pablo y yo tuvimos el gusto de coincidir. En “Roque Santeiro”, dos hermanos visitan a su padre en la cárcel; el hermano que narra, dice lo siguiente: “La escuela, la clínica, la cárcel, siempre el mismo dolor de estómago cuando entro en esos lugares”. La equivalencia que establece esta enumeración comunica bien cómo es considerada en estas páginas la escuela (un escenario crucial en este libro). No es aquí el lugar edificante donde los jóvenes se entregan sin más a las potencialidades de un aprendizaje sano y seguro, deseado, sino un lugar que incluso es capaz de provocar dolor, un territorio donde los alumnos tienen que defenderse de la coerción institucional mediante el ejercicio pertinaz y consciente de la abulia.

Una de las preocupaciones recurrentes en este libro es la situación de los jóvenes, especialmente de los marginales, tanto en su relación con el sistema educativo como con la ciudad y la sociedad toda. La escritura, el dibujo o la música, si bien no son salidas para esa marginalidad, ofrecen —en el desahogo de sus expresiones— un paliativo, un instante de liberación. No mucho más: los narradores de Dema en este libro no logran sobreponerse a una desilusión vital que los acecha en cada esquina, sólo atinan a mitigar esa desilusión por la vía de comprenderla, de pensarla minuciosamente, en sus causas, en sus circunstancias. En “Roque Santeiro” —el cuento del que empezamos hablando—, el narrador escucha que “en la radio suena una canción en la que alguien dice que los caminos de la vida no son los que él pensaba ni los que él creía que eran”. Al leer ese pasaje recordamos de inmediato la voz de Vicentico, pero también pensamos, por ejemplo, en el personaje de Patricia Arquette en la reciente obra maestra de Richard Linklater, Boyhood, cuando se quiebra y confiesa la desilusión de haber creído, alguna vez, que en la vida habría “algo más”.

Aporto esta referencia externa de Boyhood desde el menú de mis recuerdos cinematográficos, pero La canción de las máquinas trae sus propias marcas cinéfilas. Esto es evidente en el título de otro cuento, “Mulholland Restaurant”, en clara referencia a la película de David Lynch, Mulholland Drive. Este cuento trepa desde una cita en un restaurante hasta una situación dramática muy atractiva: el reencuentro con alguien conocido pero en un ámbito distinto, lo cual motiva que se trastoquen los roles de autoridad. Este mecanismo reaparecerá en el último relato del libro, titulado “El pupilo” (lo comentaremos después).

La referencia a Lynch también funciona como aviso temprano para la plástica estructura narrativa que mostrarán ese último cuento y también otro llamado “Coma alcohólico”. Éste es el primero de los cuentos del libro cuya atmósfera podríamos llamar “rara”; opera mediante transiciones rápidas entre las escenas que lo componen, las cuales se articulan por una continuidad no siempre lógica, siguiendo más bien la dinámica del sueño o de la borrachera.

En el universo narrativo de Dema, la fatalidad y la inexorabilidad de la muerte se imponen a las eventuales alegrías que sus personajes puedan tener. A nadie se le escapa que, ante un instante de gozo, la muerte sólo tiene que sentarse a esperar que el tiempo pase. Cierta amargura recubre como una patina incluso los instantes más tiernos del libro. Sin embargo, en el cuento “La indómita luz” —titulado según un verso de “Rezo por vos”, esa canción preciosa que grabaron Spinetta y García, y de la que en este libro se hace una interpretación impecable—, cuando acontece, en dicho relato, una tragedia que ya es inmodificable, surge el mensaje que pudo prevenirla en su momento, y ese mensaje era defender la vida. La muerte campea en La canción de las máquinas, sí, pero el pesimismo natural del libro es confrontado por Dema en este cuento. Que la vida vale la pena, en especial la de los jóvenes, es algo que a ellos sí está dispuesto a decirles, lo crea verdad o lo crea mentira, y más allá de que en este cuento el narrador llegue tarde para hacerlo.

Dos cuentos, “El desengaño” y “La Madre Soltera”, exploran abiertamente cuestiones “de clase” (no de clase en el aula, sino de clase social). En el primero aparece una vergüenza de clase que desencadena una especie de complejo de inferioridad, aunque finalmente brindará herramientas para emanciparse del mandato familiar. En “La Madre Soltera” seguimos el drama de una mujer condenada a la soledad, el agotamiento y la alienación. Ella y los demás personajes del cuento se nos presentan como arquetipos. La ambigüedad en el manejo del tiempo y el espacio es magistral; es, en cuanto a su forma, el cuento más redondo del libro, uno que puede ser leído prescindiendo de la red de conexiones que agrupa a los demás. Por esto mismo no me sorprendería verlo extractado en alguna antología, más adelante.

