Las ostras: en La Cumbre, hoy

Feria-del-libro-La-Cumbre-2014

Más sobre la novela:

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Adelanto del Capítulo 1

Presentaciones de Pablo Dema y Diego Vigna

Entrevista (La Voz)

Reseñas de Carlos Schilling y David Miklos

Novela del mes en Sur de Babel

Premio “Alberto Burnichón” 2012

Las ostras en e-book

William Burroughs es un virus

La-Tempestad-96-BurroughsPor Martín Cristal

Hice el siguiente gráfico divulgativo sobre la vida y obra de William S. Burroughs a pedido de la revista mexicana La Tempestad. Se publicó en el Nº 96 (mayo-junio de 2014), con motivo del 100º aniversario del nacimiento del autor norteamericano.

[Clic para ampliar]

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En una esquina del esquema figuran las principales fuentes consultadas (fueron centrales los prólogos de Carlos Gamerro y Ariel Dilon para La revolución electrónica y La tarea: conversaciones con Daniel Odier, respectivamente). A continuación otras fuentes digitales a las que recurrí:

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Más sobre Burroughs en El pez volador: reseña de La revolución electrónica y La tarea.

Dibujar el jazz

Por Martín Cristal

Jack Kerouac y los beats sacralizaron a los músicos de jazz; en Rayuela, Cortázar ponía discos de Bessie Smith, Louis Armstrong o Dizzy Gillespie (que a Oliveira no le gustaba); antes, en “El perseguidor”, Cortázar ya había imaginado a un Charlie Parker a su medida; en los ochenta, Clint Eastwood nos lo bajaría a tierra con su película Bird

Y así: como cualquier género musical consolidado, el jazz cuenta con un panteón de héroes que pueden ser tomados y reversionados no sólo por los nuevos músicos del género, sino también por narradores de distintas disciplinas, que contribuyen a ampliar su mitificación. Éste es el caso de dos historietas editadas en la Argentina: Coltrane, del italiano Paolo Parisi, y Billie Holiday, de la dupla Muñoz-Sampayo.
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Un amor supremo

Coltrane-Paolo-Parisi-La-PintaPaolo Parisi (1980) vive y trabaja en Bolonia. En 2009 expuso en Buenos Aires, en el Festival Internacional Viñetas Sueltas; de ese mismo año es Coltrane, su historieta sobre el saxofonista norteamericano. Tres años después fue publicada en nuestro país por la editorial La Pinta.

La tapa en negro y azul remite a la de Blue Train, aunque Parisi estructura la historieta calcando la forma de otro gran álbum del músico: A Love Supreme. Al igual que aquel disco, el libro se divide en cuatro partes, tituladas Acknowledgement, Resolution, Pursuance y Psalm. Parisi declara abiertamente su intención de “relacionar la lectura del libro con la escucha del disco”, propósito que evidencia el desafío sinestésico de estas historietas devotas de la música: el de captar con un arte visual el fenómeno emocional y físico del sonido (algo que ya habíamos señalado en Klezmer, de Joann Sfar).

Coltrane-Parisi-vinetaTenemos así “Reconocimiento”, “Resolución”, “Persecución” (o “Cumplimiento”) y “Salmo”. Vale preguntarse si esa secuencia no sugiere —tanto en el disco como en la historieta— cierta progresión en la vida de Coltrane como artista. Primero la necesidad de aceptación; luego, la decisión para seguir adelante; después una búsqueda sostenida que cumpla en alcanzar la trascendencia espiritual: el “salmo” de Coltrane (esto es, un poema que incluyó en las notas de A Love Supreme, con insistente referencia a Dios). En efecto, Parisi reparte algunas pistas de “evolución artística” aquí y allá, aunque sin atarse a ninguna cronología. A cada vuelta de página —todas ellas con márgenes y medianiles en negro—, la historieta salta de una época a otra, sin dejar de brindar la datación exacta de cada episodio, detalle que se agradece.

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Parisi evita todo didactismo y se salva de convertir su historieta en un mero “Coltrane para principiantes”. Más que brindar una biografía wikipediesca, logra esbozar una personalidad: la del músico que a puro talento atraviesa los prejuicios de una época y un país. Conocemos a un Coltrane capaz de remontar su propia timidez; capaz de amar y de dejar de amar; capaz de sucumbir a las drogas para luego sobreponerse. Lo vemos entregado al dominio de su instrumento pero sin estancarse sólo en la técnica. Rehúye del sonido ajeno (admira a Bird pero no quiere sonar como él) y sin embargo aprovecha la influencia de colegas como Miles Davis o Eric Dolphy. Se nutre de ellos e ignora a los críticos, siempre tratando de ir más allá.

