Lo mejor que leí en 2015

Por Martín Cristal

CRISTAL-LoMejorQueLeiEn2015

Van en orden alfabético de autores; esto no es un ranking. Figura el link a la correspondiente reseña, si es que la hubo en este blog. Aquí están los libros que más disfruté leer en 2015:

  • Polvo de pared, de Carol Bensimon (relatos) [leer reseña].
  • El adversario, de Emmanuel Carrère (novela/no ficción) [leer reseña].
  • Desgracia, de J. M. Coetzee (novela).
  • Obra completa de Joaquín O. Gianuzzi (poesía).
  • Sumisión, de Michel Houellebecq (novela).
  • Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy (novela) [leer reseña].
  • Sobre el bloqueo del escritor, de Victoria Nelson (tratado) [leer reseña].
  • El beso de la mujer araña, de Manuel Puig (adapt. escénica de la novela).
  • Poesía civil, de Sergio Raimondi.
  • Felices los felices, de Yasmina Reza (novela) [leer reseña].
  • Las redes invisibles, de Sebastián Robles (relatos) [leer reseña].
  • Distancia de rescate, de Samanta Schweblin (novela breve).
  • Emigrantes, de Shaun Tan (historieta/libro-álbum) [leer reseña].
  • Perla, de Roberto Videla (novela breve).
  • Las clases de Hebe Uhart, de Liliana Villanueva (ensayos).

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Emigrantes, de Shaun Tan

Por Martín Cristal

No soy de aquí ni soy de allá

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Shaun Tan (Australia, 1974) es narrador e ilustrador. Tiene ya varios títulos en su haber, aunque estoy seguro de que, como yo, muchos lectores de otras partes del mundo lo descubrieron después de que La cosa perdida ganara el Óscar a mejor corto de animación en 2010. Dicho corto adapta un libro homónimo de Tan; dura sólo 15 minutos y puede verse en YouTube.

Antes, en 2006, Tan publicó en su país otro libro, en el que había invertido cuatro años de investigación, desarrollo y dibujo: se trata de Emigrantes, una historieta sin palabras —fronteriza entre la novela gráfica y el libro-álbum— acerca de la dura experiencia de verse forzado a vivir en una tierra que no es aquella en la que se ha nacido.

La historia abarca tanto a los monstruos amenazantes (el hambre, la guerra, la persecución política, la censura) como el desgarro de la separación y la angustia de partir; las travesías; el exilio, que no se elige, sino que se padece; los afectos que se mantienen a la distancia; la supervivencia en el nuevo mundo, tan extraño, tan diferente, y que sin embargo, con tiempo y trabajo y amor, puede convertirse en un mundo cotidiano: un lugar nuevo al cual pertenecer.

Sus delicados dibujos —hechos con lápiz y lujo de detalles, en mediotonos de sepia— entretejen elementos realistas con otros de corte fantástico. Estos últimos son el gran acierto de Tan para salirse de los lugares comunes en los que suelen caer las historias de migraciones: le aportan al relato una cuota de extrañamiento que convierte al lector en un migrante más.

Así, en esa tierra nueva en la que desembarca el protagonista, van apareciendo muchas cosas, comidas, y también costumbres que no sólo le resultan raras a él: también son por completo desconocidas para nosotros que leemos. El autor incluso se inventa todo un alfabeto —algo a medio camino entre el cirílico y el griego, en ocasiones más cerca del puro jeroglífico—, por lo que carteles, libros y diarios nos resultan ilegibles. Con esta sutil estrategia, nuestra experiencia y la del migrante del libro se hermanan en el descubrimiento de las rarezas del país anfitrión.

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Si uno se abstrae de los elementos fantásticos que Tan incorpora a su relato visual, reconoce que el resto de su imaginería —el tipo de vestimenta, de equipajes, de medios de transporte— proviene de un momento histórico preciso: el de los grandes movimientos migratorios que tuvieron lugar a fines del siglo XIX y principios del XX. Dicha característica le da al libro la cohesión visual que podría tener un antiguo álbum de fotos con la historia de nuestros abuelos o bisabuelos.

Sin embargo, esa referencia histórica concreta no debe hacernos olvidar que el tema de la migración forzosa sigue siendo rabiosamente actual. Basta pensar en la situación de los refugiados sirios en la Europa de hoy para releer este libro a la luz de una violencia que se renueva sin cesar y cumple su misión de siempre: sojuzgar, perseguir, expulsar y despertar en nosotros, una y otra vez, los mismos viejos temores.

Emigrantes de Shaun Tan es la clase de libros que la taxonomía del mercado editorial clasifica bajo el rótulo “infantojuvenil”, un poco porque el autor ya tiene antecedentes en ese campo y otro poco porque finalmente en algún estante hay que poner estos libros mixtos, aunque no se sepa bien en cuál. Y si bien es cierto que el estante de libros para niños le queda cómodo a esta edición debido a su gran formato (31 x 23 cm), tras haber leído su relato visual es fácil darse cuenta de que el tratamiento que el autor le ha dado es tan maduro que excede ese campo delimitado por las fichas bibliográficas. Más aún: esta obra de Tan es particularmente recomendable para adultos, por la calidad de su ejecución artística, que cualquiera podrá apreciar, pero sobre todo por la indudable capacidad del autor para conmoverlos también a ellos.

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Emigrantes, de Shaun Tan. Historieta/Libro-álbum. Calibroscopio-Bárbara Fiore Editora, 2013. 128 páginas. Recomendamos este libro en “Ciudad X”, La Voz (Córdoba, 3 de diciembre de 2015).