Si hasta este cuento, que es el anteúltimo, el libro puede leerse de un tirón, les recomiendo hacer una pausa antes de acometer la lectura del último cuento, “El pupilo”. No sólo porque es notoriamente más largo que el resto, lo que quizás requiera que uno tome cierto envión antes de empezarlo, sino porque este relato final es una caja de sorpresas hecha de veloces transiciones entre ámbitos disímiles, un poco como si se comprimieran muchos cuentos dentro de uno. En “El pupilo”, el libro se permite ensanchar el abanico de estrategias narrativas que venía mostrando. Aquí Dema puede pasar de un futurismo satírico a la parodia borgeana (agregándole en ambos casos una cuota de humor al libro).

También puede bucear en un onirismo casi religioso —el combate contra un ángel, que recuerda al episodio bíblico de Jacob en la escalera—, y de ahí mudarse al realismo más puro y duro, de vuelta en el ámbito educativo y reencontrando todos los leitmotiv del libro: la unidad de lugar, cierta angustia vital, la observación del adolescente como sujeto o víctima de la violencia, el aula como mirador de la cuestión social y la sorpresa de un alumno reencontrado en un contexto nuevo, que otra vez trastoca las jerarquías. El “pupilo” del cuento puede ser lógicamente el alumno, pero también el maestro, si se entiende que el verdadero aprendizaje es para él (que hasta se vuelve pupilo de boxeo en su poético sueño de lucha contra el ángel).

Para cerrar este esbozo, completo la rotonda y vuelvo al primer cuento, que es el que da título al libro, “La canción de las máquinas”. Acerca de la plaza Mójica cuando se la mira con el Google Earth, en ese cuento se dice lo siguiente:

“Desde arriba se veía como un disco gris con manchones verdes y marrones; pero ahora, desde acá abajo, en la plaza misma, todo se multiplica y adquiere nitidez, mejor dicho, nos damos cuenta de todo lo que se borra a la distancia y de lo engañosos que son los planos generales del mundo”.

Esa distancia que media entre una plaza que recorremos caminando sin prisa y la representación de esa misma plaza en los mapas satelitales, es la misma distancia que media entre la lectura morosa de un libro y su presentación en reuniones como ésta. Queda en ustedes, entonces, acercarse al libro y recorrer sus cuentos como quien pasea por una plaza y elige demorarse bajo la copa de aquellos árboles que lo atraen por su aire distinto, por su sombra o por sus pájaros. Bajo la frondosidad de su prosa podrán sentarse a pensar en todos los temas que proponen las historias que cuenta Pablo Dema.

Mil surcos: hoy, en Río Cuarto

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Dema-Cristal-2014
Presentación doble en Río Cuarto:
Mil surcos de un servidor + La canción de las máquinas
de Pablo Dema (cuentos, Ed. Recovecos, 2014). 21 horas en
La Tintorería Japonesa, Constitución 947, Río Cuarto.

Mil surcos: presentación en Córdoba, por Adrián Savino

Adrian-Savino-Martin-Cristal-Mil-SurcosFoto: Alejandra Baldovin.

El martes pasado presentamos Mil surcos en Córdoba. Agradezco a todas las
personas (más de un centenar) que se acercaron al MUMU para la ocasión.
También, muy especialmente, al DJ Jerónimo Saer por su música y generosidad,
y a Adrián Savino, por su impecable presentación del libro.

[…]Esta novela asume la memoria familiar como lo que ésta, en el fondo, nunca ha dejado de ser: una ficción doméstica para consumo de abuelos, padres, hijos, primos, etc. Imprecisa, contradictoria, sesgada, y lo que es peor, en absoluto consciente de su naturaleza ficticia. En este libro, en cambio, y pese a su origen familiar, la ficción se asume sin vueltas como tal: ficción propiamente dicha, y satisfecha de serlo. Nada que ver con esos sucedáneos poco confiables a los que llamamos no ficción o memorias, esos relatos que dos por tres nos quieren vender como “lo verdadero” o “la vida real”.

El lugar desde el que Martín elige novelar la memoria familiar, es uno en el que las historias (con minúsculas) entran en turbulento contacto con la Historia (la de las mayúsculas). Pero este vínculo no responde aquí a una fórmula genérica, ni a ningún otro molde por el estilo. En Mil surcos la Historia no es un mero telón de fondo para escenas trilladas y rutinarias, sino que ambas, las historias y la Historia, aportan ambas en partes iguales con la imaginación novelística, para operar las tres juntas sin otras reglas que las que define, se impone y propone, un autor. […]

Leer el texto completo

Apuntes incompletos para una Tetralogía elemental

Por Martín Cristal

Con Las ostras (2012) empecé una tetralogía, cuya segunda entrega es Mil surcos (2014).* Ambas novelas pueden leerse en forma independiente y en cualquier orden. Aquí van algunos apuntes formales sobre este proyecto narrativo.