El libro incluye una bibliografía, discografía y videografía sobre Coltrane, que los interesados en su música sabrán valorar.
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Cuerpo y alma

Billie-Holiday-Sampayo-MunozEn Billie Holiday, su historieta de 2007, Carlos Sampayo y José Muñoz eligen un camino aún más alejado de la llana biografía para dar cuenta de la pasión y caída de la gran cantante del jazz.

Tras el prólogo de Alfredo Rosso, es el alma de la propia Lady Day la que nos introduce en su tragedia. Enseguida el relato se desdobla en dos personajes que enmarcarán la evocación de Billie: uno es un periodista que debe escribir una nota sobre la cantante, pero no sabe nada sobre ella; el otro es un hombre solitario y taciturno que “sabe muy bien quién era Billie, aunque ignora un episodio que sucedió hace cincuenta y un años”. No es otro que Alack Sinner, personaje emblemático de la dupla Muñoz-Sampayo.

El encastre de biografía-en-ficción propuesto por el guión de Sampayo, junto con el alto contraste de los dibujos de Muñoz —cuya síntesis logra que lo difícil parezca fácil—, nos transportan al reino triste de Holiday: la cruel aguja en el brazo, la luz cenital sobre el micrófono, Billie-Holiday-Munoz-vinetala música que redime y salva; el racismo —también en blanco y negro— que la lleva a tener problemas con la policía, y de ahí directo a los calabozos; los hombres que se aprovechan de ella, a excepción de Lester Young, que la entiende y la acompaña con el saxo (pero no con el sexo, porque el del fiel amigo Lester apunta hacia otra parte).

Fruto extraño, la pobre Billie: más páginas en esta breve historieta que años de vida. Queda el consuelo de que, tras el final, su voz haya perdurado como síntesis de un alma. Una voz ya sin cuerpo, pícara o melancólica según lo mande la canción, pero siempre llena de gracia, hermosa como el estallido blanco de una flor en el pelo.

Billie-Holiday-Munoz

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Coltrane, de Paolo Parisi. Historieta. La Pinta, 2012. 128 páginas. | Billie Holiday, de José Muñoz y Carlos Sampayo. Historieta. Ojodepez!, 2007. 56 páginas. Recomendamos ambos libros en “Ciudad X”, La Voz (Córdoba, 3 de julio de 2014).

Cuestionario para escritores: “Leer & Escribir”, en Rumbos

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Tiempo dedicado a la escritura, disparadores, punto de partida y planes para la ficción, intriga vs. estilo, aprendizajes, influencias… Respondo el cuestionario para escritores del blog de Carmen Flores, Leer & Escribir.

Leer en el website
de la revista Rumbos

(Otras entradas de su sección “Consejos de escritores”, aquí).

El sentido interrogativo, de Padgett Powell

Por Martín Cristal

¿Me repite la pregunta?

Padgett-Powell-El-sentido-interrogativo¿Escuchaste hablar de Padgett Powell, un escritor nacido en Florida, en 1952? ¿Me creerías si te dijera que yo sí sabía algo de él antes de descubrir El sentido interrogativo, un libro suyo que, salvo por el título, se compone exclusivamente de preguntas? ¿Te parecerá relevante que eso que sabía sobre él sólo fuesen ciertas recomendaciones para escritores, entre las que Powell sostiene que la escritura siempre debería “1) estar viva; 2) ser sorprendente; 3) obedecer principios de economía, brío, etcétera; 4) valer la pena (usualmente en términos de que ‘haya algo en juego’); 5) pagar (es decir, resolverse)”? Ahora bien, ¿dirías, a priori, que esas premisas son apropiadas para juzgar un libro tan raro como El sentido interrogativo? ¿Vas a seguir leyendo para informarte un poco más antes de contestar la pregunta anterior?

Sabiendo tan poco sobre Powell, ¿hubieras levantado, como yo, su libro entre todos los de la librería? ¿Hubiera incentivado tu curiosidad el descubrir que sólo contiene preguntas, o te hubiera parecido una idea con cierta gracia aunque facilona, de esas que quizás te sacan una sonrisa condescendiente? ¿O tal vez te decantarías por la cómoda posición intermedia de “todo depende de qué tan bien esté hecho”?

¿Te dije ya que el libro también tiene, como subtítulo, una pregunta, y que esa pregunta es “¿una novela?”, de manera que —aunque no afirme que esto sea una novela— Powell anima al lector a considerar dicha posibilidad, e incluso lo lleva a pensar qué carajo es una novela hoy? ¿No es hora de que dejemos de usar la etiqueta “novela” para cualquier libro que no sepamos en qué género empaquetarlo, visto que, si seguimos así, el término “novela” cada día significará menos, hasta que finalmente ya no designe nada en particular? ¿Por qué no llamar a este libro —y a los de David Markson (tan de moda), o a los famosos Me acuerdo de Joe Brainard y de Georges Perec— sencillamente “catálogos”? ¿Votarías a favor de un nombre así en un congreso de literatura donde se discutiera el tema? Si no, ¿qué nombre propondrías?

