Mil surcos: reseña en Alfil, por Gabriel Ábalos

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[…] Atraviesa cada relato el sentido familiar, la identidad en la que se debaten las personas que sólo pueden vivir la vida que determina su tiempo y lugar. Y cuando son víctimas de los desastres de la guerra, el exilio, la tragedia, los resultados son identidades fragmentadas, interrumpidas, perdidas, reconstruidas. Es la memoria que subyace en los humillados, los diezmados, los inmigrantes. Sin embargo, como expresa el texto introductorio de William Faulkner que cita Cristal, tomado del relato “Gente de antaño”: “incluso el sufrimiento y la pesadumbre son mejores que nada; no hay nada peor que no estar vivo”.

La novela da cuenta de esas formas de estar vivos, atareándose en el afán de ser parte de una línea que se resiste a borrarse, a perecer, que busca su cauce entre las desgracias y las buenas venturas donde esas personas pudieron o supieron buscar amparo.

Para enviarnos a esas imágenes de hombres y mujeres esforzándose por seguir latiendo por sí mismos, o a través de otros, Martín Cristal produce una dinámica en el que es posible seguir sin esfuerzo la alternancia de cada una de las historias, porque pone la sal de las motivaciones, de las insinuaciones, de las promesas que cada parágrafo (que representa un año, unos personajes y un escenario propio) excita en el lector. […]

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Felices los felices, de Yasmina Reza

Por Martín Cristal

Hasta que la vida los separe

Yasmina-Reza-Felices-los-felicesSi bien Yasmina Reza (París, 1959) ya tiene varias novelas publicadas, es probable que entre nosotros sea más fácil ubicarla por sus éxitos como dramaturga: baste mencionar su obra más famosa, Art (de 1994) —que en Buenos Aires supo permanecer en cartel durante años con Ricardo Darín, Oscar Martínez y Germán Palacios en los roles protagónicos—; o bien una de las películas más recientes de Roman Polanski, Carnage (de 2011, estrenada aquí bajo el título de Un dios salvaje).

La última novela de Reza se llama Felices los felices; con ella obtuvo el premio Le Monde en 2013. El título surge de unos versos de Borges (tomados del libro Elogio de la sombra): “Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor. / Felices los felices”. Esta novela se compone de veintiún monólogos que captan los vanos esfuerzos en pos de la felicidad, las desavenencias y las complejas interrelaciones que conforman a un puñado de matrimonios y familias de la Francia contemporánea.

“Los sentimientos son cambiantes y mortales. Como todas las cosas de este mundo. Los animales mueren. Las plantas. De uno a otro año, los ríos no son los mismos. Nada dura. La gente quiere creer lo contrario. Se pasan la vida recomponiendo los pedazos y a eso lo llaman matrimonio, felicidad o yo qué sé”. Esto declara en su monólogo uno de los dieciocho narradores que tienen a su cargo este coro novelístico. Ellos no se distinguen tanto por el trabajo de sus voces como por la meticulosa diferenciación de sus circunstancias, y también por su manera particular de comprenderlas y encararlas. Entretejidos con esos monólogos se intercalan algunos diálogos, no siempre marcados con raya y muchas veces a renglón seguido, lo que puede exigir cierta atención extra del lector.

Hay que señalar que Reza no bucea en distintas clases sociales; ella se concentra en personas de clase media y alta, en general adultos, mayormente profesionales: banqueros, psicólogos, funcionarios, periodistas… con maridos y esposas, con amigos, con hijos y con amantes. Con enfermedades y problemas de todo tipo (domésticos y también de los graves). Como es lógico, el círculo de personajes se va a ampliando a medida que ingresan más y más narradores; sin embargo, el mérito de la novela no se centra en esa previsible expansión de la mancha humana representada, sino en la forma en que se va haciendo cada vez más densa la cantidad de interrelaciones entre ese cúmulo de personajes.

Las alusiones de unos respecto de otros —menciones que a veces son sutiles, como dichas al pasar, y otras veces directas y en detalle— van componiendo una trama de proximidades como la que hoy podrían calcular los algoritmos de cualquier red social. Lo que ningún programa puede calcular todavía es todo lo que suelen callar esas relaciones: sus amores clandestinos o viciados; sus tribulaciones, rechazos y hartazgos sin confesar; el daño que la rutina le inflige a todo lo que es sensible, el desgaste del tiempo (implacable, y sin embargo desparejo para cada pareja). El disfrute del lector se centra en sopesar las cualidades de cada relación a medida que se va develando el sociograma propuesto. La maestría de la autora está en presentárselo sagazmente, desnudando con sutileza todos los matices de las conexiones humanas y llevándolo hacia una escena que reúna lo que en principio parece disperso.