Mi propósito es escribir cuatro novelas que a la larga puedan funcionar como una especie de edificio ¿piramidal? que presida el paisaje donde se han ido y se irán instalando mis otros libros: construcciones más o menos cercanas o con caminos más o menos interconectados según cada caso. La tetralogía puede quedar como un proyecto independiente y cerrado, o bien volverse un núcleo permeable para todo lo demás. Esto sin privarme de intercalar esporádicamente, por gusto o divertimento, otros libros que resulten totalmente ajenos a su tetraedro.

En cuanto a la forma del proyecto en sí —y siempre en el plano del deseo—, cada una de estas novelas intentará conectar su poética con uno de los cuatro elementos clásicosLas ostras fue la novela “de agua”; Mil surcos es la novela “de tierra”; las próximas serán las “de aire” y “de fuego”—. Buscarán abarcar al menos cuatro generaciones de personajes (padres, abuelos, hijos y nietos). El tiempo de lo narrado intentará ser plástico y no correlativo en todas ellas, aunque en general también se corresponderá con otra figura cuaternaria: primero, un relato que surge de la vida madura (historias de paternidad, en el presente pero con el eco de un “pasado reciente”); otro de la vejez (el “pasado mítico” o lejano, expresado en las historias de inmigración); otro de la juventud (el “presente eterno”) y otro de la infancia (el “futuro incierto”). Algo así:

Martin-Cristal-Tetralogia-Diagrama-Progreso-2014

[Ampliar el gráfico]

Las cuatro novelas tendrán estructuras abiertas y títulos cortos (todavía no sé el título para el conjunto). Compartirán algunos personajes, pero su continuidad no estará dada en la forma de una “saga” (definida por la ilación argumental), sino en el sentido más abierto de las relaciones estéticas y formales que, como intento explicar aquí, puedan establecerse entre los cuatro textos.

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* La presentación de Mil surcos será el 18/11/14, a las 19 hs., en el MUMU (Córdoba, Arg.).

Mil surcos, nueva novela

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martin-cristal-mil-surcos

Contentísimo: después de mucho trabajo,
Caballo Negro Editora publica Mil surcos.

Esta nueva novela obtuvo una mención del
Fondo Nacional de las Artes 2013. Integra la tetralogía novelística
que inicié con Las ostras (sin ser una continuación o una saga:
ambos libros pueden leerse en forma independiente).

La presentación será el día
martes 18 de noviembre, a las 19 hs.,

en el Espacio Cultural MUMU
(Rivera Indarte 55, Córdoba, Argentina).

Adrián Savino dirá unas breves palabras.
¿Nos vemos ahí?

La década posteada. Blogs de escritores argentinos (2002-2012), de Diego Vigna

Por Martín Cristal

La semana pasada tuve el gusto de participar, junto a Carlos Schilling, en la presentación de La década posteada. Blogs de escritores argentinos (2002-2012). El libro condensa una investigación exhaustiva que Diego Vigna realizó durante los últimos cinco años. Integra la colección Gryga, dirigida por Marcelo Casarin y coeditada por el sello Alción y el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba.

La que sigue es una versión más completa del texto que leí en la presentación (entre los agregados incluyo una “posdata” sobre El pez volador).

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Diego-Vigna-La-decada-posteada-blogs-de-escritores-argentinos-2002-2012Como escritor, Diego Vigna no es ajeno al uso del blog: desde 2006 hasta la fecha lleva adelante el suyo, Ponte una oveja; y, durante dos años y medio, supimos compartir (con él y con Alejo Carbonell) la coordinación de un blog colectivo dedicado a la producción literaria de Córdoba: El lince miope.

En su nuevo libro, de corte académico, Vigna afirma que el blog-de-escritor como “fenómeno” —así se lo tipificó desde los medios culturales— creció “empujado en mayor medida por autores jóvenes en busca de visibilidad”, “con los ojos puestos en las redes pero sin abandonar el deseo editorial”. En nuestro país, el uso de este formato digital por escritores (emergentes y no tanto) tuvo un matiz particular, ya que se dio en simultáneo a “la reformulación del campo intelectual y literario por la crisis estructural que atravesó Argentina a fines de 2001”.