Padgett-PowellAl leer a Powell, ¿responderías cada pregunta antes de pasar a la siguiente, o te dejarías llevar por el ritmo de su concatenación sin detenerte a reflexionar más que en algunas? ¿Te das cuenta de que, si las respondieras todas, el resultado podría ser también una novela, muy distinta de la conformada por las respuestas de otro lector? ¿No se parecería a un test proyectivo, a un retrato hablado como el que Marcel Proust esperaba obtener con su célebre cuestionario? Quizás Powell sí tuvo en mente a Proust, pero ¿habrá sopesado otros antecedentes posibles, como por ejemplo El libro de las preguntas, de Gregory Stock? ¿Habrá escuchado además The Question Jar Show, el álbum de esos conciertos de Mike Doughty en los que el público metía papelitos con preguntas en un frasco para que el ex vocalista de Soul Coughing, entre tema y tema, las contestase todas, incluso las más absurdas, que son las que más hacen reír a la gente?

¿Te sorprendería que un libro así pueda hacerte reír, no sólo por la variedad con que Powell formula las preguntas, sino también por su alternancia entre profundidad existencial y trivialidad deliberada? ¿Te gustaría leer algunos ejemplos del propio Powell? Si las entrecomillo y las destaco, ¿entenderás que las que siguen son preguntas de él, y no mías?:

“¿Sigue utilizándose en alta mar el semáforo de banderas o tal vez ha caído en desuso con la llegada de la era digital? ¿Te sentirías aliviado por el resto de tus días si te exonerasen de una grave acusación o acaso te sentirías mancillado para siempre? ¿Entiendes exactamente por qué es humorística la frase ‘Es tan divertido que me olvidé de reír’? ¿Verías las cosas de otro modo si notases que estas preguntas están locas por ti? ¿Y que tal vez, en cierta medida, son independientes de mí? ¿Que en realidad son como unas zombies del sentido interrogativo? ”.

Entonces, ¿qué te parece? ¿Te desilusionaría ahora que te dijera que, por ser un libro hecho en España, no será fácil que lo consigas en Córdoba? ¿Y que, por lo mismo, la traducción puede ser un poco molesta? Así y todo, ¿no valdría la pena buscarlo, dado el entusiasmo de esta humilde recomendación? ¿Es válido hacer una reseña así, y no me refiero al hecho de que esté íntegramente formada por preguntas, sino al de que trate de emular el estilo con que está escrito el mismo libro que comenta? ¿Resulta útil para el lector de la reseña? ¿Quién lee esta reseña? ¿La leyó completa hasta acá o fue salteándose partes cuando ya entendió “cuál era el chiste”? ¿Haría lo mismo con el libro de Powell? ¿Lo usaría como oráculo? ¿Lo leería en voz alta con su pareja, arriesgándose a descubrir mil desavenencias entre ambos? ¿Lo sacaría en reuniones sociales, obligando a sus invitados a contestar lo que el azar designase para cada uno? ¿Te daría miedo leer un libro como éste? ¿Cómo estás hoy?

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El sentido interrogativo. ¿Una novela?, de Padgett Powell. Alpha Decay, 2012. 160 páginas. Recomendamos este libro en “Ciudad X”, La Voz (Córdoba, 5 de junio de 2014).

PALP, revista de géneros: presentamos el número 2

revista-palp-2

PALP, revista de géneros

Llega el Nº 2 de esta revista-libro semestral —sí, impresa, en papel—
inspirada en las viejas publicaciones pulp norteamericanas.
Trae relatos completos de género (ciencia ficción, fantasía, terror,
policial, mixturas y zonas aledañas) escritos por distintos autores.

En el #2 escriben
Osvaldo Aguirre, Javier Mattio, Juan Manuel Candal,
Iván Wielikosielek, Laura Ponce, Pablo Dobrinin,
Sebastián Pons, Guillermo Bawden, Fernando Montes de Oca y Juan Manuel Porta.

Lo presentamos en Córdoba mañana viernes 30 de mayo.

El proyecto también comprende la publicación
de ficciones online por entregas: PALP Series.

Más información en el sitio:

www.revistapalp.wordpress.com
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Leemos en Córdoba cuenta

El próximo martes 20, en la Facultad de Lenguas (UNC),
leemos y conversamos con el público:

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CÓRDOBA_CUENTA_MAYO

Más sobre Eugenia Almeida, aquí.

Entrada gratuita. Todos invitados.

Informe sobre ectoplasma animal, de Roque Larraquy y Diego Ontivero

Por Martín Cristal

Los cazafantasmas

Larraquy-Ontivero-Informe-Ectoplasma-animalRoque Larraquy se desmarca de las expectativas que siempre genera una muy buena primera novela —como sin duda lo fue La comemadre, su debut narrativo de 2010— mediante la publicación de un segundo libro que no pueda encajarse fácilmente en ese mismo género… o en cualquier otro. Un buen intento de evitar las (inevitables) comparaciones.