Los personajes de Felices los felices son de hoy y están tan vivos como nosotros. La experiencia dramática de Reza, su manera de construir las escenas —discusiones en el supermercado o en la cama; diálogos casuales en la sala de espera del médico; encuentros clandestinos en un bar cualquiera— y, sobre todo, su oralidad, nos colocan frente al texto como si estuviéramos frente a un escenario o ante la pantalla de un cine. Por el enfoque del tema y por su sentido del humor (que muchas veces resulta la única salvación de los personajes), la historia se acerca a Maridos y esposas, de Woody Allen; por su estructura, se asemeja a Vidas cruzadas de Robert Altman; por sus encrucijadas y por la manera en que quedan expuestos las taras y los sentimientos de los personajes, recuerda quizás a alguna película de Agnès Jaoui (Como una imagen, o El gusto de los otros). Si se consideran su rabiosa contemporaneidad y las credenciales de su autora, no resultará extraño que esta novela termine adaptándose para la pantalla grande, más temprano que tarde. Mientras tanto, es un gran placer leerla.

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Felices los felices, de Yasmina Reza. Novela. Anagrama, 2014. 192 páginas. Recomendamos este libro en “Ciudad X”, La Voz (Córdoba, 5 de febrero de 2014).

Lo mejor que leí en 2014

Por Martín Cristal

Van en orden alfabético de autores; esto no es un ranking. Figura el link a la correspondiente reseña, si es que la hubo en este blog. Aquí están los libros que más disfruté leer en 2014:
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Shakespeare-Bill-Bryson-RBAShakespeare
de Bill Bryson
(biografía)

Muy ameno, y útil
para poder confeccionar
esta infografía sobre el Bardo

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Una-breve-historia-de-casi-todo-Bill-BrysonUna breve historia de casi todo
de Bill Bryson
(divulgación científica)
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Catalogo-de-formas-Nicolas-CabralCatálogo de formas
de Nicolás Cabral
(novela breve)
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Mark-Z-Danielewski-La-casa-de-hojasLa casa de hojas
de Mark Z. Danielewski
(novela)
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Selected-Stories-Philip-K-DickRelatos selectos de Philip K. Dick
(Selected Stories of Philip K. Dick)
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Desciende-Moises-William-FaulknerDesciende, Moisés
de William Faulkner
(relatos)

De este libro salió el
epígrafe inicial de Mil surcos
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El-animal-no-domesticado-Laura-Garcia-del-CastanoEl animal no domesticado
de Laura García del Castaño
(poesía)
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Milton-Hatoum-Dos-hermanos-Beatriz-Viterbo-Editora-OKDos hermanos
de Milton Hatoum
(novela)
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Jorge-Ibarguengoitia-Las-MuertasLas muertas
de Jorge Ibargüengoitia
(novela)
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Francisco-Ide-Wolleter-Poemas-para-Michael-JordanPoemas para Michael Jordan
de Francisco Ide Wolleter

Se puede leer online
o descargar desde aquí
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Annie-Leonard-La-historia-de-las-cosasLa historia de las cosas
de Annie Leonard
(ensayo de política ambiental)
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Padgett-Powell-El-sentido-interrogativoEl sentido interrogativo. ¿Una novela?
de Padgett Powell
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El-Numero-Thomas-Ott-Edicion-argentinaEl número 73304-23-4153-6-96-8
de Thomas Ott
(historieta)
Leer reseña
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Amos-Oz-Contra-el-fanatismo-SiruelaContra el fanatismo
de Amos Oz
(ensayos)
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Kurt-Vonnegut-Barbazul-Plaza-y-JanesBarbazul
de Kurt Vonnegut
(novela)
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[Ver lo mejor de 2013 | 2012 | 2011 | 2010 | 2009]

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El número, de Thomas Ott

Por Martín Cristal

La cifra de la locura

El-Numero-Thomas-Ott-Edicion-argentina“Un rostro, una palabra, una brújula, un aviso de cigarrillos, podrían enloquecer a una persona, si ésta no lograra olvidarlos”. Así dice el narrador borgeano del cuento “Deutsches Requiem”; esa frase prefigura y resume la idea argumental de otro famoso cuento de Borges, “El Zahir”. Pero, ¿y si ese objeto arbitrario que obsesiona y enloquece, en lugar de ser una moneda o un astrolabio persa, fuera simplemente un número? En tal caso desembocaremos en deschavetados como el Jim Carrey de El número 23, la película de Joel Schumacher, o el matemático maníaco de Pi, el orden del caos, la ópera prima de Darren Aronofsky. O, en la misma línea, en el protagonista de El número 73304-23-4153-6-96-8, o sólo El número, como también se conoce a esta historieta de Thomas Ott (Zurich, 1966), publicada originalmente en 2008 y ahora con flamante edición argentina.

