Debate en la Feria del Libro 2011

El realismo en autores cordobeses

Mesa-debate en la Feria del Libro de Córdoba 2011, con
Perla Suez, Eugenia Almeida, Sergio Gaiteri y Martín Cristal.

Coordina: Susana Chas.

Jueves 8 de septiembre, a las 19:30 hs.
en la Biblioteca Córdoba (27 de abril 375). Entrada gratuita.

[Ojo: los que saben de realismo son ellos. Yo acepté estar en el panel
para poder escucharlos de más cerca. Todo lo que digamos podrá ser usado
en nuestra contra.
Quedan todos invitados.]

Quince narradores de Córdoba antologados en No Retornable Nº 8

Acaba de publicarse el Nº 8 de la revista on-line No Retornable. Su directora, Sol Echevarría, lo presenta diciendo —entre otras cosas— lo siguiente:


“En este número, decidimos hacer un
dossier de narrativa cordobesa porque a veces, desde Buenos Aires (capital mundial, etc., etc.), nos centramos demasiado en la producción local. Creemos que los autores seleccionados dan cuenta de cierta tendencia estética en la narrativa contemporánea de la provincia de Córdoba, con sus variedades y excepciones, que es interesante”.

El dossier incluye cuentos de Eugenia Almeida, Cuqui, Pablo Dema, Sergio Gaiteri, Pablo Giordano, Luciano Lamberti, Pablo Natale, Eloísa Oliva, Martín Pachetta, María Pousa, Javier Quintá, Adrián Savino, Ramón Sisterna y también uno escrito por un servidor. Bon appétit.

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PD. Alguna vez comenté en este blog mis dificultades para traducir el epígrafe de Shakespeare que abre este cuento…

Reunión de narradores

El próximo sábado 20 de noviembre a las 20:30 hs. en Casa 13 (pasaje Revol casi Belgrano, Córdoba) voy a participar en una reunión con narradores, en el marco del segundo encuentro de Célula de letras, miniresidencias de literatura en el Chateau-CAC.

Estaremos hablando un poco del panorama actual de la narrativa y leyendo algunos textos con Candelaria Jaimez, Santiago Olagaray y Walter Giacomelli.

Va a ser una reunión informal. La idea es que los residentes del interior de Córdoba que vinieron al Chateau CAC no se lleven sólo la opinión de los talleristas (María Teresa Andruetto, Sergio Gaiteri y Alejo Carbonell, quien coordina el encuentro), como si ellos fueran un manual de lo que hay que hacer y cómo, sino que además conversen con otros narradores, con otros puntos de vista, que se escuchen y establezcan otros vínculos por fuera de lo que les ofrecen los talleristas. O sea: somos la versión beta, el antitaller. Una buena idea.

La reunión es abierta, así que cualquiera puede asistir y participar. Quedan invitados. Y de paso, ese día en Casa 13 hay feria, así que pueden llevarse unos lindos libros, ropa, tragos y demás…

Nivel medio, de Sergio Gaiteri

Por Martín Cristal

Éste es el texto que escribí para la presentación de Nivel medio, la primera novela de Sergio Gaiteri (editorial Raíz de Dos).

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En 2008, cuando Sergio Gaiteri obtuvo la primera mención en el Premio Clarín por Nivel medio, ese diario —con la sucinta frialdad que se suele destinar a las menciones— la resumió como una obra que trata sobre “la ambigüedad de las relaciones humanas”. A mí, esa frase me suena a un slogan que no va más allá de indicar otra ambigüedad: la de jurados y periodistas a la hora de tipificar una novela que ofrece mucha más tela para cortar.

A primera vista, Nivel medio podría parecer un título que deja una puerta demasiado abierta a la ironía de algún crítico haragán. Lo que ese título indica, en realidad, es el nivel educativo en el que se desempeña Claudio, el primer narrador de la novela: un joven profesor de Literatura en una escuela secundaria. El título también sugiere el nivel en que Claudio se encuentra en tanto aspirante a escritor: está justo a medio camino entre Alfio (su alumno rebelde y talentoso) y Locasio (el escritor consagrado que le despedaza un cuento a fuerza de correcciones en rojo). Medio también es el nivel socioeconómico del segundo narrador de la novela: el odontólogo Julio. Y en medio de ambos protagonistas está Cecilia: futura ex mujer de Claudio y amante de Julio. Con ese triángulo, el arranque de la novela queda servido.