Su flamante Informe sobre ectoplasma animal consta de 23 episodios brevísimos cuyo punto en común más evidente con La comemadre es el retorno a la exploración ficcional del ámbito científico de principios del siglo XX (que en esta ocasión se prolonga hasta la década del cincuenta). En la ingenuidad entusiasta de esas investigaciones primigenias —en ese no saber si lo que se estudia hoy tendrá, algún día, estatuto de ciencia, o aplicaciones prácticas relevantes—, hay una cantera muy rica para la imaginación narrativa, algo que Larraquy sabe aprovechar.

La narración en presente le otorga inmediatez a una acción que se enfoca —en las dos primeras partes del libro— en la recolección de un módico zoológico de aparecidos: son espectros de animales muertos, “un residuo matérico inscripto en el éter”, que puede registrarse mediante una novedosa técnica, todavía en desarrollo: la ectografía. Con ella es posible captar el “ectoplasma” animal, y luego sugerir las más diversas conclusiones respecto de cada uno de esos registros.

Los episodios del catálogo espectral de Larraquy funcionan en dos direcciones: presentan una historia fantasmagórica que luego el registro ectográfico vendrá a interpretar; o bien, a la inversa, describen primero una ectografia, cuyo resultado el lector comprenderá mejor al conocer el contexto en que se obtuvo la toma.

La tercera parte de este informe propone una trama mínima en torno al intento de desarrollar la técnica ectográfica por parte de una típica sociedad (pseudo)científica: caballeros honorables que buscan sistematizar sus observaciones en pos de convertir su afición común en una ciencia hecha y derecha (lo otro que buscan, claro, es credibilidad y apoyo económico). La convicción de los científicos de Larraquy a veces parece más basada en la fe que en la razón, y muchas veces provoca una sonrisa. Su fascinación por ver lo que usualmente no puede verse, recuerda el asombro de Hans Castorp —en La montaña mágica de Thomas Mann (1924)— al ver el esqueleto de su primo Joachim (y los huesos de su propia mano) en una “moderna” radiografía.

Diego-Ontivero-TrilobitesEl texto íntegro abarca apenas 55 páginas, que se complementan bien con las ilustraciones de Diego Ontivero: 23 composiciones geométricas de colores desaturados —cuando no en blanco y negro—, posiblemente realizadas con algún programa de dibujo vectorial (Ontivero es diseñador gráfico). Figurativas o abstractas, apelan a sintéticas vistas frontales o con perspectivas isométricas, y a la elogiable estrategia de sugerir antes que explicar. Destaca la de un trilobites, mezcla de fósil y móvil colgante.

En un dibujo mucho más antiguo (un grabado en realidad), Goya inscribió aquello de que “el sueño de la razón produce monstruos”. En este informe, el monstruo provisto por la razón —por la ciencia, como sucede desde Frankenstein— toma la forma evanescente de un espectro mixto, un residuo fantasmal que en su más mínimo contacto con el hombre parece capaz de alterarlo, excitando su violencia intrínseca. Todo el orden moral humano queda en cuestión cuando nuestra bestialidad puede atribuirse a algo invisible, incontrolable, que nos atraviesa. El epílogo de este Informe sobre ectoplasma animal funciona como contraste para esta percepción. ¿Somos más de lo que se ve de nosotros? Aun si así fuera, los hombres ya hemos establecido las penitencias que les corresponden a todas “nuestras” malas acciones.

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Informe sobre ectoplasma animal, de Roque Larraquy (texto) y Diego Ontivero (ilustraciones). Nouvelle ilustrada. Eterna Cadencia, 2014. 88 páginas. Recomendamos este libro en “Ciudad X”, La Voz (Córdoba, 8 de mayo de 2014).

William Shakespeare: su vida como teatro

Shakespeare
Por Martín Cristal

Hice el siguiente gráfico divulgativo sobre la vida y obra de Shakespeare a pedido de “Ciudad X”, el suplemento de cultura del diario La Voz de Córdoba (Argentina). Se publicó el 24 de abril, un día después del 450 aniversario del nacimiento del dramaturgo inglés. [Clic para ampliar]
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En una esquina del esquema figuran las principales fuentes consultadas (fue particularmente agradable la lectura de Shakespeare, la breve y amena biografía escrita por Bill Bryson). Aprovecho para linkear aquí otras fuentes digitales a las que recurrí, sobre todo en lo relativo al dibujo del teatro The Globe:

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Más sobre el Bardo en El pez volador: Traducir a Shakespeare.