En el arranque de la historia, un condenado a muerte es llevado a la silla eléctrica. Su ejecutor encuentra un papelito en la mano del cadáver: tiene escrita la secuencia numérica 73304-23-4153-6-96-8. Pronto una serie de coincidencias llevan a que el ejecutor se vaya convenciendo de que esos números se anticipan a la realidad… y, por ende, de que esas coincidencias no son meras casualidades, sino que vaticinan porvenires a corto plazo.

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Ott pone en marcha un relato determinista, que transita por los temas de la predestinación y el desbarrancamiento en la locura. Lo hace con el estilo que lo ha caracterizado desde los cuentos breves de Tales of Error (1989) o Greetings from Hellville (1995), pasando por obras un poco más complejas estructuralmente, como Cinema Panopticum (2005). Los rasgos más evidentes de ese estilo son tres:

Primero, la poca cantidad de cuadros por página: entre uno y cuatro, no más. Segundo, y mucho más determinante, el escaso o nulo uso de la palabra: en las historietas del suizo, los globitos de diálogo brillan por su ausencia (sólo unas pocas historias suyas se permiten viñetas con un epígrafe —un caption— que colabore en la narración). En El número, no hay epígrafes; si figuran caracteres es sólo porque forman parte del dibujo, como por ejemplo los titulares de un diario o el número que identifica a una casa. No hay diálogos ni onomatopeyas: nada de cracks ni booms ni bangs. (Cabe señalar que, aunque no tenga palabras, igual decimos que leemos una historieta. La historieta en sí es el lenguaje).

Dejo en tercer lugar el aspecto más importante del estilo de Ott. Es la expresividad de su dibujo, que en buena parte deviene de la técnica utilizada: el esgrafiado, o carte à gratter (“tarjeta de raspar”). Es aquel ejercicio que muchos descubrimos en el aula de plástica, durante la primaria: nos hacían tapar una hoja entera con tinta china, y luego dibujábamos con la punta de un compás, quitando la tinta (a veces, antes de entintar la hoja, la pintábamos con crayones de colores, para que al pasar el punzón más tarde no reapareciera la luz del papel sino la sorpresa multicolor del crayón). Ott no oscurece la blancura del papel con los trazos de un lápiz. Opera al revés: Ott libera la luz de la oscuridad, para así tramar degradés, establecer fronteras con contraluces y desarrollar atmósferas hechas de esquirlas luminosas en combate permanente con las sombras.

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El número, como otras historietas de Thomas Ott, parece una vieja película de cine mudo. Su aire de film noir kafkiano depende un poco de ese mood que Ott consigue con la iluminación (esa luz que, por ejemplo, viene a pintar los rostros desde abajo). El número —y Ott en general— tiende al relato circular y a la sorpresa argumental. Por más que desde la contratapa nos digan que ésta es “su primera novela gráfica”, lo cierto es que su estructura narrativa está más cerca del cuento que de la novela. Digamos en todo caso que El número es más extensa que otras historias del suizo, en las que siempre hay humor negro, un coqueteo constante con la muerte, desesperación de solitarios, reveses para los ambiciosos y la construcción lenta pero segura de un clima cargado de presagios y terrores.

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El número 73304-23-4153-6-96-8, de Thomas Ott. Historieta. Loco Rabia-2D Ediciones, 2014 [2008]. 140 páginas. Recomendamos este libro en “Ciudad X“, La Voz (Córdoba, 4 de diciembre de 2014).

Mil surcos: presentación en Río Cuarto, por Pablo Dema

Dema, Cristal y los librosFoto: Diego Vigna.

El viernes 21/11/14 presentamos Mil surcos en Río Cuarto,
conjuntamente con La canción de las máquinas, de Pablo Dema.
Agradezco a los editores de Recovecos y Caballo Negro por la iniciativa,
y a Pablo por las palabras con que presentó mi novela.