De la superposición circunstancial de esa época de oro de los blogs con los gobiernos sucesivos de Néstor y Cristina Kirchner, deviene el título del libro, paráfrasis de la famosa frase con que la Presidenta calificó a dicho período (“la década ganada”). Vigna bautiza “la década posteada” al decenio “de pruebas y ‘formas’ escriturarias que alternaron y alternan entre soportes impresos y virtuales, y que, tras la crisis de 2001, se nutrió con los clichés siempre dispuestos a ser renovados: el ‘auge de la subjetividad’ y de su inscripción en distintas formas textuales de la literatura contemporánea y de otros discursos marginales a la ficción; la ‘exaltación del yo’ fomentada por las formas de expresión digitales, las ‘formas orales’ aplicadas al universo literario, en el devenir cotidiano”.

Su trabajo toma dos interrogantes como ejes:

1. Qué publicaron y publican los escritores en sus blogs, qué relaciones se pueden encontrar entre estos autores, sus publicaciones virtuales y sus obras editadas en papel.
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2. Por qué (y para qué) los escritores que ya tienen una obra publicada en papel, y que pretenden (o se encuentran en camino de) una distinción de sus obras en el seno del mercado editorial, decidieron mantener un blog periódicamente.

Teoría, autores y blogs analizados

Tras una síntesis del marco teórico que circunscribe la tarea —basado en autores entre los que se destacan Benjamin, Barthes y, sobre todo, Bourdieu (en lo que refiere al “campo” literario y artístico, y al “juego” de legitimaciones que lo define, asunto que encuentro especialmente interesante)—, llega la necesaria delimitación de su corpus de análisis. Vigna eligió centrarse en los blogs de los siguientes autores [aquí van en orden alfabético; selecciono algún extracto del análisis que le toca a cada uno en el libro, sin agotarlo en ningún caso]:

  • AGUIRRE, Carolina:
    www.bestiaria.blogspot.com | “[Su] trabajo en Bestiaria alcanzó, además de un caudal de visitas y comentarios desmesurado, distinciones internacionales […] [que] evidenciaron un camino de consagración en un universo cultural antes desconocido […]. Un aspecto básico para consagrar un trabajo en medios digitales y en red es la visibilidad exacerbada, es decir, la masividad…”.
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  • ANDRUETTO, María Teresa:
    www.narradorasargentinas.blogspot.com | “[Su] blog fue creado con el propósito de ‘subir’ sus columnas sobre narradoras argentinas escritas para los diarios […]”. “…Se convenció de abrir un blog cuando los lectores comenzaron a escribirle para que les enviara ‘las notas que no encontraban en el enlace del diario’”.
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  • BERTI, Eduardo:
    www.eduardoberti.blogspot.com | “…Su forma de vincularse [con los lectores] es desde las obras y desde los aspectos de cada autor citado que no remiten a su intimidad sino a los aspectos subjetivos o vivenciales que influencian sus textos.” [Más sobre Berti en la posdata, al final de este post].
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  • BUDASSI, Sonia:
    www.enmediodelcampo.blogspot.com | “…Una escritura [la de su blog, no la de sus libros] desatenta a la prolijidad, muchas veces catártica, acercándose a la esencia íntima del ejercicio de diario […]: el desinterés por la forma como puesta en escena”. […] “Posts breves, muy fragmentarios, con una sintaxis muchas veces confusa y sin corrección, como si el valor hubiese estado en el mismo vértigo del ejercicio. Anotaciones sobre su intimidad y su trabajo, en aquellos años como redactora del suplemento Cultura del diario Perfil”.
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  • CASCIARI, Hernán:
    www.orsai.es | www.editorialorsai.com/blog | “…el intenso recorrido de Hernán Casciari […] merecería un análisis aparte. […] Hoy Orsai es muchísimo más que un blog […]. Todo un proyecto que en un período temporal brevísimo capitalizó casi una década de trabajo en la web, obteniendo un poder de consagración nuevo, invertido”.
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  • CHEJFEC, Sergio:
    www.parabolaanterior.wordpress.com | “…no concibió a su blog como un blog sino como una plataforma donde incluir textos fragmentarios o ensayos, reproductora de una ‘cuasi inmovilidad’. […] “Prueba y ensaya en el formato blog por su carácter ‘flotante, derivado de su inmaterialidad’, intentando ‘desestabilizar’ su dinamismo”.
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  • COELHO, Oliverio:
    www.conejillodeindias.blogspot.com | “…Durante el primer año escribió fragmentos de narraciones, introducciones a textos ajenos, recomendaciones, ensayos muy breves, semblanzas políticas, y muchos de sus contenidos remitían a los rasgos de un diario…” […] “[Más tarde] consolidó su producción crítica y periodística y [su] blog terminó por convertirse en un espacio de difusión de eventos y actividades y de réplicas de sus trabajos en este sentido”.
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  • CRISTAL, Martín:
    www.elpezvolador.wordpress.com | [Ver comentario completo al final de este post, en la posdata].
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  • GARCÍA LAO, Fernanda:
    www.fernandagarcialao.blogspot.com | “…Abrió su blog por ‘practicidad’: el origen estuvo marcado (2006) por la intención de enviar notas de libros, fotos y material relacionado con la obra propia” […]. “Ha publicado muchas imágenes y posts sobre sí misma, en contexto de exposición; en [García Lao07] se la podía ver leyendo en público, como también en [García Lao08], donde publicó fotos de la presentación de su novela Muerta de hambre, firmando ejemplares y posando”.
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  • INCARDONA, Diego:
    www.diasqueseempujanendesorden.blogspot.com | “…No sólo jugó el juego de la difuminación de toda frontera entre lo imaginado y lo vivido sino que también expuso el origen de una matriz de producción, los intereses personales y literarios que luego expandiría en sus novelas incorporando otros recursos de la ficción ‘de género’” […] “…El crecimiento narrativo, fomentado por la articulación entre las cualidades del formato y sus intereses ‘de época’ […] dieron como resultado su despegue literario”.
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  • LEVÍN, Federico:
    www.moscas.blogspot.com | “…Tensó (tensa) al máximo el concepto de diario, sin romperlo. Después de un comienzo similar a sus colegas, decidió a partir de 2007 publicar un post por año, un mismo día de noviembre, narrando distintos balances de su vida en una suerte de parte anual, indefinible bajo un rótulo”.
    |
  • LINK, Daniel:
    www.linkillo.blogspot.com | “…Pionero en el mantenimiento de blogs, abrió Linkillo en 2003 […]. En los dos primeros años publicó cuatro posts por mes, pero en 2005 publicó 1190 posts.” […] “coherente con su posición teórica, terminó deviniendo en un espacio inconmensurable […]”. “…Vale la pena destacar las secciones ‘Diario de un televidente’, ‘Notas sobre cine’, ‘Notas sobre arte’, ‘Libros recibidos’ y ‘Método’, donde (entre tantas otras) se almacenan sus textos en torno a la crítica de obras artísticas, a comentarios sobre figuras del espectáculo y sobre productos de la industria del entretenimiento”.
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  • MAIRAL, Pedro:
    www.elseniordeabajo.blogspot.com | www.pedromairal.blogspot.com | “…El señor de abajo estaba supuestamente administrado por tres personas, dos de las cuales eran heterónimos del autor: Adriana Battu y Miguel U.; y ofreció una bio-bibliografía más seria en el otro [blog] (Pedro Mairal).” […] “…[Mairal] rescataba de la escritura en los blogs […] una cierta ‘frescura que prescinde de la intención literaria en el peor sentido de lo literario’ […], resultado de ‘bajar las pretensiones sobre la forma y la formalidad’. Eso incluye una forma del ensayo, de la experimentación, el ‘soltar la mano’”.
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  • NEUMAN, Andrés:
    www.andresneuman.blogspot.com | “Su labor parece prescindir de toda improvisación y, a diferencia de Mairal, de cualquier atisbo de incorrección. Su presencia en el campo literario, asociada con grupos editoriales de distinto calibre, premios y publicaciones en el extranjero, es pulcra e inequívoca…”. […] “…su blog remite a la idea de un cuaderno de apuntes y reflexiones, breves, que en su encadenamiento exponen una cotidianeidad.” […] “). El blog es ‘joven’ (2010), como el de Pablo Ramos. Pero a diferencia del de Ramos, es previsible”.
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  • NIELSEN, Gustavo:
    www.milanesaconpapas.blogspot.com | www.mandarinasdulces.blogspot.com | “…Ha utilizado Milanesas con papas para publicar algunos textos contextuales sobre su narrativa, publicada parcialmente, a su vez, en Mandarina”. […] “…Mandarina lleva como subtítulo “Los cuentos de Gustavo Nielsen” y reúne casi todos sus cuentos editados y algunos fragmentos de sus novelas. Había por esos años (2005) una intención de ofrecer un medio alternativo al mercado editorial…”. “[En Milanesa…] su forma de acercarse al diseño, además de las novedades literarias, se distingue por el trabajo con dibujos, croquis y proyectos (es arquitecto)”.
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  • OYOLA, Leonardo:
    www.tigreharapiento.blogspot.com | “…A pesar de que su obra logró repercusión dentro de esa misma manada de escritores-blogueros que crearon ciclos de lecturas y otras formas de vinculación, dejó de considerar al blog como un sitio adecuado para mostrar el work in progress” […]. “Dijo: ‘para difundir el trabajo de uno hay otros medios más acordes. Somos narradores, no bloggers. Hay una diferencia. Y si el blog conformó grupos o círculos de autores son endogámicos. Igual valoro el formato como algo para darse a conocer’”.
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  • PIRO, Guillermo:
    www.wimbleblog.com.ar | Pionero al igual que Link, Piro “ha ofrecido posts deslocalizados (nacionales e internacionales) y variopintos (desde noticias literarias, culturales, humorísticas, deportivas, etcétera)…”. […] “La prosa de Piro, más allá de sus artículos y columnas, terminó ofreciéndose breve: apenas se ha limitado a presentar noticias, novedades, reflexiones de terceros. Las funciones que ha reproducido durante tantos años son, ante todo, la de replicar información de otros medios, gráficos y digitales, y también la original: replicar sus propias columnas y trabajos”. […] “Dividido por secciones, y con la totalidad del archivo dispuesto al final de la plantilla, el espacio consagró su valor como portal de cultura y como herramienta de visibilidad…”.
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  • PRON, Patricio:
    www.patriciopron.blogspot.com | www.elboomeran.com/blog/539/patricio-pron | “…Mantuvo un Dossier de artículos propios que enunció más puro de lo que realmente fue y es: en su versión ‘oficial’ de El Boomerang se restringió a publicar sólo artículos, mientras que en su espacio personal sumó sutiles recursos de la autopromoción y jugó el mismo juego de sus colegas, contradiciendo su propia crítica sobre los motivos que han llevado a la pérdida del prestigio social del escritor y del intelectual en el seno social, a manos del mercado. La tensión se explicó por los reparos nacidos de querer ocupar una posición dominante y a su vez querer prescindir del mercado; éste es un ejemplo que sin embargo deslizó una ‘autoconsciencia’, la ‘mentira’ con la que el autor define la construcción de la figura de autor que tanto trabaja.”
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  • RAMOS, Pablo:
    www.laarquitecturadelamentira.blogspot.com | “[Su] búsqueda fue una interacción con las personas que lo leen, no con las que escriben. Desde ese lugar se ubicó como un apasionado de la literatura, dejando de lado los vínculos con colegas o estrategias de difusión explícitas: el foco estaba en su trabajo literario, en sus proyectos conjuntos, y en lo que opinarían los lectores de su work in progress.” […] “En su intención se notaba la importancia de obtener respuestas por lo publicado: su blog, excediendo la idea de diario, se constituyó como una plataforma de crónicas o ‘comunicaciones a los lectores’…”.
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  • RONSINO, Hernán:
    www.silabasnegras.blogspot.com | “…cambió progresivamente […] el carácter de sus publicaciones: en los primeros dos años probó con su prosa, y luego dedicó el espacio a replicar contenidos ajenos, o propios producidos para otros medios”. […] “Ronsino dijo no haberse preocupado demasiado por desarrollar su participación en el blog, en tanto mantenimiento periódico y atento: el blog no terminó de captar su interés como formato de creación y publicación”.
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  • SUÁREZ, Patricia:
    www.discretoencanto.blogspot.com | “…es quien mejor representó el modo de transitar el camino (ida y vuelta) entre la escritura y la lectura: desde su primera intención como lectora de abrir un espacio para almacenar en forma virtual textos de terceros, hasta la consolidación posterior de estas prácticas (sobre todo durante el 2009) que, como dijo, influyen directamente en su producción”. […] “Su espacio se ha ofrecido como un baúl inmenso de retazos literarios y pictóricos”.
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  • TERRANOVA, Juan:
    www.elconejodelasuerte.blogspot.com | www.elcocinerosalvaje.blogspot.com | “…de los dos rasgos que pude reconocer en el devenir de su prosa cotidiana (la escritura aforística y el trabajo con la anécdota) el primero se ofreció con recurrencia en los últimos tres o cuatro años del blog y el segundo fue más explotado cuando […] las redes sociales no estaban tan popularizadas…” […] “…Solía publicar columnas de opinión y críticas de libros… […]. En esos contenidos Terranova consolidó una prosa crítica de valor, a partir de colocarse en el espacio del lector. A diferencia de muchos textos que ofreció como ficcionales y que muchas veces no se lograban despegar del tinte anecdótico, en esta faceta el autor se destacó por una prosa lúcida, que también solía abandonar para dedicarse a ciertas provocaciones.” […] “…Una disposición recurrente en él […]: hacerse visible mediante la búsqueda del efecto”.