La revolución electrónica y La tarea, de William S. Burroughs

Por Martín Cristal

En las “lecturas recomendadas” de William S. Burroughs (1914-1997) nunca faltan El almuerzo desnudo; Yonqui; Marica (o con su título en inglés, Queer); su epistolario con Allen Ginsberg, Las cartas de la ayahuasca (o “del yagé”); su Trilogía Nova, de los sesenta, o bien la de los ochenta: la Trilogía de la noche roja.

No menos representativos, aunque no tan renombrados, son dos libros de no ficción publicados hace poco en la Argentina: La revolución electrónica y La tarea. Conversaciones con Daniel Odier. Ambos se publicaron originalmente a principios de los setenta —con agregados y modificaciones en reediciones posteriores— y son una buena puerta de entrada al ideario de Burroughs (quien no se expresó sólo en su obra escrita, sino también en colaboraciones en otras artes y en variadas intervenciones en el campo cultural).

Burroughs shooting by Jon Blumb

 

La revolución electrónica

William-Burroughs-Revolucion+Electronica-Caja-NegraEste texto se basa en el gran hallazgo teórico de Burroughs: el reconocimiento del arquetipo “virus” como forma básica de la sociedad de la información. Para el autor, el lenguaje es —literalmente— un virus, que afecta al hombre y su experiencia. A partir de ahí, glosa varias técnicas de manipulación mediática con base en la tecnología de su momento: filmadoras y grabadores de cinta abierta.

El imaginario de Burroughs está bien plantado en su tiempo: Watergate, el temor a la escalada atómica, el fantasma de las manipulaciones mediáticas subliminales, los experimentos secretos de la Agencia Central de Inteligencia durante la guerra fría… y otros rasgos por el estilo, sintetizables en una paranoia de campeonato.

Con esos elementos de su presente, Burroughs capta mucho del nuestro: intuye la esencia de los virus informáticos (y el concepto de “viralización”, tan activo hoy en internet); comprende la creciente manipulación de las noticias mediante su cuestionamiento revisionista o su edición, por ejemplo con el intercambio de fotografías y textos de distintas fuentes (algo similar a lo que vimos en la comunicación de los recientes disturbios sociales en Venezuela). “Cualquiera puede jugar” con estos recursos, dice Burroughs, anticipándose a nuestra era del “hazlo tú mismo”: fotos trucadas con Photoshop, remixes y mash-ups enYouTube, fanfictions en blogs, hoaxes en cadenas de correos…

Resulta esclarecedor el prólogo de Carlos Gamerro, que articula los diferentes momentos en la obra de Burroughs y analiza sus ideas clave. Entre ellas, postula que la revolución de Burroughs no defiende alguna ideología o facción política concreta, sino que propone un ataque general al “sistema” (otro término hoy fácil de relacionar con el de “virus”). Pero “¿quién utilizará estas técnicas?”, se pregunta Gamerro, y es pertinente: el manual revolucionario también podría ser contrarrevolucionario. Burroughs opone el Caos al Control. Sí, suena a parodia del Superagente 86, pero para el viejo Bill era un asunto mucho más serio.

Completa el volumen una entrevista realizada por Tamara Kamenszain en 1975, la cual capta la excentricidad del personaje y sintetiza varios vectores de su pensamiento.

 

La tarea. Conversaciones con Daniel Odier

William-Burroughs-La-Tarea-Cuenco-de-plataEn rigor, La tarea (The Job) contiene a La revolución electrónica y presenta un espectro temático más amplio (si bien no cuenta con los valiosos complementos aportados por Gamerro y Kamenszain en la edición de Caja Negra). Aunque La tarea es un libro-entrevista, no está construido sólo con las preguntas de Odier y las respuestas directas de Burroughs; éste se tomó la libertad de responder, en ciertos casos, intercalando algunos textos suyos que tocaban la cuestión planteada más extensamente, o con relatos que la ilustraban, o con comentarios personales a recortes de prensa que ejemplificaban su manera de pensar. Así el libro resulta elástico en su estructura, y contiene —como señala Ariel Dilon en la nota inicial— “todo el subtexto ideológico de sus novelas”.

Muchas veces Burroughs convence más por su propio convencimiento que por la expresión llana de sus teorías, las cuales no siempre se basan en materiales científicos, sino muchas veces también en datos pseudocientíficos y hasta esotéricos. Las fuentes de conocimiento más dudosas —incluida la cienciología— son igualmente consideradas por su inteligencia, de la que uno se pregunta si canaliza una lucidez total para comprender la realidad, o si son sólo arrebatos de clarividencia entreverados con un importante porcentaje de “quemazón” cerebral tras décadas de adicción a las drogas. En cualquier caso, Burroughs se las arregla para seguir siendo interesante.