[…] Las historias que se cuentan focalizan en un personaje pero son más bien, como señalé, historias de familias disgregadas y reconstituidas. Por un lado, la diáspora, el exilio, el derrotero penoso del emigrado, la pérdida de los vínculos y la identidad amenazada; por otro, la recreación de lazos familiares y la refundación de proyectos de vida en Argentina, en la ciudad de Córdoba más precisamente. […] Mil surcos nos permite entender a nosotros la vida de estos personajes y funciona a su vez como un espejo: todas nuestras historias, si nos remontamos tres o cuatro generaciones, acaban siendo historias de guerras, de hambrunas, de emigrados, de desarraigo. Leía Mil surcos y me acordaba de Sebald (de Austerlitz), leía Mil surcos y me acordaba de Teresa Andruetto (de Pavese, de Stefano, de Lengua madre), de Tununa Mercado (Yo nunca te prometí la eternidad), de Sergio Chejfec (en particular de su Lenta biografía), pero leía Mil surcos y pensaba en mis abuelos, en mis bisabuelos, se me hacía patente el vacío que hay en torno a sus años en Europa durante la primera guerra mundial, las condiciones en las que emigraron, el periplo que acabó en la pampa húmeda. […]

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La canción de las máquinas, de Pablo Dema

Por Martín Cristal

Pablo-Dema-La-cancion-de-las-maquinasÉste es el texto que escribí para la presentación en Río Cuarto de La canción de las máquinas, de Pablo Dema (Recovecos, 2014). [A su vez, en esa misma oportunidad, Pablo se refirió a mi novela Mil surcos].

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A medida que el lector avanza en La canción de las máquinas —cuarto libro de cuentos de Pablo Dema (General Cabrera, 1979)— va confirmando que sus once relatos se afirman en una “unidad de lugar”. El escenario común de sus ficciones es la ciudad de Río Cuarto, por supuesto, pero más específicamente la plaza Mójica, como centro de su universo narrativo, y también como su modelo. Presa en su rotonda, la plaza es circular; el libro también propone un viaje circular si se leen sus relatos en el orden propuesto por el autor. Otra correspondencia: bajo la plaza, al menos en la ficción de Pablo (ignoro si es así en realidad), funciona un conjunto de pasadizos subterráneos que comunican con otras casas o zonas aledañas. Del mismo modo, los relatos de este libro también presentan “pasadizos” entre ellos. Esas conexiones pueden ser los ya mencionados escenarios comunes, pero también el hecho de que, por ejemplo, un personaje secundario de algún relato aparezca luego como protagonista de algún otro. Son pequeñas marcas que cohesionan al libro de cuentos, que lo armonizan como conjunto.

La distancia temporal necesaria para la buena escritura —ese poder de evocación fría que recomendaba Quiroga—, Dema la ejerce no sólo en descripciones minuciosas sino además en varios instantes de pausada reflexión que son la marca de estos relatos y que constituyen los puntos más altos del libro (en especial si discurren sobre la enseñanza y el aprendizaje, temas que Pablo conoce bien por su experiencia como docente). Uno de sus profesores-narradores dice: “Todo esto que voy recordando se llena de matices y adquiere definición ahora que lo examino con tranquilidad”.

Es una de las tantas observaciones certeras que aparecen en el autoexamen implacable que los personajes de este libro hacen de sí mismos. En todos los casos, la concisa profundidad de estas interpolaciones sorprende por el redescubrimiento de situaciones que nos son comunes a todos, pero que aquí son tratadas con una meticulosidad que arroja nueva luz sobre viejos temas. “Había encontrado un libro en el que las cosas aparecían por fin nítidas”, dice el narrador del cuento “Un pozo de luz”. La nitidez del pensamiento es un atributo de este libro.

Libro-de-dema

Paso a comentar algunos de los cuentos. El primero que leí, hace tiempo ya, se titula “Roque Santeiro”: salió en la revista online No-retornable, en un número que antologaba autores de Córdoba, donde Pablo y yo tuvimos el gusto de coincidir. En “Roque Santeiro”, dos hermanos visitan a su padre en la cárcel; el hermano que narra, dice lo siguiente: “La escuela, la clínica, la cárcel, siempre el mismo dolor de estómago cuando entro en esos lugares”. La equivalencia que establece esta enumeración comunica bien cómo es considerada en estas páginas la escuela (un escenario crucial en este libro). No es aquí el lugar edificante donde los jóvenes se entregan sin más a las potencialidades de un aprendizaje sano y seguro, deseado, sino un lugar que incluso es capaz de provocar dolor, un territorio donde los alumnos tienen que defenderse de la coerción institucional mediante el ejercicio pertinaz y consciente de la abulia.