Para asegurar la permanencia de algunos aspectos que ilustran lo sostenido a lo largo de todo el trabajo, Vigna lo complementa con ejemplos (capturas de pantalla en PDF) referenciados online, en el blog www.ladecadaposteada.wordpress.com.
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Síntesis final

La década posteada se estructura desde lo general (la teoría introductoria sobre Arte y Técnica; las definiciones de Autor, Campo, “lo Actual” y “lo Literario”) a lo particular (Internet —ese “mundo nunca conocido del todo”—, los blogs y los blogs-de-escritores)… aunque también resulta muy interesante leerlo —o releerlo, o recordarlo— en el sentido inverso: desde la descripción minuciosa de una veintena de blogs de escritores argentinos, se amplían y se desnudan (sobre todo ante los ojos del “lector-no-escritor”) varios mecanismos del “jueguito de los escritores”: sus luchas en el plano de lo simbólico, las estrategias con las que procuran legitimar su trabajo y visibilizarlo para alcanzar más (o a ciertos) lectores y, en algunos casos, incluso para “profesionalizar” su actividad escritural.

Sintetizando bastante lo que en el libro es prolijo y pormenorizado, se puede decir que los usos generales que Vigna encuentra entre los escritores argentinos analizados abarcan el del blog como diario “éxtimo”, antes que íntimo; o como espacio para estimular la comunicación directa con los lectores; o como cuaderno de apuntes, borradores, backstages y pruebas preliminares de escritura, al modo de los extras en un DVD o en pos de ir puliendo un estilo propio a la vista de todos; o bien como archivo, en plan de “antología personal”; o como vidriera, en tanto instrumento de prensa; o como obra en sí, cuando se construyeron como producto ficcional (en el caso de las llamadas “blogonovelas”); y también, finalmente, como revista personal o portal cultural (con recomendaciones de libros, selecciones de citas, entrevistas, etc.).

Algunos autores superpusieron varios de estos usos; otros eligieron conscientemente uno solo de ellos; y otros empezaron centrados en alguno/s de esos usos pero, con el tiempo (y con la irrupción de las redes sociales, que a los blogs “les robaron el alma” vinculante y relacional), terminaron usándolo para otra cosa, o disminuyendo la frecuencia de posteo hasta, directamente, abandonarlo.

Desde El pez volador, y respecto de cualquier corpus relacionado con “lo literario”, siempre hemos apreciado más los mapas que los rankings. Eso hace Vigna: mapear, describir el abanico de usos que una constelación de escritores argentinos le dio a este formato digital durante la década que abarcó su auge.
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Cordoba-Marcelo-Barchi
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Posdata: consideraciones sobre El pez volador

Logo-El-Pez-VoladorEn La década posteada, Vigna clasifica a El pez volador en un uso cercano al que Eduardo Berti da a su bitácora (Bertigo) —el uso símil “revista personal o portal cultural”—, si bien lo distingue de ése y otros blogs por el empleo que aquí hacemos de la infografía de temas literarios. Dice en su libro:

Eduardo Berti, como el cordobés Martín Cristal, aún dedican su blog casi en su totalidad a la literatura, aunque sus nombres no ocupan el centro de atención. Sus blogs funcionan como espacios casi “serviciales”, apuntados a satisfacer el deseo de los lectores que gustan por conocer aspectos personales y anecdóticos de los artistas, críticas de libros, contextos de producción o reflexiones filosóficas. El blog de Berti (Bertigo) intentó compartir el valor de la exposición con los lectores, naturalmente a partir del criterio del autor (también editor); Berti sostiene con dedicación el vínculo con los lectores (hasta 2013 respondía a casi todos los comentarios) y también con los escritores, aunque su forma de vincularse es desde las obras y desde los aspectos de cada autor citado que no remiten a su intimidad sino a los aspectos subjetivos o vivenciales que influencian sus textos. El caso de Cristal es distinto, pero cercano en el objetivo de fondo: dedicado a la administración prolija y minuciosa de su espacio (El pez volador), sostiene el vínculo con sus lectores a partir de la atención a cada intervención en los comentarios, y con un plan de “actualización” determinado por una regularidad admirable, entre críticas y notas de color sobre la producción literaria en general, no restringida a lo latinoamericano. […]