¿Qué temas agrega La tarea a los ya mencionados de La revolución electrónica? Las adicciones como forma de control social; las drogas amplificadoras de la conciencia versus las sedantes, y su relación con la escritura; la (homo)sexualidad, el erotismo y la pornografía; su marcada misoginia, su descreimiento del amor; sus técnicas experimentales de escritura (como el cut-up); su renuencia a aceptar la etiqueta beat para sí; algunas consideraciones sobre otros escritores (Joyce, Beckett, Genet); la necesidad de demoler los conceptos de “familia” y “nación”; su reivindicación de la revolución violenta, precisamente para no llegar a la destrucción total prometida por la bomba atómica; los jeroglíficos egipcios en oposición al alfabeto occidental; y también la pena de muerte, la cultura libre, las posibilidades de la clonación… Todo eso y más, en un abanico articulado de paranoia y lucidez que nos llega desde otro tiempo para que comprendamos mejor el nuestro.

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La revolución electrónica, de William S. Burroughs. Ensayos. Trad. de Mariano Dupont. Caja Negra, 2009 [1970]. 89 páginas. | William S. Burroughs: La tarea. Conversaciones con Daniel Odier. Entrevista aumentada con ensayos y relatos breves. Trad. de Edgardo Russo y Ariel Dilon. El Cuenco de Plata, 2014 [1969]. 256 páginas. Recomendamos estos libros en “Ciudad X”, La Voz (Córdoba, 3 de abril de 2014). También hice una infografía sobre la vida y obra de Burroughs.

6 años

6-anos-de-el-pez-volador
Cumplimos seis años con este blog (y casi 300 posts). Gracias a todos los que lo leen. Muchas gracias a los que lo hacen regularmente. Y muchísimas gracias a los que, además, todavía se toman la molestia de dejar algún comentario. Seguimos por acá.

Perpetua en Eribea: novela de ciencia ficción, online

Leer el primer episodio
Uno es lo que come, dicen. Y también podría decirse que uno escribe lo que lee. Desde que me entró el berretín de volver a leer ciencia ficción, me empezó a dar vueltas en la cabeza una idea para una novela breve del género.

Encaré el texto con un seudónimo. No para ocultarme tras él, sino para separar bien este proyecto genérico de la tetralogía novelística que empecé con Las ostras (obras realistas, en las que todavía trabajo, y que no tienen nada que ver con la CF). Me pareció divertido seguir el modelo de John Banville/Benjamin Black (salvando las distancias, claro): el primero escribe literatura sin condicionamientos de género, mientras que su alias sí se enmarca en uno.
Y todos saben que los dos son el mismo, y no hay escándalo por eso.

Mi nom de guerre es Ari Epstein (a quien se puede seguir por Facebook).
La novela se llama Perpetua en Eribea. Se publicará por entregas,
todos los miércoles, en el website de PALP Series.

Acá ya se puede leer el primer episodio.

Ojalá les guste.

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La ilustración es del gran maestro Burda (Alejandro Burdisio), que tuvo la gentileza de hacerla especialmente para esta novela.

Las ostras, ahora también en e-book

Las-Ostras-en-ebook

Ahora la novela también está disponible
en versión electrónica

(en formato .epub, a un precio accesible y sin DRM)

En Amabook de Argentina

En Amabook de México

En Amabook de España

Ver otros Amabook
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En papel puede conseguirse desde
el sitio de Caballo Negro Editora.

Dos novelas del narco mexicano

Por Martín Cristal

Ante el desbordado saldo de muertes relacionadas con el narcotráfico en México (del que en buena parte también es responsable el ex presidente que le declaró la guerra: no se apagan incendios con gasolina), resulta lógico que varios narradores de ese país hayan enfocado el tema en sus ficciones. Elmer Mendoza, Juan Villoro, Daniel Sada, Sergio González Rodríguez y hasta Carlos Fuentes son algunos de los que dieron cuenta, cada uno a su modo, de distintos aspectos de esta delicada situación social, económica y política, que ya sobrepasa lo coyuntural para ser, llana y tristemente, una faceta cultural más de México.

Se ha querido acuñar el término “narcoliteratura”, lo que quizás sea un exceso, ya que en todo caso son apenas algunos rasgos temáticos comunes los que se aglutinan, y no necesariamente una forma narrativa o un estilo. El término, sí, funciona como una etiqueta comercial rápidamente asimilable para el mercado exterior. Y es que el narcotráfico como tema literario ha interesado más allá de las fronteras mexicanas: por ejemplo, las dos novelas breves que recomendamos aquí, se consiguen en librerías de Argentina por la vía de ediciones españolas.