Una de las preocupaciones recurrentes en este libro es la situación de los jóvenes, especialmente de los marginales, tanto en su relación con el sistema educativo como con la ciudad y la sociedad toda. La escritura, el dibujo o la música, si bien no son salidas para esa marginalidad, ofrecen —en el desahogo de sus expresiones— un paliativo, un instante de liberación. No mucho más: los narradores de Dema en este libro no logran sobreponerse a una desilusión vital que los acecha en cada esquina, sólo atinan a mitigar esa desilusión por la vía de comprenderla, de pensarla minuciosamente, en sus causas, en sus circunstancias. En “Roque Santeiro” —el cuento del que empezamos hablando—, el narrador escucha que “en la radio suena una canción en la que alguien dice que los caminos de la vida no son los que él pensaba ni los que él creía que eran”. Al leer ese pasaje recordamos de inmediato la voz de Vicentico, pero también pensamos, por ejemplo, en el personaje de Patricia Arquette en la reciente obra maestra de Richard Linklater, Boyhood, cuando se quiebra y confiesa la desilusión de haber creído, alguna vez, que en la vida habría “algo más”.

Aporto esta referencia externa de Boyhood desde el menú de mis recuerdos cinematográficos, pero La canción de las máquinas trae sus propias marcas cinéfilas. Esto es evidente en el título de otro cuento, “Mulholland Restaurant”, en clara referencia a la película de David Lynch, Mulholland Drive. Este cuento trepa desde una cita en un restaurante hasta una situación dramática muy atractiva: el reencuentro con alguien conocido pero en un ámbito distinto, lo cual motiva que se trastoquen los roles de autoridad. Este mecanismo reaparecerá en el último relato del libro, titulado “El pupilo” (lo comentaremos después).

La referencia a Lynch también funciona como aviso temprano para la plástica estructura narrativa que mostrarán ese último cuento y también otro llamado “Coma alcohólico”. Éste es el primero de los cuentos del libro cuya atmósfera podríamos llamar “rara”; opera mediante transiciones rápidas entre las escenas que lo componen, las cuales se articulan por una continuidad no siempre lógica, siguiendo más bien la dinámica del sueño o de la borrachera.

En el universo narrativo de Dema, la fatalidad y la inexorabilidad de la muerte se imponen a las eventuales alegrías que sus personajes puedan tener. A nadie se le escapa que, ante un instante de gozo, la muerte sólo tiene que sentarse a esperar que el tiempo pase. Cierta amargura recubre como una patina incluso los instantes más tiernos del libro. Sin embargo, en el cuento “La indómita luz” —titulado según un verso de “Rezo por vos”, esa canción preciosa que grabaron Spinetta y García, y de la que en este libro se hace una interpretación impecable—, cuando acontece, en dicho relato, una tragedia que ya es inmodificable, surge el mensaje que pudo prevenirla en su momento, y ese mensaje era defender la vida. La muerte campea en La canción de las máquinas, sí, pero el pesimismo natural del libro es confrontado por Dema en este cuento. Que la vida vale la pena, en especial la de los jóvenes, es algo que a ellos sí está dispuesto a decirles, lo crea verdad o lo crea mentira, y más allá de que en este cuento el narrador llegue tarde para hacerlo.

Dos cuentos, “El desengaño” y “La Madre Soltera”, exploran abiertamente cuestiones “de clase” (no de clase en el aula, sino de clase social). En el primero aparece una vergüenza de clase que desencadena una especie de complejo de inferioridad, aunque finalmente brindará herramientas para emanciparse del mandato familiar. En “La Madre Soltera” seguimos el drama de una mujer condenada a la soledad, el agotamiento y la alienación. Ella y los demás personajes del cuento se nos presentan como arquetipos. La ambigüedad en el manejo del tiempo y el espacio es magistral; es, en cuanto a su forma, el cuento más redondo del libro, uno que puede ser leído prescindiendo de la red de conexiones que agrupa a los demás. Por esto mismo no me sorprendería verlo extractado en alguna antología, más adelante.

Si hasta este cuento, que es el anteúltimo, el libro puede leerse de un tirón, les recomiendo hacer una pausa antes de acometer la lectura del último cuento, “El pupilo”. No sólo porque es notoriamente más largo que el resto, lo que quizás requiera que uno tome cierto envión antes de empezarlo, sino porque este relato final es una caja de sorpresas hecha de veloces transiciones entre ámbitos disímiles, un poco como si se comprimieran muchos cuentos dentro de uno. En “El pupilo”, el libro se permite ensanchar el abanico de estrategias narrativas que venía mostrando. Aquí Dema puede pasar de un futurismo satírico a la parodia borgeana (agregándole en ambos casos una cuota de humor al libro).

También puede bucear en un onirismo casi religioso —el combate contra un ángel, que recuerda al episodio bíblico de Jacob en la escalera—, y de ahí mudarse al realismo más puro y duro, de vuelta en el ámbito educativo y reencontrando todos los leitmotiv del libro: la unidad de lugar, cierta angustia vital, la observación del adolescente como sujeto o víctima de la violencia, el aula como mirador de la cuestión social y la sorpresa de un alumno reencontrado en un contexto nuevo, que otra vez trastoca las jerarquías. El “pupilo” del cuento puede ser lógicamente el alumno, pero también el maestro, si se entiende que el verdadero aprendizaje es para él (que hasta se vuelve pupilo de boxeo en su poético sueño de lucha contra el ángel).