Nivel medio nace de la ampliación de un cuento homónimo incluido en Certificado de convivencia, un libro que ya contenía algunos cuentos que parecían novelas condensadas (por ejemplo, “El metal más duro”). Más que ampliación debería decirse continuación: el cuento “Nivel medio” no fue inflado —en una especie de inversión de la famosa táctica borgeana— de un argumento que podía exponerse en unos pocos minutos a un libro de 220 páginas. No: lo que Sergio hizo fue continuar esa historia con otras que la suceden, y que tienen por protagonistas a los mismos personajes.

Así como, hace algunos años, Hernán Arias presentaba a Los invitados como un libro de cuentos, aunque al terminar de leerlo uno tranquilamente podía pensar que acababa de leer una novela, con Nivel medio uno puede asomarse al revés de esa misma estrategia: Sergio Gaiteri nos presenta a Nivel medio como una novela —y en definitiva eso es—, pero al terminarla uno tranquilamente podría pensar que acaba de leer un muy buen libro de cuentos. Esto es así porque la estructura de esta novela está concebida como una serie de relatos ensartados al modo de un collar de perlas, todos ellos con el estilo lacónico y austero que ya es la marca de Gaiteri. Aquí no hay —como en las novelas más comunes y corrientes— un conflicto central que se desarrolla mientras a su alrededor se organizan otras subtramas; aquí el avance de la trama se da en forma episódica, ampliando una atmósfera o un tapiz. En su propio beneficio, Gaiteri no se estira para alcanzar la novela, para repetirla o reinventarla, sino que la obliga a acercarse al cuento, o a la colección de cuentos, el terreno que él mejor conoce. Y cuando ya la tiene a su alcance, borra las huellas que marcaban el límite entre un género y el otro mediante sutiles ligaduras que funcionan como epílogo de lo sucedido o avances de lo que vendrá. La estrategia es eficaz y su espíritu, claramente contemporáneo.

Los dos narradores alternados —Claudio y Julio— van desenrollando su parentela y sus relaciones: una mancha humana que se va expandiendo a su alrededor. El título también indicaría el terreno en que se da el registro de esas experiencias humanas: la novela no apunta a las situaciones extremas de la existencia, a las grandes alegrías y tragedias de la vida, a los altibajos, sino a escarbar en las planicies intermedias de lo cotidiano: el relato toma por un camino que en otras disciplinas —como la Publicidad o la Historieta— ya se suele señalar con el rótulo de slice of life (“porción de vida”), aunque lo hace sin caer en el costumbrismo ni estereotipar nunca esa muestra en el afán de representarla con verosimilitud. Los ámbitos varían (una fiesta de quince, un cumpleaños con castillo inflable, la premiación en un concurso literario, una casa en las sierras…), pero siempre resultan familiares y reconocibles, sobre todo para el lector cordobés. Muy pocas veces Gaiteri se permite excepciones como una situación muy grave (alguien que padece cáncer) o un ámbito fuera de la provincia (alguien que viaja a Buenos Aires).

Los personajes de Nivel medio están esbozados por pequeñas acciones. Nunca nos encontramos con una descripción física de ellos. Su exterioridad consiste sólo en sus actos, los cuales nos dan la clave de su interioridad, de la procesión que llevan dentro. Todos tienen vidas ordinarias; todos tienen nombres comunes. Quien lee a Gaiteri por primera vez puede creer que estas historias son demasiado corrientes o, engañado por la sencillez del estilo, pensar que son fáciles de escribir. Cuidado: también el arroz parece fácil de hacer, pero no lo es si lo que uno busca —tal como le explica Julio a Cecilia— es “…un punto, una textura. Y una combinación”. Ya desde antes de publicar Los días del padre, su primer libro de relatos, Gaiteri había determinado muy bien qué punto quería para sus historias, cuál sería la textura de su estilo y qué combinación de situaciones reales quería contarnos. En Nivel medio sigue haciéndolo con una calidad sostenida, cuya principal desventaja es que nos va malacostumbrando a ella.