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Trabajos del reino, de Yuri Herrera

Yuri-Herrera-Trabajos-del-reinoEsta novela breve de Yuri Herrera (Actopan, 1970) narra en tercera persona pero desde el punto de vista de un cantante de corridos, esa música popular del norte mexicano que, en sus letras, es el cantar de gesta del narco y sus antihéroes (o como la define Herrera: “…no son canciones para después del permiso, el corrido no es un cuadro adornando la pared. Es un nombre y es un arma”). Este Artista —Herrera elige nombrar a sus personajes por el arquetipo que representan— se pone al servicio de un Rey del narco para difundir sus proezas y las de sus aliados. A cambio de sus epopeyas de acordeón y redoblante, el bardo recibe dinero, alojamiento, comida y hasta la posibilidad de grabar: todo lo que jamás tuvo, al menos nunca a granel y con tanto lujo. Ahora lo tiene por trabajar para este Reino, en el que enseguida descubrirá cuán inestable es el equilibrio entre traiciones y deseos prohibidos. Bajo el ala del Rey no se pueden cometer errores.

Destaca el uso del lenguaje por parte de Herrera (algo que Fogwill supo elogiarle): en esta novela es lírico —ciertas páginas incluso parecen poemas—, pero a la vez tiene una fuerte raigambre oral mexicana, sin excesos, en un balance muy bien logrado. El lector argentino no familiarizado con la vertiente mexicana del idioma quizás pueda acusar que el sentido de algunas frases se le escapa; insisto en que el sazón del texto está precisamente ahí, y que no por esa nimia dificultad debería soslayar este excelente libro (además, en esta era digital todo lo que uno no entiende puede guglearse más tarde).

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Fiesta en la madriguera, de Juan Pablo Villalobos

J-P-Villalobos-Fiesta-en-la-madrigueraEn lo escritural, la primera novela de Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973) va hacia el lado opuesto: simplifica al máximo la cuestión del lenguaje mediante la asignación de la voz del relato a un narrador de corta edad, lo que la hace de digestión más rápida y para todo público. Tochtli es hijo de Yolcaut, un poderoso narcotraficante; con la ingenuidad de su mirada, que a veces pone al relato cerca de la fábula infantil (aunque matizada con toques de esa rara madurez que Salinger le atribuía a los niños en sus cuentos), Tochtli va dando cuenta de la vida que lleva, aislado en la mansión desértica de su padre.

Uno de los caprichos de este principito es obtener, para su zoológico privado, un hipopótamo enano de Liberia, animal en vías de extinción que sólo puede conseguirse en África (en el zoo de la novela de Herrera, el animal-emblema es el pavo real). Claro que ningún deseo es imposible para el hijo de un hombre como Yolcaut. La gracia de la novela de Villalobos reside en que el lector infiere del relato cándido de Tochtli todo el mundo opresivo y violento que lo rodea. La persistente inocencia del niño es un milagro entre toda esa sangre. Una sangre que todavía se derrama y espanta y da que hablar, tanto en México como en el resto del mundo.

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Trabajos del reino, de Yuri Herrera. Novela. Periférica, 2008 [2004], 128 páginas. | Fiesta en la madriguera, de Juan Pablo Villalobos. Novela. Anagrama, 2010, 112 páginas. Recomendamos estos libros en “Ciudad X”, del diario La Voz del Interior (cuyo manual de estilo insiste en cambiarme las X por J cuando escribo “mexicanos” o “mexicanas”). Córdoba, 6 de marzo de 2014.

Antología: Relatos selectos de Philip K. Dick

Por Martín Cristal

I. El libro

Selected-Stories-Philip-K-DickTras leer algunas novelas de Philip K. Dick, quise pasar a sus relatos. Descubrí que sus Cuentos completos son casi imposibles de conseguir en Córdoba: sólo vi los cinco tomos juntos una vez, en una comiquería (donde, dicho sea de paso, también se consigue la revista Palp). Editados por Minotauro e importados desde España, resultaban más caros que un e-reader. Por supuesto, compré el e-reader, y después conseguí los cinco tomos en versión electrónica (también un sexto con algunos inéditos compilados por fans de Dick).

Como ya había podido comprobar, con el e-reader pasamos del problema de la escasez al de la abundancia. Ahora que los tenía, ¿realmente quería leer cinco tomos de Dick? Los volúmenes “completos” de cualquier autor siempre nos reservan zonas tediosas o poco interesantes, porque en su afán de exhaustividad esos libros necesariamente incluyen intentos fallidos, tanteos, variantes no muy logradas o etapas no tan atractivas de la obra del escritor en cuestión.

La solución fue guglear alguna antología autorizada. Encontré una que salió a veinte años de la muerte del autor y titulada Selected Stories of Philip K. Dick (Pantheon Books, NY, 2002; reeditada por Houghton Mifflin Harcourt, NY, 2013). Aunque no estaba en castellano, podía extractar los veintiún relatos seleccionados de las versiones electrónicas que ya había encontrado traducidas en la red. Sólo tendría que leer en inglés la introducción —muy provechosa, de Jonathan Lethem—, texto que hallé en Google Books.
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II. Los cuentos

Cada vez me convenzo más de que la ciencia ficción se disfruta al máximo en textos de mediana extensión (sin duda más que en esas novelas hoy infladas por la moda del best-seller). Los mejores relatos de esta antología me parecieron:

“Sobre la desolada Tierra”, un relato nada tecno, sino más bien religioso: Silvia es una chica especial que —como los santos o los mártires— percibe ciertas apariciones angélicas que deambulan por nuestro planeta. Desoyendo a su familia y a su novio Rick, Silvia quiere irse con esos ángeles flamígeros, pasar al otro lado. Pero la cosa puede salir mal… ¿vale arrepentirse después? ¿Se puede volver del más allá sin alterar el equilibrio del universo?