Para cerrar este esbozo, completo la rotonda y vuelvo al primer cuento, que es el que da título al libro, “La canción de las máquinas”. Acerca de la plaza Mójica cuando se la mira con el Google Earth, en ese cuento se dice lo siguiente:

“Desde arriba se veía como un disco gris con manchones verdes y marrones; pero ahora, desde acá abajo, en la plaza misma, todo se multiplica y adquiere nitidez, mejor dicho, nos damos cuenta de todo lo que se borra a la distancia y de lo engañosos que son los planos generales del mundo”.

Esa distancia que media entre una plaza que recorremos caminando sin prisa y la representación de esa misma plaza en los mapas satelitales, es la misma distancia que media entre la lectura morosa de un libro y su presentación en reuniones como ésta. Queda en ustedes, entonces, acercarse al libro y recorrer sus cuentos como quien pasea por una plaza y elige demorarse bajo la copa de aquellos árboles que lo atraen por su aire distinto, por su sombra o por sus pájaros. Bajo la frondosidad de su prosa podrán sentarse a pensar en todos los temas que proponen las historias que cuenta Pablo Dema.

Dos hermanos, de Milton Hatoum

Por Martín Cristal

Verdad tropical

Milton-Hatoum-Dos-hermanos-Beatriz-Viterbo-Editora-OKMilton Hatoum (Brasil, 1952) es descendiente de libaneses y forma parte de la legión de escritores que encuentran en la familia —en el relato o novela familiar— una usina para generar ficciones con base en aquello que mejor se conoce: un entorno íntimo, que sin embargo puede externarse si se lo transfigura, se lo recorta y se lo revisita de manera personal (léase “original”, si es que —como yo— se acepta una aproximación en ambos términos).

El ojo de ese huracán pequeño que es toda familia se vuelve eje del huracán mayor de la Historia, girando y despárramandose en todas direcciones sobre una geografía concreta: en el caso de Hatoum, la de su Manaos natal.

En su novela Dos hermanos, la fuerza centrífuga para ese movimiento es la potencia expresiva de una prosa con un decir caudaloso como río amazónico. En la corriente de su sintaxis amable flota un léxico de selva y de trópico que nos acerca a un verosímil exhuberante de peces y frutos, de igarapés y palafitos, de plantas con nombres sonoros. Nos habla de una ciudad cambiante, víctima de su propio progreso; de un país cambiante, víctima de la ambición de políticos y militares; y de familias decadentes, con taras que nunca cambian, familias que por ende se vuelven víctimas de sí mismas: alcanzan un grado máximo de amor en un fugaz instante de estabilidad, para luego asistir a un desmoronamiento de años cuyo único vestigio termina siendo una casa venida abajo.

En Cosmos, Carl Sagan utilizaba el ejemplo hipotético de dos gemelos con vidas y destinos diferentes para así desestimar la superchería de los horóscopos. Los dos hermanos del título en la novela de Hatoum son los gemelos Yaqub y Omar, y no podrían tener temperamentos más distintos. El primero es apolíneo: tímido, calculador, rencoroso, reservado, frío. Un cubo de hielo. El segundo es dionisíaco: bebedor y mujeriego, impulsivo, violento y extrovertido, ardiente. Puro fuego consumiéndose a sí mismo.

También los distingue la cicatriz de una herida que el segundo le hizo tempranamente al primero. Esa trinchera los separará para siempre, y se irá ahondando con los años en todos los frentes: el amor, los negocios, la política. El enfrentamiento de estos hermanos es presionado por el amor de Zana, una madraza a lo Pink Floyd, tan excesiva como asfixiante en el celo de sus hijos; es evitado (inútilmente) por el amor de Halim, el padre, amor que no es tanto para ellos como para Zana; y perseguido sin remedio por el amor de la hermana, Rânia, con su deseo que colinda con el incesto. En suma: demasiado amor para una sola casa. Lo dulce termina pudriéndose, el cariño enfermándose, y el rencor ocupa todos los espacios a medida que la muerte los va vaciando.