Un problema que suelen enfrentar los escritores programáticos es el no atreverse a incorporar variaciones o aspectos nuevos a su obra por miedo a traicionarse. Es el peso de lo hecho. Me pregunto cómo conseguirá Sergio que no nos acostumbremos, que no nos lo aprendamos, que no nos cansemos de leerlo. Quizás a él esto no le importe. En caso de que sí, una posibilidad —se me ocurre— es que él vaya ampliando sus registros tal como ya empezó a hacerlo en Nivel medio: además de la tristeza, la incomodidad y el desasosiego que siempre minan a los personajes de Gaiteri como un estrés subterráneo, en la novela también hay ciertas situaciones basadas en un sentido del humor que al menos yo había detectado solamente en uno de sus cuentos anteriores (titulado “Lona” y todavía inédito). Éste es un registro nuevo, cuya aparición celebro.

Ya que el acento del libro está puesto en las situaciones narradas —más que en el estilo o la estructura—, entonces no vamos a adelantar ninguna de esas situaciones en la presentación de la novela para no menoscabar el disfrute de descubrirlas durante la lectura. Tampoco vamos a hablar del final de la novela. No porque nos lo prohíba el editor, sino porque la noción misma de final como una promesa, como una zanahoria que nos hace seguir leyendo para alcanzarla, debe ser desactivada cuando nos enfrentamos a un texto que desde el principio no responde a la lógica canónica de las estructuras narrativas cerradas, sino a la ilógica y a veces absurda sucesión de eventos que componen la existencia de las personas.

Creo que, en los buenos libros, uno se da por bien servido mucho antes de llegar a la última página. Baste decir entonces que el “corte directo” de Gaiteri puede llegar en cualquier momento, y que la perplejidad puede ser una recompensa mayor que la sorpresa. A partir de hoy, tanto esa como las otras recompensas que esconde esta novela están al alcance de todos los lectores.

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Foto tomada de cordoba.com.ar

Presentación de Nivel medio

Este jueves 8 de abril a las 19:30 en el patio del Cabildo (Córdoba) voy a estar junto a Sergio Gaiteri presentando su primera novela, Nivel medio. La novela obtuvo la primera mención del premio Clarín en 2008; también fue finalista del Emecé en 2009. La publica la editorial cordobesa Raíz de Dos.

Sergio Gaiteri es autor de Los días del padre y otros relatos (2006; mención del Fondo Nacional de las Artes) y Certificado de convivencia y otros relatos (2008; primer premio del Fondo Nacional de las Artes). Dichos libros fueron editados por Del Boulevard y Recovecos, respectivamente. Ambos son muy recomendables.

En la presentación, los actores Roberto Videla e Ignacio Tamagno interpretarán algunas partes de la novela. También habrá empanadas y vino en cantidad. A no perdérselo.

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PD del 13/04/10: Aquí el texto que escribí para la presentación.

Lecturas en Río Ceballos

Por Martín Cristal

El sábado 24 de octubre, unas veinte personas nos encontramos en La Lucinda, Río Ceballos, para disfrutar de una serie de lecturas que Federico Racca organizó en su casa de las sierras chicas.

Al aire libre, entre los mates y las facturas que repartieron Cande y Cristina, arrancó leyendo el propio dueño de casa. Racca abrió la tarde con algunos poemas de Glauce Baldovín, en los que las palabras miedo y veneno resonaron con singular fuerza.

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Después, a pedido del público, siguió con las primeras páginas de su novela Los leprosos, escrita en un portuñol tan probable como inventado, tan creativo como bello de oír:


Yo, el Aleijadinho, hijo do juez do ofício de carpinteiro Manuel Francisco Lisboa y de uma escrava de nome Isabel, nací en la Vila Rica, hoy chamada Ouro Preto.

Aprendí el oficio de meu pai Manuel y por su intermedio fui aceitado en la logia de carpinteiros y constructores. Disfruté de placeres y trabajé. Meus obras, inmortales dicen, adornan as calles y as igrejas de Congonhas, Sabará, Ouro Preto y otros pueblos de Minas Gerais, meu longa tierra.

Yo, el Aleijadinho, cuento meus histórias en la fronteira entre lo hispano y o luso, entre a Europa y la indiarada, entre o tupi y la Nova Andalucía.

Después fue mi turno. Leí un cuento inédito que, de haberse gestado a tiempo, podría haber formado parte de Mapamundi (2005). De paso comenté las dificultades para traducir el epígrafe de Shakespeare con el que empieza ese cuento. A quien escribe nada lo halaga más que un lector atento; ser escuchado con tanta amabilidad fue un verdadero placer.