“La fe de nuestros padres”: Chien es un integrante del Partido en una China que ya domina el mundo. Tiene una ascendente carrera por delante porque sabe callar sus pensamientos. Justo cuando su fidelidad y sus capacidades son puestas a prueba por el mismísimo Líder del Partido, Chien se mete (no tan) accidentalmente una droga que lo enfrenta a una verdad aterradora: el Líder no sería lo que aparenta ser (no sería humano). ¿Está drogado ahora, Chien, o en realidad lo estaba antes, cuando veía al Líder con su apariencia habitual? Podrá averiguarlo esta noche, en la recepción del Partido donde por fin podrá conocer al Líder en persona. Un relato genial.

“Algo para nosotros temponautas”: Una paradoja temporal. Así como alguna vez hubo una “carrera espacial” entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ahora hay otra por dominar el viaje en el tiempo. El apuro por ser los primeros lleva a errores en el lanzamiento: un poco como el Eternauta de Oesterheld, los temponautas de Dick quedan atrapados fuera y dentro de nuestro mundo, fantasmas superpuestos en un loop temporal interminable que los agobia, y que —según calculan— sólo podrán romper de una forma.

“Quisiera llegar pronto”: Mi favorito del libro. Víctor Kemmings, embarcado en un viaje interplanetario, sufre un accidente: la criogenia no alcanza la temperatura correcta y, aunque su cuerpo viaja congelado como corresponde, su conciencia queda despierta. La computadora de la nave detecta el inconveniente; calcula que si Kemmings no recibe estimulación sensorial, tras los diez años de viaje llegará en estado vegetativo. Para salvar la situación, la computadora —que se dirige a Kemmings oralmente, como la HAL 9000 de Kubrick pero con mejor leche— decide bombardear a Kemmings con realidades virtuales construidas a partir de sus propios recuerdos.

Y también cuatro que ya conocía parcialmente, por sus adaptaciones al cine: “La paga” (Paycheck, con Ben Affleck); “Equipo de ajuste” (The Adjustment Bureau, con Matt Damon, película que expurga la faceta religiosa del cuento original); “El informe de la minoría” (Minority Report, con el insufrible Tom Cruise); y “Podemos recordarlo todo por usted” (Total Recall, en su primera versión, con Arnold Schwarzenegger, en la que se amplificaba el componente de aventuras).

Esta antología vino a redondear mi percepción de la obra dickiana, ofreciendo toda clase de variantes en la configuración de los temas y motivos habituales del autor. Estos temas eran de esperar, ya que de la lectura de sus novelas habíamos mensurado ya el perímetro de sus obsesiones: simulacros, paranoia… Para captar de un vistazo esas superposiciones, hice la siguiente tabla (click para ampliarla):

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Si ya me eran familiares estos temas filosóficos o especulativos en la obra de Dick —y también los agentes que los provocan: robots o máquinas, aliens, drogas, extrañas deidades—, todavía me faltaba asimilar un “segundo juego de motivos” superpuesto en la estética del autor. Me lo hizo ver mejor Lethem en la introducción del libro:

“El segundo juego de motivos empleado por Dick es más prosaico: una obsesión perfectamente típica de los cincuenta por las imágenes de los suburbios, el consumidor, el burócrata, y con la situación de hombres pequeños debatiéndose bajo los imperativos del capitalismo. Si Dick, como un barbudo tomador de drogas californiano, puede haber parecido un candidato para integrar el círculo beat (y de hecho se juntaba con los poetas de San Francisco), su persistente compromiso con los principales materiales de su cultura lo preservaron de irse flotando hacia ensueños de escape. Lo relaciona en cambio con escritores como Richard Yates, John Cheever y Arthur Miller…”.

Tambien según Lethem (todo un fan, que hasta tiene tatuado el aerosol de Ubik en el brazo), “el gran logro de Dick [...] fue el de convertir los materiales de la ciencia ficción norteamericana de estilo pulp en un vocabulario para una notable visión personal de la paranoia y la dislocación.” Sin ánimo completista, siento que tras estas lecturas ya he comprendido bien ese logro. Me queda como pendiente la exploración del Dick tardío, ese iluminado que, de la invención de diversas formas de la paranoia, pasó directamente a su mistificación.

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