Milton Hatoum. Foto de Adriana Vichi, 2008

La dosificación que el autor hace de la historia es ejemplar. Sin mezquinar detalles, siempre queda algo pendiente, algo por decir o por contar. Hatoum no se apresura en revelar cosas que un escritor novato siempre querría contarnos en la primera página, como por ejemplo cuál es la identidad del narrador… porque hay más personajes viviendo en esa casa que “fue vendida con todos los recuerdos / todos los muebles todas las pesadillas…” (así lo recita Carlos Drummond de Andrade en el epígrafe inicial).

¿Suena a García Marquez? Un poco, tal vez, pero dejando fuera de la ecuación la parte “mágica” con la que el colombiano calificaba a su “realismo”. ¿Suena a telenovela brasileña de las cuatro de la tarde? No tanto, porque Dos hermanos evita el estereotipo for export de un Brasil “típicamente brasileño”: aquí la familia retratada es de origen libanés, lo cual no resulta un mero condimento, sino una mixtura profunda que particulariza al relato y lo aleja de esas coordenadas previsibles para nosotros. Sin embargo, lo sabemos, todo lo bueno es alcanzado por los tentáculos de la TV: ya existe un proyecto de miniserie en ocho episodios que Rede Globo produciría para 2015. Otra razón para disfrutar de la riqueza de esta novela antes de que Virginia Lago venga a explicárnosla cada tarde como si fuéramos subnormales (tanto nosotros como ella).

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Dos hermanos, de Milton Hatoum. Novela. Beatriz Viterbo Editora, 2007 [2000]. 288 páginas. Recomendamos este libro en “Ciudad X”, La Voz (Córdoba, 6 de noviembre de 2014).

Cuestionario para escritores en Horas robadas a la noche

gr-27-7-2009-15503147Horas robadas a la noche es un blog hecho desde la ciudad de Rosario. Reúne reflexiones en torno a los lugares y las metodologías de trabajo de escritores argentinos, en un intento de aproximación al mundo —público y privado— de su oficio. El cuestionario incluye preguntas sobre el lugar y el momento para escribir, la relación con la biblioteca y la inspiración, los libros infaltables, los autores sobrevalorados e infravalorados, la escritura y los estados alterados de la conciencia…

Mis respuestas pueden leerse aquí

La selección de autores es ecléctica y muy amplia: ya hay más de cien escritores en su blogroll.

Mil surcos: hoy, en Río Cuarto

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Dema-Cristal-2014
Presentación doble en Río Cuarto:
Mil surcos de un servidor + La canción de las máquinas
de Pablo Dema (cuentos, Ed. Recovecos, 2014). 21 horas en
La Tintorería Japonesa, Constitución 947, Río Cuarto.

Mil surcos: presentación en Córdoba, por Adrián Savino

Adrian-Savino-Martin-Cristal-Mil-SurcosFoto: Alejandra Baldovin.

El martes pasado presentamos Mil surcos en Córdoba. Agradezco a todas las
personas (más de un centenar) que se acercaron al MUMU para la ocasión.
También, muy especialmente, al DJ Jerónimo Saer por su música y generosidad,
y a Adrián Savino, por su impecable presentación del libro.

[…]Esta novela asume la memoria familiar como lo que ésta, en el fondo, nunca ha dejado de ser: una ficción doméstica para consumo de abuelos, padres, hijos, primos, etc. Imprecisa, contradictoria, sesgada, y lo que es peor, en absoluto consciente de su naturaleza ficticia. En este libro, en cambio, y pese a su origen familiar, la ficción se asume sin vueltas como tal: ficción propiamente dicha, y satisfecha de serlo. Nada que ver con esos sucedáneos poco confiables a los que llamamos no ficción o memorias, esos relatos que dos por tres nos quieren vender como “lo verdadero” o “la vida real”.

El lugar desde el que Martín elige novelar la memoria familiar, es uno en el que las historias (con minúsculas) entran en turbulento contacto con la Historia (la de las mayúsculas). Pero este vínculo no responde aquí a una fórmula genérica, ni a ningún otro molde por el estilo. En Mil surcos la Historia no es un mero telón de fondo para escenas trilladas y rutinarias, sino que ambas, las historias y la Historia, aportan ambas en partes iguales con la imaginación novelística, para operar las tres juntas sin otras reglas que las que define, se impone y propone, un autor. […]

Leer el texto completo

Mil surcos: adelanto del capítulo 1

mil-surcos-libro
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Aquí se puede leer un adelanto
del primer capítulo de mi nueva novela,
Mil surcos (Caballo Negro Editora, 2014):

Leer el primer capítulo

La presentación será el próximo
martes 18 de noviembre, a las 19 horas,
en en el Espacio Cultural MUMU (Museo
de las Mujeres: Rivera Indarte 55, Córdoba,
Argentina). En la mesa estará conmigo Adrián Savino. Nos vemos ahí.