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Al terminar mi parte, el aire ya amenazaba con ponerse frío, por lo que las lecturas se trasladaron al interior de la casa. Adrián Savino siguió con un cuento de su propia cosecha, inédito, redondo y divertidísimo: “Doble yema”. En varios momentos logró arrancar la risa de todos los que escuchaban.

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El mate fue relevado por el fernet y el tinto. Así todos estuvimos listos para escuchar a Paula Oyarzábal, que compartió con nosotros un poema recién sacado del horno: “Pájaro que sangra no muere”.

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Mientras Paula fumaba y leía, nuestro pulso se ajustó a la cadencia de su voz, la atmósfera bajó un cambio para hacerse más densa y el sol terminó de perderse tras las sierras.

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Entonces hubo que prender una lámpara para que Carlos Schilling leyera un capítulo de su nueva novela, inédita: Números primos. Antes nos resumió algunos rasgos generales de la trama y nos explicó la estructura de la novela, simétrica y rigurosa.

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Sergio Gaiteri cerró la serie con dos cuentos de su autoría, recién escritos: “Primer verano”, cuyos personajes son unos amigos que se juntan regularmente a comer un asado (el cuento estaba dedicado a sus amigos presentes en el encuentro); y también “Lona”, más breve, en cuya anécdota aparece un registro humorístico al que Gaiteri no nos tiene acostumbrados, pero que cayó justo para dejarnos un muy buen sabor de boca sobre el final de la velada.

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Ese final no fue el final: abusando de la amabilidad de los anfitriones, el encuentro devino en un potente asado. Nos fuimos de La Lucinda a las tres y media de la mañana, agradeciendo a Federico y Cande su hospitalidad y con la esperanza de que más encuentros como éste se repitan en Córdoba.

Edgar Allan Poe: 200 años

Por Martín Cristal

El jueves 15 de enero de 2009, La Voz del Interior publicó una nota por los 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe. La escribió Rogelio Demarchi, quien además realizó una encuesta sobre Poe a diez escritores cordobeses.

El cuestionario consistía en sólo dos preguntas. A continuación, van mis respuestas. Las de los otros escritores —Cristina Bajo, Sergio Aguirre, Diego Tatián, Fernando López, María Teresa Andruetto, Andrea Guiu, Esteban Llamosas, Sergio Gaiteri y Carlos Dámaso Martínez— pueden leerse aquí.
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1. ¿Qué valor le asignás a la obra de Poe
en el desarrollo del cuento moderno?

Muchos lo señalan como el padre del cuento, y sí, tiene el valor de lo primigenio, sumado a una gran potencia de deslumbramiento inicial que todavía provoca que los lectores jóvenes se acerquen al género y también que muchos escritores principiantes quieran probarse en él. Es un autor que no puede evitarse: es el maestro de tus maestros, quienquiera que estos sean, y le debemos algunos relatos inolvidables. Sin embargo, conviene no estancarse en Poe (ni en nadie): las estructuras que proponen sus cuentos, por muy difíciles que sean de lograr, o placenteras de leer, ya han sido largamente probadas e incluso superadas por muchos otros cuentistas excelentes: Chéjov, Kafka, Borges, Hemingway, Rulfo, Salinger, Cheever, Carver, Lispector o Levrero, por mencionar sólo algunos.

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2. ¿Qué lugar ocupa o ha ocupado la obra de Poe
en tu biblioteca personal?

En mi iniciación, un lugar casi central. De Poe aprendí que cuando el narrador dice “no puedo describir el horror que sentí en ese momento”, y abre dos puntos, a continuación viene la descripción puntual y detallada del horror que sintió en ese momento. Poe y sus seguidores (¿como defecto o virtud?) también me dejaron la necesidad de un final impactante, un “clic” justo a tiempo. Más tarde, las lecturas de otros cuentistas me fueron enseñando que uno no está obligado a eso si antes ha sabido entregar un buen clímax, o una forma novedosa, una voz hipnótica, un secreto de fondo, una atmósfera extraña, un instante de pureza emotiva… Así, a medida que mi biblioteca se ampliaba y me enseñaba, Poe fue resignando su reinado en ella para dar paso a una democracia plural en la que el mejor estante es siempre el que alberga a los autores más disímiles.