Por el lado de Martín Cristal, su trabajo se ha distinguido de otros autores a partir de la conjunción cuidada y pensada entre la posición del escritor como crítico literario y el juego con lo visual y el diseño del espacio multimedial. Cada uno de sus posts se ofreció y se ofrece como una verdadera pieza de diseño web, pero en un sentido intensamente cultural: las imágenes tienen tanto peso como el contenido de sus reflexiones, notas y reseñas, hasta el punto de que, en la evolución de El pez volador, ha innovado en el universo de las lecturas de autor con un subgénero antes deconocido: los gráficos y mapas críticos de recorridos de lecturas, sobre todo en torno a obras literarias extensísimas. Los gráficos han intentado ilustrar las relaciones entre conceptos y momentos de las obras, casi como en un juego propio, de inquietud estética, que busca reproducir los vericuetos del acto de lectura; los mapas solían aparecer en su espacio cuando las “dimensiones” de las obras exigían otros modos de estructurar los contenidos de la crítica. Esto puede verse en [Cristal01, 02 y 03]. [pp. 153-154]

Presentación: La década posteada, de Diego Vigna

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Beatriz Sarlo sobre el libro:

Diego Vigna puso manos a la obra. En lugar de celebrar (o lamentar) la proliferación de escrituras digitales, decidió estudiarlas. A campo traviesa en un corpus desafiante por lo inabarcable, delimitó su territorio: los blogs de escritores, que ya llevan un tiempo en la web y que, por lo tanto, pueden ser examinados en sus variaciones y persistencias. […]

Algunos (como Juan Terranova o Daniel Link) comenzaron temprano y siguen interviniendo día a día; otros, como Sergio Chejfec, son medidos y severos. Hay blogs centrados sobre la recepción crítica de la propia obra; otros ensayan allí una escritura, que no es la de sus libros o sus notas. Algunos intentan ser plataformas de una carrera literaria en el mercado; otros se redactan según el modo rápido del digital que quiere ganarle en velocidad al periodismo, que parece más lento, después de haber sido el espejo del presente. Esta geografía de escrituras también incluye las ficciones especialmente escritas para el blog: “blogonovelas”, como las de Casciari, que lo son de manera confesa; o reciclado de ficciones que, después de un tratamiento más prolijo, pasan al formato impreso, aunque queden las huellas de su origen.

El mapa de Diego Vigna es seguro en el presente y, como los mapas de los exploradores, también irá cambiando. Se apoya en un fuerte impulso teórico, que garantiza su permanencia más allá del fluir de la web, porque sus análisis tienen la inteligencia de quien conoce la escritura antes de la escritura digital, y conoce la teoría antes de que la web fuera el último giro de esta larga historia de ficciones, inscripciones y signos.

Las ostras: en La Cumbre, hoy

Feria-del-libro-La-Cumbre-2014

Más sobre la novela:

Click para ir al sitio de la editorial

Adelanto del Capítulo 1

Presentaciones de Pablo Dema y Diego Vigna

Entrevista (La Voz)

Reseñas de Carlos Schilling y David Miklos

Novela del mes en Sur de Babel

Premio “Alberto Burnichón” 2012

Las ostras en e-book

Las ostras: en Buenos Aires, este sábado

CaballoNegro-Recovecos-enBsAs

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Las ostras en e-book

Las ostras: presentación en Río Cuarto, por Diego Vigna

El viernes 9/11 presentamos Las ostras en la 8va Feria del Libro de Río Cuarto
(conjuntamente con Boyando, la nouvelle de Alberto Rodríguez Maiztegui).
Agradezco a Diego Vigna por la atenta lectura que hizo del libro
y por la claridad de sus conceptos al momento de presentarlo.

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Las ostras se ocupa de una de las cuestiones irresolubles, de uno de los combates fundamentales: la soledad. Las ostras puede justificar su existencia sólo con el inventario de escenas excelentes que despliega en cada recorte del tiempo, en espacios precisos; escenas que bastan para que el libro exista (a diferencia de otros libros que ni dándolos vuelta o golpeándolos contra una pared rugosa despiden alguna razón para justificar el uso de la pasta de celulosa). Pero esas escenas son excelentes porque tienen un cimiento de carne, densísimo, en el que los protagonistas sufren pero también buscan la soledad. Frente a la muerte de un cercano, eligen la soledad; frente a la posibilidad de permanecer a la intemperie, eligen el cobijo de la soledad; insertos en el núcleo frustrado de una pareja, eligen la soledad. Personas que hasta contemplan la soledad a partir de los objetos de los otros.

Según cómo las voces van detallando cada recorte del mundo, el yo-lector se vuelve testigo de las múltiples formas de aislarse, de relacionarse y de autodestruirse que existen. Todos los pasajes del día y medio en que transcurre la historia conforman un inventario de acciones y maniobras que cada persona ejecuta para soportar y a su vez bruñir su soledad.

Esto suena complejo pensando en la factura del texto, y es así: la forma en que está escrita la novela es tan importante como el derrotero coral de sus protagonistas.

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