Mil surcos: nota y reseña en Ciudad X

Mil-Surcos-Ciudad-X-13-NOV-2014

En el suplemento “Ciudad X” de La Voz del Interior,
ayer le concedieron un generoso espacio a mi nueva novela,
Mil surcos, la cual se presenta el martes que viene.

José Playo escribió una nota muy completa basada en
una entrevista que tuvimos en un bar del centro:

“Dentro del plan de escritura trazado, que por las características parece blindado e inflexible, Cristal goza de la libertad más absoluta, la de la exploración de la propia historia personal. ¶ El fin ulterior es entender, entenderse y, en apariencia, poner toda la inventiva y la imaginación a transitar por un solo carril hasta la salida…” […]

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Y Demian Orosz escribió una nítida reseña del libro,
enmarcándolo en el proyecto de la tetralogía:

Mil surcos se lee perfectamente como una novela autónoma (hay una continuidad argumental muy leve con Las ostras y se reencuentran algunos personajes), para lo cual colaboran sin duda los momentos de escritura tersa, perfecta. La sutileza en la descripción de algunas situaciones (la estrella amarilla y el triángulo rosa se aproximan en una escena conmovedora) y la potencia del relato cuando la novela sale de la introspección y cava surcos en la acción confirman a Cristal como un narrador sólido, dueño de sus herramientas, y que además tiene la amabilidad de no deleitarse con la propia voz y evitar los tics generacionales de tanto escritor condenado a la adolescencia perpetua. ¶ Mil surcos abre un abanico de universos habitados por seres arrastrados por algo más fuerte que ellos y sus decisiones, y va dosificando una trama de huidas, de escapes hacia algo que a duras penas, en medio de cataclismos subjetivos, puede imaginarse mejor. […]

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Apuntes incompletos para una Tetralogía elemental

Por Martín Cristal

Con Las ostras (2012) empecé una tetralogía, cuya segunda entrega es Mil surcos (2014).* Ambas novelas pueden leerse en forma independiente y en cualquier orden. Aquí van algunos apuntes formales sobre este proyecto narrativo.

Mi propósito es escribir cuatro novelas que a la larga puedan funcionar como una especie de edificio ¿piramidal? que presida el paisaje donde se han ido y se irán instalando mis otros libros: construcciones más o menos cercanas o con caminos más o menos interconectados según cada caso. La tetralogía puede quedar como un proyecto independiente y cerrado, o bien volverse un núcleo permeable para todo lo demás. Esto sin privarme de intercalar esporádicamente, por gusto o divertimento, otros libros que resulten totalmente ajenos a su tetraedro.

En cuanto a la forma del proyecto en sí —y siempre en el plano del deseo—, cada una de estas novelas intentará conectar su poética con uno de los cuatro elementos clásicosLas ostras fue la novela “de agua”; Mil surcos es la novela “de tierra”; las próximas serán las “de aire” y “de fuego”—. Buscarán abarcar al menos cuatro generaciones de personajes (padres, abuelos, hijos y nietos). El tiempo de lo narrado intentará ser plástico y no correlativo en todas ellas, aunque en general también se corresponderá con otra figura cuaternaria: primero, un relato que surge de la vida madura (historias de paternidad, en el presente pero con el eco de un “pasado reciente”); otro de la vejez (el “pasado mítico” o lejano, expresado en las historias de inmigración); otro de la juventud (el “presente eterno”) y otro de la infancia (el “futuro incierto”). Algo así:

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[Ampliar el gráfico]

Las cuatro novelas tendrán estructuras abiertas y títulos cortos (todavía no sé el título para el conjunto). Compartirán algunos personajes, pero su continuidad no estará dada en la forma de una “saga” (definida por la ilación argumental), sino en el sentido más abierto de las relaciones estéticas y formales que, como intento explicar aquí, puedan establecerse entre los cuatro textos.

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* La presentación de Mil surcos será el 18/11/14, a las 19 hs., en el MUMU (Córdoba, Arg.).

Mil surcos, nueva novela

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martin-cristal-mil-surcos

Contentísimo: después de mucho trabajo,
Caballo Negro Editora publica Mil surcos.

Esta nueva novela obtuvo una mención del
Fondo Nacional de las Artes 2013. Integra la tetralogía novelística
que inicié con Las ostras (sin ser una continuación o una saga:
ambos libros pueden leerse en forma independiente).

La presentación será el día
martes 18 de noviembre, a las 19 hs.,

en el Espacio Cultural MUMU
(Rivera Indarte 55, Córdoba, Argentina).

Adrián Savino dirá unas breves palabras.
¿Nos vemos ahí?